Alégrame el día, Harry

Harry Potter and the Half-Blood Prince
(EE.UU/Reino Unido, 2008)
Intérpretes: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Alan Rickman (Severus Snape), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange)
Director: David Yates
Duración: 153 minutos
Sinopsis: Harry Potter regresa a Hogwarts para un nuevo curso de su aprendizaje mágico, acompañado por sus amigos Ron y Hermione. El despertar de los sentimientos amorosos será el más inocuo de sus problemas cuando se trata de bucear en el pasado del maligno Lord Voldemort, sobre el que el nuevo profesor Horace Slughorn parece tener la clave. ¿Y quién es el Príncipe Mestizo cuyo libro de pociones ha encontrado Harry?
Calificación: 6,5/10

La gran virtud de Harry Potter es haber sabido combinar varios géneros en un mismo crisol: una fantasía blanda, ese costumbrismo británico a la Roald Dahl, la lectura juvenil de aventuras estilo Los Cinco y los relatos de internado como Torres de Malory (que, a pesar de ser “para chicas”, me tragué en mi preadolescencia). La ambientación británica le da un toque simpático del que carece el habitual subproducto protagonizado por repelentes y repeinados niños gringos (con honrosas excepciones). Vaya, que mis recuerdos de infancia de Enid Blyton, El paquete parlante y alguna cosilla más me conectaron con el film, a pesar de no tener mucha idea de qué onda con el tal Voldemort y sus desmadres.

Quizás es una de las pegas que se le pueden achacar a esta superproducción destinada a sacar millones de la mercadotecnia: que, o te has visto las anteriores, o te has leído el libro, o ya puedes echarle imaginación. El mundo fílmico potteriano resulta solipsista en extremo para el profano y es principalmente un triturado a cámara rápida de las novelas; destila una fuerte continuidad, más propia de una serie que de una película. Se me hace que otras adaptaciones de famosos tochos, como El Señor de los Anillos, aguantaban bastante más el tipo a la hora de presentar una historia comprensible al espectador casual.

Comentario

Quien mucho abarca…

Aunque a priori el esquema suena y es muy sencillo (vuelta a la escuela con nuevo profesor y libro misterioso, trabajo detectivesco, aventura para recuperar un objeto y clímax con la muerte de un personaje principal), entremezclado con líos amorosos y otras zarandajas resulta no confuso pero sí un poco serpenteante e inconexo, quizás por querer abarcar demasiado, lo que resulta, a tenor del grosor de la novela, como querer vaciar el océano con una taza.

Repito que partía con desventaja al sentarme en la butaca, pero honestamente me pareció un recorrido medio falto de punch, lo que no quiere decir que me resultara desagradable o aburrido. Eché de menos un poquito de acción y que ésta llegara más temprano; y un poco de sangre en las venas del aburridísimo Potter. Daniel Radcliffe no es mal actor, tiene buena dicción y transmite muy bien el que bajo esa pinta de almendrado de su famoso mago no hay un simplón, pero se nota que está deseando como agua de mayo quitarse de encima las gafas para dedicarse a proyectos más arriesgados.

Y el guión no es que lo aproveche mucho: lo pasea de aquí para allá, más reactivo que proactivo, sin dejar muy claros algunos porqués y para qués. Muchas de sus decisiones suenan a cuando, en una partida de rol, el master ve a sus jugadores desesperados o aburridos y les ofrece la victoria casi gratuitamente, los lleva de la manita, sin tensión, Deus ex machina mediante. Claramente, no hay tiempo para todo y se tenía que haber recortado un poco más el mamotreto a la hora de adaptarlo. Como pasa siempre.

Comentario

“¡Corred, insensatos!”

Dumbledore, especialmente tras el cambio de actor, me recuerda demasiado a Gandalf -con escena a lo Moria incluida-, el niño Voldemort tiene un aire a Damien que tira de espaldas y, mi gran esperanza, el maleducado y pérfido rubito Draco Malfoy en quien confiaba para partirle las gafas al sosainas de Potter, resulta ser un peón inmaduro y quebradizo, más emo que otra cosa. Por lo menos le da una buena patada en la cara. Siempre resulta agradable, no obstante, ver a Alan Rickman (que con su Severus Snape se encuentra “al otro lado” de su momentazo en La jungla de cristal… ‘nuff said) y a Helena Bonham Carter, ésta haciendo de malvada chiflada y salvaje con un momento de destrucción en el salón de Hogwarts muy destacable, muy Malkavian if you know what I mean.

Por muy comercial que sea el proyecto, siempre espero que al menos haya un esfuerzo por contar una historia: no me resigno a que un film fantástico, o de superhéroes, tenga que ser flojo porque la mayoría sean así, no bajo el listón, no acepto que sea un género menor con tantos y tan buenos ejemplos escritos y filmados. Y Potter, aunque más sólido y bastante menos insultante a la inteligencia –a pesar de que dicen que es para niños- que la mayoría de lo que sale con tinte fantasiosos de esa factoría de sueños ( y pesadillas) llamada Hollywood, se me queda a medio camino, un poco demasiado “half”.

Comentario

Doy gracias a que confíe más en pequeños papeles de consagrados actores europeos, que buscan más un chispazo de diversión pura en sus carreras que el cheque, que en la sobredosis de pseudolujo barato, explosiones, canciones de moda y escotes asesinos. Pero lamento que, por esa tendencia que hay de presentar arquetipos con los que identificarnos instantáneamente –en lugar de esos perfiles bizarros o particulares con los que, al final descubrimos que compartimos algo- se trata de transformar a un personaje extraordinario en uno más convencional, como el Wolverine en solitario. Pero, repito, no conozco al personaje y es sólo una impresión. Me quedo con un rato entretenido, sin más. Aunque algo se me ha despertado la curiosidad…