La Cosa del Pantano: Terror y lirismo

 

Edición original: ene. 1984/sep. 1987; DC Comics.
Edición España: I Zinco; II Norma; III Planeta DeAgostini (mensual); IV Planeta DeAgostini (dic. 2010).
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Stephen R. Bissette, Rick Veitch.
Entintado: John Totleben, Alfredo Alcala.
Portadas: Stephen R. Bissette, John Totleben, Thomas Yeates.
Color: Tatjana Wood.
Rotulista: John Costanza, Todd Klein.
Precio: Mensual: 3,5 € (prestigios, 48 págs.); 13,95 € (tomos rústica). Integral: 35 € (Cartoné, 464 págs.)

 
Historia editorial

En el verano de 1971, la cabecera House of Secrets vio nacer un personaje que estaba destinado a convertirse en símbolo y leyenda de una nueva forma de hacer cómics: La Cosa del Pantano en la que se había convertido ficcionalmente Alex Olsen. El éxito fue tal que, bajo la pluma de Len Wein y el lápiz de Berni Wrightson, el monstruo conoció en el otoño de 1972 una serie regular propia –bautizada Swamp Thing, a secas– que con un recorrido de 24 números siguió las aventuras de un ente similar nacido de las cenizas de Alec Holland, si bien a partir del #14 serían David Michelinie y Gerry Conway los encargados de llevar a buen puerto el proyecto con dibujantes como Nestor Redondo (a partir del #11) o Fred Carillo (#24).

Y todo habría quedado ahí de no ser por una película de Wes Craven estrenada en julio de 1982 que adaptaba la obra de Wein y Wrightson. La cinta, un subproducto de serie B tan curioso como prescindible con Ray Wise (el de Twin Peaks y Robocop) como Holland en su versión humana y Louis Jourdan haciendo de villano (antagonista de James Bond en Octopussy por esas mismas fechas), fue un horror para la crítica y tuvo una irregular acogida entre el público, pero sirvió para que en DC se decidieran a relanzar al personaje de cara a la promoción. Así, en mayo de 1982 se publicaba la primera entrega de una nueva cabecera titulada The Saga of the Swamp Thing, escrita por Martin Pasko.

Pasko optó por devolver al personaje parte de su esencia original, eliminando muchos de los puntos que Michelinie y Conway habían introducido hacia el final de la anterior etapa. De hecho, en el número #6 de la nueva cabecera el mismísimo Len Wein se ocupó de borrar –verbalmente– de la continuidad cualquier evento sucedido a partir del Swamp Thing #21, incluyendo multitud de crossovers, la recuperación de la humanidad por parte de Holland o la aparición del hermano del protagonista, Edward.

Pero lo realmente importante de la etapa de Pasko fue que, pese a tener a Tom Yeates a los lápices en la mayor parte de los números, recomendó hacia el final a Stephen R. Bissette y John Totleben para sustituirlo. Con estos cambios todo quedó listo para que, tras la marcha del guionista en el número #19, llegara un poco conocido escritor británico para completar el trío de autores que elevarían a Swampy –como se le conoce cariñosamente– a la estratosfera de calidad. ¿Su nombre? Su nombre por supuesto era Alan Moore.


Portada de The Saga of
the Swamp Thing #20 USA

Con una libertad creativa insospechada debido a que el título iba a ser cancelado por bajas ventas –“éste es el país del haz lo que quieras”, debieron de decirle– el británico consiguió no sólo revitalizar las mismas, sino marcar el camino de toda la producción de cómic adulto de los ochenta y los noventa. Eso sí, editorialmente hablando el período con Moore a los guiones fue un auténtico caos: a partir del #31 USA la cabecera seguía siendo The Saga of the Swamp Thing, pero el título de los cómics rezaba Swamp Thing a secas; a su vez a partir del #39 USA, la cabecera pasó a llamarse sólo Swamp Thing, pero los números #43-45 USA volvían a tener el otro logotipo. Si a eso sumamos los anuales, una legión de artistas invitados y los cambios en el equipo creativo (Alfredo Alcala o Ron Randall como entintadores, Rick Veitch como dibujante, Totleben de artista completo o Bissette escribiendo el guión del #59 USA) tendremos tal desbarajuste que sería imposible resumirlo o intentar ponerle orden. Podéis ver todos los cambios aquí.

En todo caso, en septiembre de 1987 Alan Moore –quien llegó a decir que colección era un trabajo experimental en el que por primera vez tenía para jugar un cómic de 24 páginas a color– dejó de guionizar la serie en el número #64 USA, a partir del cual todo fue de mal en peor. Rick Veitch –dibujante regular de La Cosa del Pantano por aquel entonces– tomó el relevo de una forma más o menos hábil, pero su número #88 no fue aprobado por DC Comics debido a que introducía a Jesucristo como personaje; un elemento un tanto conflictivo como se había demostrado con La última tentación de Cristo. El caso es que Veitch, airado, renunció a su puesto y los guionistas pensados para sustituirle –Jamie Delano o Neil Gaiman, ahí es nada– se solidarizaron con él y tampoco aceptaron el puesto, si bien Gaiman consentiría en escribir un número de enlace mientras se deshacía el entuerto.

De una u otra manera, nadie pudo o supo rescatar la esencia de Moore; y eso que el plantel de escritores que vinieron después es de aúpa: Doug Wheeler, Nancy A. Collins, Grant Morrison, Mark Millar, Brian K. Vaughan (en el tercer volumen editorial), Andy Diggle, Will Pfeifer o Joshua Dysart (estos tres últimos en el cuarto volumen de la serie, que empezó en 2004). Pero todo dio igual: la mejor forma de leer La Cosa del Pantano fue y sigue siendo averiguar sucintamente el origen del personaje y después hacerse con la etapa de Alan Moore, bastante autoconclusiva por otra parte. Tan es así que es la única –junto a la de Veitch– sobre la que actualmente se hacen recopilatorios.


Fotograma de la película de Wes Craven

Y de la misma forma que una película de serie B consiguió devolver el personaje a la vida en el cómic, ese mismo cómic renacido se enraizó en la cultura popular a través de una miríada de medios: una especie de secuela de la película original en el 89 protagonizada por Jourdan y Heather Locklear –de título The Return of the Swamp Thing–, una serie de TV de tres temporadas (1990-93), una serie de animación, muñecos, videojuegos o cameos en otras series de dibujos animados. Incluso en un cómic de Los Simpson se parodia la historia original del monstruo. Además, recientemente el productor y guionista Akiva Goldsman ha indicado que el personaje podría conocer una nueva adaptación cinematográfica más acorde al tono que le imprimió Moore.

Respecto a la edición en nuestro país, Swampy ha conocido muchas: con Zinco, con Norma Editorial (en riguroso blanco y negro) y, desde que obtuvieron los derechos, con Planeta DeAgostini. En este asunto cabe destacar que la edición de Norma potenciaba enormemente la calidad del dibujo y el entintado suprimiendo un color un tanto anodino, si bien no recogía el primer número de Moore en la serie y –por más mejora que introdujese– no respetaba el espíritu original. No obstante, todo hay que decirlo, la propia Vertigo en septiembre de 1996 fue la que comenzó editándolo de esta forma en USA bajo la cabecera Essential Vertigo: Swamp Thing.

En todo caso, la única edición que estuvo disponible durante mucho tiempo en nuestro país fue la primera de Planeta DeAgostini, en color y muy cuidada –y sí, incluyendo el #20 USA, primer numero del inglés–. La única pega, claro está, es que debido a la política inicial de editarlo casi todo en formato quiosco, la colección se reparte entre 13 prestigios de dos números cada uno (excepto el primero) y 3 tomos de varios números USA que siguen la numeración establecida en la colección.


Portada del número #1
en la edición de Planeta DeAgostini

Todo esto va a cambiar en diciembre de 2010, con la llegada del primero de los integrales que recopilarán toda La Cosa del Pantano de Moore para uso y disfrute del aficionado y del público generalista. ¿Será la edición definitiva? Ya lo veremos…

Argumento

Alec Holland murió víctima de sabotaje industrial en un pantano de Louisiana mientras investigaba una formula biorregenerativa basada en la flora de la zona. Contaminado por su propia creación, el científico surgió de un mar de llamas sólo para encontrar la muerte carbonizado y asimilado por el ecosistema del lugar. Pero algo alteró este final que, en realidad, es sólo el principio de la historia: la fórmula en la que el investigador trabajaba afectó a las plantas que descomponían su inerte materia orgánica, provocando que estos vegetales se organizasen como un ente con conciencia propia que creyó, en un primer momento, ser el propio Alec Holland. Su drama fue averiguar que, aún con sus recuerdos, nunca llegó a serlo.


La Cosa del Pantano y Abby

Una vez tomado conciencia de su condición, la así llamada Cosa del Pantano vivirá muchas aventuras mientras lucha por aceptarse a sí misma y trata de corresponder al amor que una humana, Abigail Cable, siente por él. Estas aventuras, que incluyen pugnas ecologistas, viajes interespaciales, visitas al Infierno o combates con las fuerzas más oscuras de la creación suponen en realidad una travesía de autodescubrimiento que llevará a ese mismo ser a averiguar de qué es capaz, qué conexión posee con la naturaleza, quiénes fueron sus antecesores e incluso, conocer el propósito de su existencia.

Personajes principales

La Cosa del Pantano. La entidad que a lo largo de los siglos ha sido conocida como La Cosa del Pantano es en realidad un “elemental” de la naturaleza; es decir, un ente corpóreo en comunión con la vegetación que se constituye a partir de tejido animal y humano. Pero, en realidad, no ha habido uno sino muchos hombres que han tenido el honor de prestarle sus recuerdos a las distintas encarnaciones de este ser: el primero, Alex Olsen, fue sobre el que Len Wein ideó el mito; y aunque también se han mencionado o aparecido en la colección Albert Hollerer, Aaron Hayley y Alan Hallman, el personaje que realmente tiene derecho a reclamar el cetro de Swampy es Alec Holland; ése que Moore tomó para hacer de él una leyenda. Como personaje, Holland es perfecto: el guionista supo darle el toque exacto de omnipotencia para que resultara temible aunque vulnerable; la pizca justa de humanidad para empatizar con él aún a sabiendas de que es muy distinto de nosotros; y la dosis necesaria de existencialismo para resultar profundo, conmovedor y llevar a los lectores a una reflexión sobre la propia personalidad.

En un sentido más descriptivo, los poderes de La Cosa del Pantano son tremebundos: prácticamente indestructible, puede recrearse a partir de cualquier tipo de vegetación; es capaz de viajar a través del “verde” para aparecer y reaparecer en cualquier lugar al instante; puede alterar su forma y tamaño; puede ordenar a la vegetación la formación de construcciones complejas (incluso humanoides); puede hacer múltiples copias de sí mismo; es capaz de controlar los procesos de la vegetación (velocidad de formación de raíces, producción de feromonas, forma, etc.); puede hacer germinar sobre su cuerpo tubérculos psicotrópicos que hagan a su consumidor entrar en conexión con el verde; y un largo, larguísimo etcétera.

Abigail Arcane/Cable. Sobrina del peor enemigo del protagonista –Anton Arcane– y futura esposa del agente federal encargado de atrapar al monstruo –Matthew Cable– Abigail Cable (cariñosamente, Abby) es a un tiempo el interés romántico del protagonista, la típica damisela en apuros –aunque con una personalidad bastante fuerte– y la única persona capaz de tratar con humanidad y respeto, como si fuera un igual, a quien una vez se creyó Alec Holland. Cómo trata al monstruo y cómo termina amándolo sea tal vez el aspecto más controvertido y al mismo tiempo más agresivo para con los prejuicios de un lector que en más de una ocasión se pregunta qué haría él de ser tanto Abby como uno de sus vecinos.

John Constantine. ¿Qué decir del personaje más longevo del sello Vertigo? Pues que, desde su primera aparición en junio de 1985 (The Saga of the Swamp Thing #37 USA) es un auténtico canalla sin escrúpulos pero con buen fondo, diseñado a imagen y semejanza –voluntariamente– del cantante Sting. En manos de Moore, Constantine desprende auténticas chispas y sirve para dar comienzo a la celebérrima saga American Gothic, en la que –en preparación de la primera Crisis del UDC– La Cosa del Pantano deberá enfrentarse a los horrores de todo un país (vampiros, licántropos, ritos ancestrales y un largo etcétera). El destino de John es conocido por todos: Hellblazer, la serie más longeva del sello Vertigo y uno de sus máximos errores artísticos por el afán de prolongar sine die un título algo agotado por el que han pasado infinidad de guionistas (incluyendo a Delano, Ennis o Azzarello).

Autores

Como debido a la antigüedad de esta serie es casi imposible recolectar entrevistas o palabras de los autores a propósito de la obra (más allá de unas cuantas líneas sin interés) he visto bien ofreceros en esta ocasión un repaso por la carrera de los principales implicados en la etapa. No se trata, empero, de ofrecer biografías al uso, sino de contextualizar la obra en el momento en que fue escrita, prestando especial atención a cómo llegó a ella un equipo creativo con muchísimo en común tanto antes como después de su paso por la colección.

Empezaremos, como no puede ser de otra manera, con el propio Alan Moore. El genio de Northampton nació un 18 de noviembre de 1953 en el seno de un barrio pobre. A los 17 años, tras haber sido expulsado del colegio por traficar con LSD, empezó a dibujar tiras de prensa para varias revistas musicales, llegando a tener una sección regular para el periódico Northants Post –Maxwell the Magic Cat– bajo el pseudónimo de Jill de Ray.

Dándose cuenta de que realmente se le daba mucho mejor escribir, empezó a realizar labores de guionista para revistas como Marvel UK –Captain Britain–, 2000AD –La balada de Halo Jones– y Warrior –Miracleman, V de Vendetta–. El éxito de crítica y público obtenido por estos trabajos llamó la atención de Len Wein (creador de La Cosa del Pantano y editor de DC Comics por aquella época tras unos años en la Marvel) quien le contrató para hacerse cargo de la serie del monstruo verde. Sin mucha presión por las malas ventas, Moore hizo maravillas con el personaje, disparando su creatividad y su fama. El resto, es historia: guiones para Superman y Batman, Watchmen, From Hell, Lost Girls, WildC.A.T.S., e incluso America’s Best Comics, una línea editorial propia que nos estuvo regalando estupendos cómics a cargo del inglés hasta que WildStorm (su casa madre) fue vendida por Jim Lee a DC Comics, editorial con la que Moore no acabó nada bien a cuenta de los derechos de merchandising sobre sus obras. Desde entonces, el autor se encuentra casi retirado.


Portada de
V de Vendetta

Por su parte, Stephen R. Bissette nació un 14 de marzo de 1955 en Vermont, donde aún vive. Tras estudiar en la Joe Kubert School of Cartoon and Graphic Art –donde conoció a Rick Veitch, John Totleben y Tom Yeates, también dibujantes de La Cosa del Pantano en la era Moore– Bissette, quien ya había trabajado en Soujourn, Sgt. Rock o Heavy Metal en sus años de estudiante, empezó a colaborar con multitud de revistas y editoriales antes de enrolarse en la obra que hoy comentamos. Tan buen sabor de boca debió quedarle que, de hecho, el equipo creativo entero (Moore, Veitch, Totleben y él mismo) sacaron adelante 1963 para Image años después, además de editar From Hell para Moore. A partir de ahí, y tras unos cuantos trabajos menores, emprendió una carrera como profesor en el Center for Cartoon Studies de Vermont, donde sigue ejerciendo hoy en día. Como curiosidad, deciros que en su blog posteó extractos (y sus correspondientes análisis) del primer guión de Moore para La Cosa del Pantano. Un documento realmente impagable.

Una carrera parecida en su comienzo tuvo John Totleben. Nacido un 16 de febrero de 1958 en Pennsylvania, Totleben acudió como hemos visto a la misma escuela que Bissette y los demás, y también en sus primeras publicaciones tras graduarse se cuenta Heavy Metal. Tras su aclamado paso por Swamp Thing, sacó adelante el proyecto Taboo junto a Bissette y ejerció de artista completo para el tercer volumen del Miracleman de Alan Moore. Durante este tiempo, le fue diagnosticada una retinitis pigmentosa que le condujo paulatinamente hacia una ceguera casi completa que, aunque le permite seguir trabajando –esencialmente como portadista– le obliga a un ritmo de trabajo inusualmente lento. Su labor en la colección, muy por encima de su teórico cometido, podéis apreciarla en este artículo en el que Bissette compara una página dibujada por Dan Day con el mismo material tras el embellecimiento de Totleben.

Por último tenemos a Rick Veitch, quien tras su paso por la Joe Kubert empezó trabajando para Epic Comics –Abraxas and the Earthman, Heartburst, The One– antes de unirse al equipo de La Cosa del Pantano en el número #37 y volverse regular a partir del #50 (si bien, según él, empezó a colaborar como negro mucho antes, debido a la lentitud de Bissette). Tras la marcha de Moore, Veitch ejerció de guionista y artista (a medias con Alfredo Alcala) de la colección antes de una repentina despedida, que le llevó a incorporarse al mercado independiente (con Las Tortugas Ninja o The Maximortal, por ejemplo). Pero su nombre y su trabajo habrían de quedar para siempre ligados al inglés de Northampton: no sólo había colaborado con él en Miracleman y Swamp Thing, sino que también lo hizo posteriormente en la citada 1963, en Supreme y en toda línea ABC. Cuando DC Comics compró WildStorm, a diferencia de Moore, Veitch aprovechó para saldar cuentas e incorporarse de nuevo al mainstream con títulos como Aquaman o The Question y –para la línea Vertigo– Can’t Get No o, actualmente, Army@Love.


Portada de
Army@Love #1 USA

Análisis conceptual

Fiel a aportar en la medida de lo posible su visión única acerca de los personajes que trata, lo primero que hace Alan Moore al llegar a Swamp Thing es matar al protagonista para, cambiando las reglas, resucitarlo un número después. En el proceso, Alec Holland deja de ser un monstruo mutante para convertirse en un ser totalmente distinto que ni siquiera es Alec Holland, y el concepto fundamental de la serie pasa de las aventuras de un bicho deforme que clama venganza mientras se acepta a sí mismo a constituir una amalgama de terror, emoción y existencialismo que aglutina las grandes preguntas que todo ser humano se hace alguna vez: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cómo soy? ¿De qué soy capaz? y, especialmente ¿Cómo me relaciono con los demás y, en concreto, con aquéllos a los que amo? Todo lo que viene después, mensaje ecologista y hippie aparte, es el personal desarrollo que Moore le daba a esas preguntas hace un cuarto de siglo. Pero ¡ay! qué gran desarrollo y que magníficas contestaciones las que ejecutó el bardo inglés.


La Cosa del Pantano renace

Ya desde el primer arco argumental, se sientan las bases de lo que La Cosa del Pantano es: un ente básicamente pacífico que, al igual que la naturaleza, suele optar por acompañar al hombre más que oponerle fiera resistencia. Contrapuesto a la figura del Hombre Florónico, Swampy se revela como un monstruo con recuerdo de hombre que se enfrenta a un hombre que clama y desea con toda su fuerza ser ese monstruo que el primero se niega a ser. Frente al pausado razonamiento y la voluntad de coexistencia de uno, tenemos la furia desatada y autodestructiva del otro; frente a la natural capacidad del primero, se opone la manipulación artificial del segundo; frente a los poderes no deseados ganados con sufrimiento por quien se cree Alec Holland, luchan los codiciados y no merecidos de quien se niega a ser Jason Woodrue. Así, no es difícil ver en estos números un claro aviso ante una humanidad irresponsable para con sus logros hacia el final de la Guerra Fría; logros heredados sin esfuerzo de quienes sí eran conscientes de los peligros que entrañaba su poder, y que albergaban en su seno la semilla del futuro o de la absoluta condenación de la vida.

Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar. Tras una historia menor acerca de los demonios interiores, Amor y muerte supone la entrada del guionista en el panteón de los clásicos por partida doble: la suya propia, y la de los referentes empleados. Mediante una saga estructuralmente conformada como espejo de La Divina Comedia de Dante Alighieri, la bestia de Louisiana averigua hasta dónde es capaz de llegar por amor mientras aprende que su capacidad es suficiente como para llevarlo incluso más allá de la muerte. Al fin y al cabo, hasta en el Infierno debe de haber flores. Todo ello, culminando en un polémico número #34 –Ritos de primavera– que a un tiempo resulta una sensual tesis acerca del sexo como rito primario y lisérgico, y todo un desafío para un lector que debe aprender a respetar esa intimidad que no daña más que a los que creen que los prejuicios y la moral deberían extenderse al mundo entero (y no sólo a nuestras propias convicciones).

Entre tanto, Moore tiene tiempo de integrar históricamente –otro de los retos que tanto le gustan– la continuidad del personaje, introduciendo a Abby en el número #33 –Casas abandonadas– en plena Casa de los Secretos para asistir a través de una secuencia onírica a la historia fundacional de Alex Olsen; creando de paso, sin quererlo, la inspiración para la otra gran renovadora del género: la mismísima The Sandman. También hay espacio para los mensajes claramente ecologistas o sobre la amistad, como es el caso de la dulce Pog –homenaje al Pogo de Walt Kelly– o el número en que Swampy parece morir víctima de la radiación.


Portadas de House of Secret #92 USA
y Swamp Thing #33 USA

Precisamente a través de este último se introduce la saga más recordada de la etapa; la conocida como American Gothic. De la mano del iconoclasta y mefistofélico John Constantine, el monstruo esmeralda aprenderá muchísimas capacidades y podrá responder a preguntas tales como su objetivo, su condición y su razón de ser. Todo ello sublimado mediante un encuentro con sus predecesores en el cargo de “elemental de la naturaleza”; una familia de afines a orillas del río Tefé en Brasil, constituida en Parlamento de los Árboles al que las anteriores Cosas del Pantano –entre las cuales vuelve a contarse Alex Olsen– acuden a descansar echando raíces cuando su tiempo se ha acabado (y que emulan descaradamente al Bárbol de Tolkien). A cambio de todo este conocimiento, Constantine llevará a nuestro protagonista de un lado a otro del mundo combatiendo versiones actualizadas, y con un potente componente metafórico, del imaginario del terror literario: hombres lobo –machismo social–, vampiros –consecuencias del progreso descontrolado que puede hacer evolucionar enfermedades–, zombies –la persistencia del racismo– o sectas –los peligros de la New Age–.

Esta gran saga culmina, por otra parte, en la confluencia del mundo mágico del UDC con la Crisis en Tierras Infinitas; un evento en el que La Cosa del Pantano vence poniendo de manifiesto y expresando los propios límites. Toda una lección para unos héroes –y una humanidad– demasiadas veces empeñadas por su soberbia en hacer frente a molinos de viento, al tiempo que una gesta bélica de peso que nos remite a los mejores exponentes de la épica medieval (maravillosa la preparación del ejército de Etrigan).


Abby encarcelada

Y si primero se describió el nacimiento de la criatura y luego la adquisición de sus capacidades y sus relaciones familiares, cuando Swampy viaja a Gotham en busca de una Abby apresada por ese amor prohibido que ahora ha salido a la luz, tenemos un feroz relato de furia adolescente y rebeldía social. Con ecos tan poderosos como el de Romeo y Julieta, King Kong o Un enemigo del pueblo, la lucha del ser verde es aquella que mantiene todo individuo cuando, siguiendo los principios de libertad e independencia inalienables a cualquier ser humano, sus intereses chocan contra una sociedad demasiado entrometida en los asuntos ajenos y excesivamente proclive a creerse agredida por actos íntimos que no le incumben ni le dañan. Una sociedad que, al igual que la propia familia cuando uno comienza a desplegar alas, se cree en el derecho de imponer a los demás una moralidad que sólo se sostiene porque es compartida por la mayoría; una sociedad que ignora que hay valores sobre los cuales la democracia –que puede tornarse en tiranía– no tiene ningún valor.

Pero muchas veces descubriremos que tal vez la excesiva libertad que deseamos cuando nos sentimos jóvenes y enjaulados resulta ser más de lo que en realidad deseábamos. Cuando La Cosa del Pantano se ve obligada a abandonar sus raíces y a vagar por el espacio exterior pone de manifiesto esa edad del individuo en el que llega la hora de poner en práctica lo aprendido y hacer frente a la vida por uno mismo. Puede que le temamos, puede incluso que nos construyamos un refugio para evitar el momento –perfecta metáfora la de ese Cielo Azul del número #57 USA– pero siempre debemos enfrentarnos a ella si queremos llegar a ser un hombre completo.


Cielo azul (imagen obtenida del blog 999)

Aunque no debemos olvidar que un hombre completo es aquel que vuelve al principio habiendo cambiado. Porque finalmente, tras la soledad y la independencia, la vuelta al hogar subraya aún más si cabe el crecimiento; un reencuentro con los propios orígenes en el que seremos capaces de mirarlos cara a cara, agradecerles lo vivido y seguir adelante con la cabeza orgullosa y bien alta del que sabe quién es, a dónde va, de dónde viene, cómo es, de qué es capaz… y, especialmente, del que sabe a quién amar. Así es la vida, así es la sociedad, así es la maduración y así es La Cosa del Pantano, de Alan Moore. Un cómic de terror que quiere y consigue ser una enciclopedia sobre nosotros mismos. Una tesis concienzuda, una poesía frágil, una pieza soberbia… en definitiva, una obra maestra.

NOTA: Este apartado, a pesar de que desarrolla un contenido totalmente personal, original y genuino, está estructurado para ser compañero del magnífico ensayo La Cosa del Pantano: La Odisea del Descubrimiento, de Luis Alboreca. Aparte de constituir una inspiración y un modelo enormemente difícil de superar, las posibles coincidencias conceptuales radican en que su análisis de la obra es tan certero que trasciende el mero texto subjetivo para constituir un desglose completamente objetivo de los conceptos que hay tras el cómic. Imposible, pues, realizar nada mínimamente consistente sin que aparezcan similitudes. Desde aquí, felicidades –y gracias– por el trabajo bien hecho.

Aspectos técnicos

Cuando se habla de La Cosa del Pantano en la etapa de Alan Moore no puede definirse una composición de página fija. Es más, no puede evaluarse la composición de página aislada del dibujo y ni siquiera puede hablarse del dibujo sin mencionar el entintado. En efecto, áreas que siempre guardan relación pero que también pueden evaluarse por separado aquí se compenetran de una manera indivisible.

Dicho esto, podríamos decir que en Swamp Thing el tipo de viñeta más usada es la rectangular, bien en versión apaisada –panorámica– , bien más reducida y vertical. Otras veces prima una clásica viñeta cuadrada, pero de la misma forma lo hace un tipo de viñeta trapezoidal que aporta muchísimo juego dinamizando la narrativa y cohesionando la estructura de la página de una forma inusualmente fuerte. Por su parte, el espacio interviñeta se encuentra a veces respetado, otras veces parcialmente presente y en otras ocasiones se opta por prescindir de él o de reutilizarlo para introducir narraciones en primera o tercera persona. También es posible encontrarnos dibujos que se asientan sobre la página sin ningún tipo de límite visual.


Composición representativa

A nivel formal, hay que destacar asimismo uno de los aspectos más creativos, vistosos y característicos del tebeo en cualquier etapa: la integración de la cabecera y los nombres del equipo creativo –tradicionalmente ubicados hacia la segunda o tercera página de la narración– no aparecen en un espacio separado del dibujo y las viñetas, sino que se integran en el mismo habitualmente mediante motivos vegetales en un estilo experimental que recuerda al Eisner del mejor The Spirit.


Títulos integrados

Pero dejémonos de preámbulos y analicemos el magnífico y compenetrado trabajo que realizan Stephen R. Bissette y John Totleben. A pesar de lo complejo que puede parecernos el resultado final, el trabajo del dibujante es relativamente sencillo: con unas líneas extremadamente finas y precisas ejecutadas con pleno sentido de la proporción, tanto las formas generales como los detalles más ínfimos se plasman a través de una economía de medios pasmosa, sólo interrumpida –evidentemente– por el mayor grado de detalle que requieren las sinuosas formas de La Cosa del Pantano o criaturas similares.

Sin embargo, el dibujo alcanza un desarrollo intrincado cuando se une el entintado y todo lo demás. Ya hemos hablado aquí en muchas otras ocasiones de cómo la economía de medios tiende al embellecimiento y la estilización y, en oposición, una mayor profusión de líneas potencia la fealdad, el envejecimiento, el horror. Perfectos conocedores de ambas situaciones, Bissette y Totleben integran sus labores de tal forma que a la línea fina del primero se une un entintado/repaso vigoroso del segundo, en el que las manchas de tinta propiamente dichas se usan únicamente para resaltar volúmenes y reflejar la coherencia de la iluminación. Pero lo realmente característico de este trabajo es todo lo demás: el efecto de terror y ensoñación se consigue a través de la disposición de cientos de líneas paralelas muy próximas (una técnica conocida como hatching) y una cantidad menor de diminutos puntos (stippling) cuya combinación sobrecoge y desasosiega a partes iguales. Y precisamente el hecho de que el trazo mas funcional sea fino contribuye al acabado definitivo, al confundirse con estas dos técnicas ornamentales. Como alguien dijo una vez, sólo el que domina la técnica, puede dar rienda suelta a los sentidos.


En B/N y en color

La parte tibia del aspecto gráfico radica en un Rick Veitch demasiado empeñado en demostrar que sabe detallar estupendamente cuando se hace cargo de los lápices, aunque eso conlleve un estilo mucho más convencional y típico tanto en los volúmenes como en los rasgos faciales –puro años ochenta, he de decir–. Y la parte negativa, por su parte, se centra en la limitadísima paleta de colores de Tatjana Wood, quien aunque de vez en cuando consigue excelentes resultados –aumentando la complejidad de esa misma paleta–, la mayor parte de las veces desmerece el trabajo del resto del equipo proporcionando un aspecto similar a la plastilina.

Para terminar, las portadas al óleo y acrílico que John Totleben creara para la serie permanecen en el recuerdo de los lectores por su gran plasticidad y por su fluidez en la composición. Aquí os dejo mis favoritas, correspondientes a The Saga of the Swamp Thing #33 y #34 USA. Una delicia.


Dos soberbias portadas

Valoración personal

Esta etapa de La Cosa del Pantano es por derecho propio todo un clásico de la Historia del Cómic, al tiempo que germen del genio de un autor tan consagrado como Alan Moore y símbolo plenamente vigente de una forma de hacer tebeos que, surgida en los años 80, buscaba demostrar que el medio es capaz de desarrollar cualquier concepto o género, de resultar enormemente potente, y de atraer a cualquier tipo de lector por exigente que éste sea.

En este mismo sentido, el altísimo grado de libertad creativa que se le concedió al guionista puso de manifiesto que, dentro de una gran editorial como DC Comics, los superhéroes en su visión más clásica y el Comic Code Authority podían permanecer en segundo plano para dar lugar a un tipo de historias mucho más adultas y consistentes. El tipo de historias –y personajes– que hicieron nacer el mismísimo sello Vertigo algunos años después (y bajo el que la colección se edita actualmente).

Pero es que además, más allá de lo que supuso para el cómic de la época, La Cosa del Pantano ha demostrado envejecer estupendamente, conservando sus tramas –y los ecos que de ella se desprenden– plena vigencia hoy en día. Estremecimiento, autodescubrimiento, horror, empatía, angustia, ecologismo, amor o violencia son muchos de los conceptos que se expresan a través de un cómic que, aunque tiene el aspecto formal de los relatos de terror, se construye sobre elementos tan antiguos como las emociones, las tensiones y el drama más clásico.


Sexo vegetal

Por todo ello, no puedo sino recomendar un tebeo que es por derecho propio una obra maestra y todo un clásico del Noveno Arte, sólo empañado por la presencia de unos personajes superheroicos que tal vez sobraran. Pero son menudencias… cualquiera que sepa un mínimo sobre el Universo DC (y ese mínimo básicamente consiste en saber quiénes son Batman, Superman, Green Lantern y la Liga de la Justicia) puede seguir la historia de quien una vez se creyó Alec Holland sin problemas. Al fin y al cabo, las concepciones que cambian un paradigma artístico siempre adolecen de vivir entre dos mundos sin pertenecer totalmente a ninguno de ellos: ése que cambian irremediablemente, y ése otro al que dan lugar. Honremos, pues, esta concepción de ese genio que es Alan Moore porque ambas –la concepción y Moore– se lo ganaron con creces.

Páginas recomendadas

Empezamos ofreciendo, en inglés y desde la página oficial de DC Comics, la famosa Lección de Anatomía (Saga of The Swamp Thing #21 USA) que redefinió por completo al personaje. Como siempre, para los que tengáis una velocidad de conexión baja os recomiendo hacer click con el botón derecho y guardar a disco.

Como viene siendo habitual, también ofrecemos el enlace al artículo correspondiente de la Wikipedia (en español y en inglés), así como a las fichas en Comic Book Database (1 y 2). Además, también resulta imprescindible tanto el artículo general como el dedicado en concreto a la etapa de Alan Moore en The Continuity Pages.

Igualmente esenciales resultan la impresionante base de datos Roots of The Swamp Thing, el artículo La Cosa del Pantano: La Odisea del Descubrimiento (una pequeña delicia) o el texto Swamp Thing: De Luisiana al final del universo (apabullante). Y no os perdáis tampoco estas completísimas anotaciones o la galería con todas las portadas originales. De postre, análisis de Hellblazer en esta misma web.

Curiosidades: todos las obras con el título Swamp Thing. También os presento una página dedicada a las obras audiovisuales relacionadas con el personaje y las fichas en imdb de la película de Wes Craven, su secuela, la serie de televisión y la serie animada.

Y por último, acceso a los artículos de la Wikipedia (esta vez sólo en inglés) dedicados a Alan Moore, Stephen R. Bissette, John Totleben, Tatjana Wood, Alfredo Alcala, Rick Veitch, Len Wein y Bernie Wrightson. También podéis echarle un ojo a las páginas oficiales de Bissette (la más interesante, con magníficos comentarios acerca de la obra), Totleben y Veitch.

Última actualización de este artículo: 25 de abril de 2010