Aquí vivió. Historia de un desahucio

La memoria vulnerable de los lugares que habitamos

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Edición original:.
Edición nacional/ España:.
Guión: Isaac Rosa
Dibujo: Cristina Bueno
Formato: Rústica, 256 págs.
Precio: 20€

 

Golpes en la puerta que retumban y el sonido insistente del timbre. Por la mirilla, asoman un grupo de hombres: un agente judicial, un cerrajero y un número indeterminado de policías. Se abre la puerta y se escucha “Buenos días. Vamos a proceder al lanzamiento, tal y como le fue notificado mediante citación…”. Y la vida cambia.

Así empieza Aquí vivió. Historia de un desahucio (2016) de Isaac Rosa y Cristina Bueno. Al guión Rosa, periodista y escritor en eldiario.es, La Marea y Orgullo y Satisfacción y de diferentes novelas como El vano ayer (2004), El país del miedo (2008) o La mano invisible (2011), entre otras, nos propone una inmersión en los procesos de lanzamiento o desahucios que asolan el Estado. Y lo hace de la mano de la ilustradora Cristina Bueno, que en 2012 se estrenara con el proyecto autobiográfico Sortres sobre un accidente de tráfico y, ese mismo año, publicara Ausencias (Astiberri) en colaboración con Ramón Rodríguez. Ya en 2015, en una agradable vuelta de tuerca presentó junto a Raquel Franco la simpática historia sobre la amistad y la soledad de unas abuelas atracadoras en Las abuelas dan el golpe (Planeta).

Aquí vivió se centra en la historia de la adolescente Alicia y de su madre, cuando acaban de dejar su casa de clase media y se instalan en un nuevo piso. Al encontrar un diario manuscrito de una niña que vivía en ese mismo piso, se entablará un diálogo entre ambas historias y llevará a Alicia a una búsqueda en la que acabará por descubrir el compromiso y la solidaridad con los otros. La novela gráfica de Rosa y Bueno trata de registrar la destrucción de las clases medias que las cíclicas crisis del sistema neoliberal necesita, pero también los nuevos escenarios de lucha ciudadana que impugnan ese relato y se enfrentan a las ejecuciones forzosas de los desahucios durante esta crisis, en muchos casos producidos por la lógica perversa de la burbuja inmobiliaria diseñada por los sucesivos gobiernos. “A nadie le gusta vivir con huellas de quienes vivieron antes” nos dice la madre. Los espacios salvaguardan esos retazos de vidas cercanas o distantes. La usurpación del espacio a habitar es la frontera última de la desposesión. Rosa y Bueno cuestionan nuestra mirada, nuestros lugares, nuestras zonas de confort, mientras que pone en entredicho el relato del éxito asociado a las expectativas de la clase media desde largo tiempo inserto en el imaginario simbólico nacional. “No queremos una España de proletarios sino de propietarios” sostenía un ministro de vivienda franquista.

Los espectros del pasado nos asedian. La entrada en ese nuevo piso supone un profundo cambio en la vida de Alicia y le hace descubrir progresivamente los rastros del pasado, de los habitantes anteriores afectados por un desahucio. Las habitaciones tienen algo de espectral, parecen preservar las experiencias concretas del pasado en un halo de indeterminación temporal. La aparición de Carmen, como si fuera un fantasma, en medio de la noche alterará la vida de la madre y la hija. Gracias a esta señora, Alicia descubrirá que el diario pertenece a su nieta Ali, que se llama como la protagonista. El diario manuscrito resulta ser una copia literal del Diario de Ana Frank con el que se conectan las historias de ambas Alicias. El planteamiento especular de la protagonista es triple, Alicia, Ali y, como otro espectro, Ana Frank esencializan la desposesión y proyectan una mirada múltiple en el que los recuerdos de una y las experiencias concretas de la casa van solapando la visión del Alicia y del lector.

Aquí vivió trasciende la poética de la nostalgia del espacio doméstico de La Casa de Paco Roca, La casa, crónica de una conquista de Daniel Torres o incluso Aquí de Richard McGuire, para acercarse al proceso mismo de la expulsión de dicho espacio. Y lo realiza no desde la perspectiva del drama de la familia desahuciada, sino que su acercamiento deliberadamente ficcional se ciñe al rastro dejado desde la perspectiva de la familia que llega. No asoma una espacialidad marcada por la añoranza de un recuerdo familiar o la historia de una habitación concreta, sino desde la reverberación de las presencias pasadas que unen como un tenue hilo a las familias desposeídas. Y ese hilo, esa red que crece, se llama la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ese movimiento ciudadano. La importancia del relato radica precisamente en ver cómo va asumiendo Alicia, y el lector, su posición sobre los hechos narrados, cómo se transforma la problemática individual de Ali primero, después de Alicia, y se convierte en una problemática colectiva con el discurrir de páginas en la que “la gente se empodera. Sabes lo que significa. ¿Verdad? Convierten su problema particular en lucha colectiva”.

Tengo que confesarlo: al tener este cómic entre las manos me daba pereza leerlo. Tenía algo de infantil el dibujo (en contraste con nuestra de-formación marvelita de los cuerpos) y temía lo que pudiera tener de operación de márketing editorial. Las primeras páginas me resultaron pausadas y su luminosidad me invitaba al tedio, sin embargo el ritmo narrativo y de lectura se fueron acompasando y la sencillez aparente del relato se abrió a una mayor complejidad. Y entonces mi mirada se formateó. El verde predominante del libro reciclaba el color utilizado por la PAH, a través de esa misma luminosidad que suaviza la violencia de las situaciones vividas y refuerza un tono amable y claro. Esta tonalidad verdácea no sólo sirve para remarcar el compromiso del libro, sino que Cristina Bueno utiliza el juego de transpariencias entre el trazo ligero del pasado y los grises del presente, para reforzar el carácter espectral de las experiencias que pugnan contra el olvido. La función última del relato es generar cierto extrañamiento de la mirada, que nos trastoque, o como sostiene Rosa, que los lectores empaticen con los personajes, con el objetivo de que “dentro de unos años nos acordemos de lo que pasó y nos preguntemos qué ocurrió en nuestro barrio, en nuestro edificio, qué fue de los desahuciados”. Se trata en definitiva de convivir con los espectros, “construir memoria, el ‘aquí vivió’”.

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vive en Philadelphia donde regularmente se pierde por la Universidad de Pennsylvania. Acostumbra a rezarle a Borges, Virginia Woolf y Alan Moore todas las noches. Procura restringir todo escarceo mental a eso que algunos llaman artefactos culturales. Su interacción con el mundo de la historieta empezó a los cuatro años coloreando a brochazo limpio un reaccionario "Tintín en el país de los soviets" de su hermano. Ha publicado sobre literatura un buen puñado de artículos muy aburridos. Sigue pensando que era feliz cuando no tenía teléfono. Suele llegar tarde, con una sonrisa y bisbiseando historias sobre ese “campo de batalla constante” que es la cultura.

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2 Comentarios en "Aquí vivió. Historia de un desahucio"

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Japacore

Un cómic que me llegó, que hay que leer despacio y que tiene varias lecturas.
Un cómic que, esperemos, sirva el día de mañana sólo para recordar aquellos malos años.

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