
Edición original: ene. 1984/sep. 1987; DC Comics.
Edición España: I Zinco; II Norma; III Planeta DeAgostini (mensual); IV Planeta DeAgostini (dic. 2010).
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Stephen R. Bissette, Rick Veitch.
Entintado: John Totleben, Alfredo Alcala.
Portadas: Stephen R. Bissette, John Totleben, Thomas Yeates.
Color: Tatjana Wood.
Rotulista: John Costanza, Todd Klein.
Precio: Mensual: 3,5 € (prestigios, 48 págs.); 13,95 € (tomos rústica). Integral: 35 € (Cartoné, 464 págs.)
En el verano de 1971, la cabecera House of Secrets vio nacer un personaje que estaba destinado a convertirse en símbolo y leyenda de una nueva forma de hacer cómics: La Cosa del Pantano en la que se había convertido ficcionalmente Alex Olsen. El éxito fue tal que, bajo la pluma de Len Wein y el lápiz de Berni Wrightson, el monstruo conoció en el otoño de 1972 una serie regular propia –bautizada Swamp Thing, a secas– que con un recorrido de 24 números siguió las aventuras de un ente similar nacido de las cenizas de Alec Holland, si bien a partir del #14 serían David Michelinie y Gerry Conway los encargados de llevar a buen puerto el proyecto con dibujantes como Nestor Redondo (a partir del #11) o Fred Carillo (#24).
Y todo habría quedado ahí de no ser por una película de Wes Craven estrenada en julio de 1982 que adaptaba la obra de Wein y Wrightson. La cinta, un subproducto de serie B tan curioso como prescindible con Ray Wise (el de Twin Peaks y Robocop) como Holland en su versión humana y Louis Jourdan haciendo de villano (antagonista de James Bond en Octopussy por esas mismas fechas), fue un horror para la crítica y tuvo una irregular acogida entre el público, pero sirvió para que en DC se decidieran a relanzar al personaje de cara a la promoción. Así, en mayo de 1982 se publicaba la primera entrega de una nueva cabecera titulada The Saga of the Swamp Thing, escrita por Martin Pasko.
Pasko optó por devolver al personaje parte de su esencia original, eliminando muchos de los puntos que Michelinie y Conway habían introducido hacia el final de la anterior etapa. De hecho, en el número #6 de la nueva cabecera el mismísimo Len Wein se ocupó de borrar –verbalmente– de la continuidad cualquier evento sucedido a partir del Swamp Thing #21, incluyendo multitud de crossovers, la recuperación de la humanidad por parte de Holland o la aparición del hermano del protagonista, Edward.
Pero lo realmente importante de la etapa de Pasko fue que, pese a tener a Tom Yeates a los lápices en la mayor parte de los números, recomendó hacia el final a Stephen R. Bissette y John Totleben para sustituirlo. Con estos cambios todo quedó listo para que, tras la marcha del guionista en el número #19, llegara un poco conocido escritor británico para completar el trío de autores que elevarían a Swampy –como se le conoce cariñosamente– a la estratosfera de calidad. ¿Su nombre? Su nombre por supuesto era Alan Moore.

Portada de The Saga of
the Swamp Thing #20 USA
Con una libertad creativa insospechada debido a que el título iba a ser cancelado por bajas ventas –“éste es el país del haz lo que quieras”, debieron de decirle– el británico consiguió no sólo revitalizar las mismas, sino marcar el camino de toda la producción de cómic adulto de los ochenta y los noventa. Eso sí, editorialmente hablando el período con Moore a los guiones fue un auténtico caos: a partir del #31 USA la cabecera seguía siendo The Saga of the Swamp Thing, pero el título de los cómics rezaba Swamp Thing a secas; a su vez a partir del #39 USA, la cabecera pasó a llamarse sólo Swamp Thing, pero los números #43-45 USA volvían a tener el otro logotipo. Si a eso sumamos los anuales, una legión de artistas invitados y los cambios en el equipo creativo (Alfredo Alcala o Ron Randall como entintadores, Rick Veitch como dibujante, Totleben de artista completo o Bissette escribiendo el guión del #59 USA) tendremos tal desbarajuste que sería imposible resumirlo o intentar ponerle orden. Podéis ver todos los cambios aquí.
En todo caso, en septiembre de 1987 Alan Moore –quien llegó a decir que colección era un trabajo experimental en el que por primera vez tenía para jugar un cómic de 24 páginas a color– dejó de guionizar la serie en el número #64 USA, a partir del cual todo fue de mal en peor. Rick Veitch –dibujante regular de La Cosa del Pantano por aquel entonces– tomó el relevo de una forma más o menos hábil, pero su número #88 no fue aprobado por DC Comics debido a que introducía a Jesucristo como personaje; un elemento un tanto conflictivo como se había demostrado con La última tentación de Cristo. El caso es que Veitch, airado, renunció a su puesto y los guionistas pensados para sustituirle –Jamie Delano o Neil Gaiman, ahí es nada– se solidarizaron con él y tampoco aceptaron el puesto, si bien Gaiman consentiría en escribir un número de enlace mientras se deshacía el entuerto.
De una u otra manera, nadie pudo o supo rescatar la esencia de Moore; y eso que el plantel de escritores que vinieron después es de aúpa: Doug Wheeler, Nancy A. Collins, Grant Morrison, Mark Millar, Brian K. Vaughan (en el tercer volumen editorial), Andy Diggle, Will Pfeifer o Joshua Dysart (estos tres últimos en el cuarto volumen de la serie, que empezó en 2004). Pero todo dio igual: la mejor forma de leer La Cosa del Pantano fue y sigue siendo averiguar sucintamente el origen del personaje y después hacerse con la etapa de Alan Moore, bastante autoconclusiva por otra parte. Tan es así que es la única –junto a la de Veitch– sobre la que actualmente se hacen recopilatorios.

Fotograma de la película de Wes Craven
Y de la misma forma que una película de serie B consiguió devolver el personaje a la vida en el cómic, ese mismo cómic renacido se enraizó en la cultura popular a través de una miríada de medios: una especie de secuela de la película original en el 89 protagonizada por Jourdan y Heather Locklear –de título The Return of the Swamp Thing–, una serie de TV de tres temporadas (1990-93), una serie de animación, muñecos, videojuegos o cameos en otras series de dibujos animados. Incluso en un cómic de Los Simpson se parodia la historia original del monstruo. Además, recientemente el productor y guionista Akiva Goldsman ha indicado que el personaje podría conocer una nueva adaptación cinematográfica más acorde al tono que le imprimió Moore.
Respecto a la edición en nuestro país, Swampy ha conocido muchas: con Zinco, con Norma Editorial (en riguroso blanco y negro) y, desde que obtuvieron los derechos, con Planeta DeAgostini. En este asunto cabe destacar que la edición de Norma potenciaba enormemente la calidad del dibujo y el entintado suprimiendo un color un tanto anodino, si bien no recogía el primer número de Moore en la serie y –por más mejora que introdujese– no respetaba el espíritu original. No obstante, todo hay que decirlo, la propia Vertigo en septiembre de 1996 fue la que comenzó editándolo de esta forma en USA bajo la cabecera Essential Vertigo: Swamp Thing.
En todo caso, la única edición que estuvo disponible durante mucho tiempo en nuestro país fue la primera de Planeta DeAgostini, en color y muy cuidada –y sí, incluyendo el #20 USA, primer numero del inglés–. La única pega, claro está, es que debido a la política inicial de editarlo casi todo en formato quiosco, la colección se reparte entre 13 prestigios de dos números cada uno (excepto el primero) y 3 tomos de varios números USA que siguen la numeración establecida en la colección.

Portada del número #1
en la edición de Planeta DeAgostini
Todo esto va a cambiar en diciembre de 2010, con la llegada del primero de los integrales que recopilarán toda La Cosa del Pantano de Moore para uso y disfrute del aficionado y del público generalista. ¿Será la edición definitiva? Ya lo veremos…
Alec Holland murió víctima de sabotaje industrial en un pantano de Louisiana mientras investigaba una formula biorregenerativa basada en la flora de la zona. Contaminado por su propia creación, el científico surgió de un mar de llamas sólo para encontrar la muerte carbonizado y asimilado por el ecosistema del lugar. Pero algo alteró este final que, en realidad, es sólo el principio de la historia: la fórmula en la que el investigador trabajaba afectó a las plantas que descomponían su inerte materia orgánica, provocando que estos vegetales se organizasen como un ente con conciencia propia que creyó, en un primer momento, ser el propio Alec Holland. Su drama fue averiguar que, aún con sus recuerdos, nunca llegó a serlo.

La Cosa del Pantano y Abby
Una vez tomado conciencia de su condición, la así llamada Cosa del Pantano vivirá muchas aventuras mientras lucha por aceptarse a sí misma y trata de corresponder al amor que una humana, Abigail Cable, siente por él. Estas aventuras, que incluyen pugnas ecologistas, viajes interespaciales, visitas al Infierno o combates con las fuerzas más oscuras de la creación suponen en realidad una travesía de autodescubrimiento que llevará a ese mismo ser a averiguar de qué es capaz, qué conexión posee con la naturaleza, quiénes fueron sus antecesores e incluso, conocer el propósito de su existencia.
La Cosa del Pantano. La entidad que a lo largo de los siglos ha sido conocida como La Cosa del Pantano es en realidad un “elemental” de la naturaleza; es decir, un ente corpóreo en comunión con la vegetación que se constituye a partir de tejido animal y humano. Pero, en realidad, no ha habido uno sino muchos hombres que han tenido el honor de prestarle sus recuerdos a las distintas encarnaciones de este ser: el primero, Alex Olsen, fue sobre el que Len Wein ideó el mito; y aunque también se han mencionado o aparecido en la colección Albert Hollerer, Aaron Hayley y Alan Hallman, el personaje que realmente tiene derecho a reclamar el cetro de Swampy es Alec Holland; ése que Moore tomó para hacer de él una leyenda. Como personaje, Holland es perfecto: el guionista supo darle el toque exacto de omnipotencia para que resultara temible aunque vulnerable; la pizca justa de humanidad para empatizar con él aún a sabiendas de que es muy distinto de nosotros; y la dosis necesaria de existencialismo para resultar profundo, conmovedor y llevar a los lectores a una reflexión sobre la propia personalidad.
En un sentido más descriptivo, los poderes de La Cosa del Pantano son tremebundos: prácticamente indestructible, puede recrearse a partir de cualquier tipo de vegetación; es capaz de viajar a través del “verde” para aparecer y reaparecer en cualquier lugar al instante; puede alterar su forma y tamaño; puede ordenar a la vegetación la formación de construcciones complejas (incluso humanoides); puede hacer múltiples copias de sí mismo; es capaz de controlar los procesos de la vegetación (velocidad de formación de raíces, producción de feromonas, forma, etc.); puede hacer germinar sobre su cuerpo tubérculos psicotrópicos que hagan a su consumidor entrar en conexión con el verde; y un largo, larguísimo etcétera.
Abigail Arcane/Cable. Sobrina del peor enemigo del protagonista –Anton Arcane– y futura esposa del agente federal encargado de atrapar al monstruo –Matthew Cable– Abigail Cable (cariñosamente, Abby) es a un tiempo el interés romántico del protagonista, la típica damisela en apuros –aunque con una personalidad bastante fuerte– y la única persona capaz de tratar con humanidad y respeto, como si fuera un igual, a quien una vez se creyó Alec Holland. Cómo trata al monstruo y cómo termina amándolo sea tal vez el aspecto más controvertido y al mismo tiempo más agresivo para con los prejuicios de un lector que en más de una ocasión se pregunta qué haría él de ser tanto Abby como uno de sus vecinos.
John Constantine. ¿Qué decir del personaje más longevo del sello Vertigo? Pues que, desde su primera aparición en junio de 1985 (The Saga of the Swamp Thing #37 USA) es un auténtico canalla sin escrúpulos pero con buen fondo, diseñado a imagen y semejanza –voluntariamente– del cantante Sting. En manos de Moore, Constantine desprende auténticas chispas y sirve para dar comienzo a la celebérrima saga American Gothic, en la que –en preparación de la primera Crisis del UDC– La Cosa del Pantano deberá enfrentarse a los horrores de todo un país (vampiros, licántropos, ritos ancestrales y un largo etcétera). El destino de John es conocido por todos: Hellblazer, la serie más longeva del sello Vertigo y uno de sus máximos errores artísticos por el afán de prolongar sine die un título algo agotado por el que han pasado infinidad de guionistas (incluyendo a Delano, Ennis o Azzarello).
Como debido a la antigüedad de esta serie es casi imposible recolectar entrevistas o palabras de los autores a propósito de la obra (más allá de unas cuantas líneas sin interés) he visto bien ofreceros en esta ocasión un repaso por la carrera de los principales implicados en la etapa. No se trata, empero, de ofrecer biografías al uso, sino de contextualizar la obra en el momento en que fue escrita, prestando especial atención a cómo llegó a ella un equipo creativo con muchísimo en común tanto antes como después de su paso por la colección.
Empezaremos, como no puede ser de otra manera, con el propio Alan Moore. El genio de Northampton nació un 18 de noviembre de 1953 en el seno de un barrio pobre. A los 17 años, tras haber sido expulsado del colegio por traficar con LSD, empezó a dibujar tiras de prensa para varias revistas musicales, llegando a tener una sección regular para el periódico Northants Post –Maxwell the Magic Cat– bajo el pseudónimo de Jill de Ray.
Dándose cuenta de que realmente se le daba mucho mejor escribir, empezó a realizar labores de guionista para revistas como Marvel UK –Captain Britain–, 2000AD –La balada de Halo Jones– y Warrior –Miracleman, V de Vendetta–. El éxito de crítica y público obtenido por estos trabajos llamó la atención de Len Wein (creador de La Cosa del Pantano y editor de DC Comics por aquella época tras unos años en la Marvel) quien le contrató para hacerse cargo de la serie del monstruo verde. Sin mucha presión por las malas ventas, Moore hizo maravillas con el personaje, disparando su creatividad y su fama. El resto, es historia: guiones para Superman y Batman, Watchmen, From Hell, Lost Girls, WildC.A.T.S., e incluso America’s Best Comics, una línea editorial propia que nos estuvo regalando estupendos cómics a cargo del inglés hasta que WildStorm (su casa madre) fue vendida por Jim Lee a DC Comics, editorial con la que Moore no acabó nada bien a cuenta de los derechos de merchandising sobre sus obras. Desde entonces, el autor se encuentra casi retirado.

Portada de
V de Vendetta
Por su parte, Stephen R. Bissette nació un 14 de marzo de 1955 en Vermont, donde aún vive. Tras estudiar en la Joe Kubert School of Cartoon and Graphic Art –donde conoció a Rick Veitch, John Totleben y Tom Yeates, también dibujantes de La Cosa del Pantano en la era Moore– Bissette, quien ya había trabajado en Soujourn, Sgt. Rock o Heavy Metal en sus años de estudiante, empezó a colaborar con multitud de revistas y editoriales antes de enrolarse en la obra que hoy comentamos. Tan buen sabor de boca debió quedarle que, de hecho, el equipo creativo entero (Moore, Veitch, Totleben y él mismo) sacaron adelante 1963 para Image años después, además de editar From Hell para Moore. A partir de ahí, y tras unos cuantos trabajos menores, emprendió una carrera como profesor en el Center for Cartoon Studies de Vermont, donde sigue ejerciendo hoy en día. Como curiosidad, deciros que en su blog posteó extractos (y sus correspondientes análisis) del primer guión de Moore para La Cosa del Pantano. Un documento realmente impagable.
Una carrera parecida en su comienzo tuvo John Totleben. Nacido un 16 de febrero de 1958 en Pennsylvania, Totleben acudió como hemos visto a la misma escuela que Bissette y los demás, y también en sus primeras publicaciones tras graduarse se cuenta Heavy Metal. Tras su aclamado paso por Swamp Thing, sacó adelante el proyecto Taboo junto a Bissette y ejerció de artista completo para el tercer volumen del Miracleman de Alan Moore. Durante este tiempo, le fue diagnosticada una retinitis pigmentosa que le condujo paulatinamente hacia una ceguera casi completa que, aunque le permite seguir trabajando –esencialmente como portadista– le obliga a un ritmo de trabajo inusualmente lento. Su labor en la colección, muy por encima de su teórico cometido, podéis apreciarla en este artículo en el que Bissette compara una página dibujada por Dan Day con el mismo material tras el embellecimiento de Totleben.
Por último tenemos a Rick Veitch, quien tras su paso por la Joe Kubert empezó trabajando para Epic Comics –Abraxas and the Earthman, Heartburst, The One– antes de unirse al equipo de La Cosa del Pantano en el número #37 y volverse regular a partir del #50 (si bien, según él, empezó a colaborar como negro mucho antes, debido a la lentitud de Bissette). Tras la marcha de Moore, Veitch ejerció de guionista y artista (a medias con Alfredo Alcala) de la colección antes de una repentina despedida, que le llevó a incorporarse al mercado independiente (con Las Tortugas Ninja o The Maximortal, por ejemplo). Pero su nombre y su trabajo habrían de quedar para siempre ligados al inglés de Northampton: no sólo había colaborado con él en Miracleman y Swamp Thing, sino que también lo hizo posteriormente en la citada 1963, en Supreme y en toda línea ABC. Cuando DC Comics compró WildStorm, a diferencia de Moore, Veitch aprovechó para saldar cuentas e incorporarse de nuevo al mainstream con títulos como Aquaman o The Question y –para la línea Vertigo– Can’t Get No o, actualmente, Army@Love.

Portada de
Army@Love #1 USA
Fiel a aportar en la medida de lo posible su visión única acerca de los personajes que trata, lo primero que hace Alan Moore al llegar a Swamp Thing es matar al protagonista para, cambiando las reglas, resucitarlo un número después. En el proceso, Alec Holland deja de ser un monstruo mutante para convertirse en un ser totalmente distinto que ni siquiera es Alec Holland, y el concepto fundamental de la serie pasa de las aventuras de un bicho deforme que clama venganza mientras se acepta a sí mismo a constituir una amalgama de terror, emoción y existencialismo que aglutina las grandes preguntas que todo ser humano se hace alguna vez: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cómo soy? ¿De qué soy capaz? y, especialmente ¿Cómo me relaciono con los demás y, en concreto, con aquéllos a los que amo? Todo lo que viene después, mensaje ecologista y hippie aparte, es el personal desarrollo que Moore le daba a esas preguntas hace un cuarto de siglo. Pero ¡ay! qué gran desarrollo y que magníficas contestaciones las que ejecutó el bardo inglés.

La Cosa del Pantano renace
Ya desde el primer arco argumental, se sientan las bases de lo que La Cosa del Pantano es: un ente básicamente pacífico que, al igual que la naturaleza, suele optar por acompañar al hombre más que oponerle fiera resistencia. Contrapuesto a la figura del Hombre Florónico, Swampy se revela como un monstruo con recuerdo de hombre que se enfrenta a un hombre que clama y desea con toda su fuerza ser ese monstruo que el primero se niega a ser. Frente al pausado razonamiento y la voluntad de coexistencia de uno, tenemos la furia desatada y autodestructiva del otro; frente a la natural capacidad del primero, se opone la manipulación artificial del segundo; frente a los poderes no deseados ganados con sufrimiento por quien se cree Alec Holland, luchan los codiciados y no merecidos de quien se niega a ser Jason Woodrue. Así, no es difícil ver en estos números un claro aviso ante una humanidad irresponsable para con sus logros hacia el final de la Guerra Fría; logros heredados sin esfuerzo de quienes sí eran conscientes de los peligros que entrañaba su poder, y que albergaban en su seno la semilla del futuro o de la absoluta condenación de la vida.
Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar. Tras una historia menor acerca de los demonios interiores, Amor y muerte supone la entrada del guionista en el panteón de los clásicos por partida doble: la suya propia, y la de los referentes empleados. Mediante una saga estructuralmente conformada como espejo de La Divina Comedia de Dante Alighieri, la bestia de Louisiana averigua hasta dónde es capaz de llegar por amor mientras aprende que su capacidad es suficiente como para llevarlo incluso más allá de la muerte. Al fin y al cabo, hasta en el Infierno debe de haber flores. Todo ello, culminando en un polémico número #34 –Ritos de primavera– que a un tiempo resulta una sensual tesis acerca del sexo como rito primario y lisérgico, y todo un desafío para un lector que debe aprender a respetar esa intimidad que no daña más que a los que creen que los prejuicios y la moral deberían extenderse al mundo entero (y no sólo a nuestras propias convicciones).
Entre tanto, Moore tiene tiempo de integrar históricamente –otro de los retos que tanto le gustan– la continuidad del personaje, introduciendo a Abby en el número #33 –Casas abandonadas– en plena Casa de los Secretos para asistir a través de una secuencia onírica a la historia fundacional de Alex Olsen; creando de paso, sin quererlo, la inspiración para la otra gran renovadora del género: la mismísima The Sandman. También hay espacio para los mensajes claramente ecologistas o sobre la amistad, como es el caso de la dulce Pog –homenaje al Pogo de Walt Kelly– o el número en que Swampy parece morir víctima de la radiación.

Portadas de House of Secret #92 USA
y Swamp Thing #33 USA
Precisamente a través de este último se introduce la saga más recordada de la etapa; la conocida como American Gothic. De la mano del iconoclasta y mefistofélico John Constantine, el monstruo esmeralda aprenderá muchísimas capacidades y podrá responder a preguntas tales como su objetivo, su condición y su razón de ser. Todo ello sublimado mediante un encuentro con sus predecesores en el cargo de “elemental de la naturaleza”; una familia de afines a orillas del río Tefé en Brasil, constituida en Parlamento de los Árboles al que las anteriores Cosas del Pantano –entre las cuales vuelve a contarse Alex Olsen– acuden a descansar echando raíces cuando su tiempo se ha acabado (y que emulan descaradamente al Bárbol de Tolkien). A cambio de todo este conocimiento, Constantine llevará a nuestro protagonista de un lado a otro del mundo combatiendo versiones actualizadas, y con un potente componente metafórico, del imaginario del terror literario: hombres lobo –machismo social–, vampiros –consecuencias del progreso descontrolado que puede hacer evolucionar enfermedades–, zombies –la persistencia del racismo– o sectas –los peligros de la New Age–.
Esta gran saga culmina, por otra parte, en la confluencia del mundo mágico del UDC con la Crisis en Tierras Infinitas; un evento en el que La Cosa del Pantano vence poniendo de manifiesto y expresando los propios límites. Toda una lección para unos héroes –y una humanidad– demasiadas veces empeñadas por su soberbia en hacer frente a molinos de viento, al tiempo que una gesta bélica de peso que nos remite a los mejores exponentes de la épica medieval (maravillosa la preparación del ejército de Etrigan).

Abby encarcelada
Y si primero se describió el nacimiento de la criatura y luego la adquisición de sus capacidades y sus relaciones familiares, cuando Swampy viaja a Gotham en busca de una Abby apresada por ese amor prohibido que ahora ha salido a la luz, tenemos un feroz relato de furia adolescente y rebeldía social. Con ecos tan poderosos como el de Romeo y Julieta, King Kong o Un enemigo del pueblo, la lucha del ser verde es aquella que mantiene todo individuo cuando, siguiendo los principios de libertad e independencia inalienables a cualquier ser humano, sus intereses chocan contra una sociedad demasiado entrometida en los asuntos ajenos y excesivamente proclive a creerse agredida por actos íntimos que no le incumben ni le dañan. Una sociedad que, al igual que la propia familia cuando uno comienza a desplegar alas, se cree en el derecho de imponer a los demás una moralidad que sólo se sostiene porque es compartida por la mayoría; una sociedad que ignora que hay valores sobre los cuales la democracia –que puede tornarse en tiranía– no tiene ningún valor.
Pero muchas veces descubriremos que tal vez la excesiva libertad que deseamos cuando nos sentimos jóvenes y enjaulados resulta ser más de lo que en realidad deseábamos. Cuando La Cosa del Pantano se ve obligada a abandonar sus raíces y a vagar por el espacio exterior pone de manifiesto esa edad del individuo en el que llega la hora de poner en práctica lo aprendido y hacer frente a la vida por uno mismo. Puede que le temamos, puede incluso que nos construyamos un refugio para evitar el momento –perfecta metáfora la de ese Cielo Azul del número #57 USA– pero siempre debemos enfrentarnos a ella si queremos llegar a ser un hombre completo.

Cielo azul (imagen obtenida del blog 999)
Aunque no debemos olvidar que un hombre completo es aquel que vuelve al principio habiendo cambiado. Porque finalmente, tras la soledad y la independencia, la vuelta al hogar subraya aún más si cabe el crecimiento; un reencuentro con los propios orígenes en el que seremos capaces de mirarlos cara a cara, agradecerles lo vivido y seguir adelante con la cabeza orgullosa y bien alta del que sabe quién es, a dónde va, de dónde viene, cómo es, de qué es capaz… y, especialmente, del que sabe a quién amar. Así es la vida, así es la sociedad, así es la maduración y así es La Cosa del Pantano, de Alan Moore. Un cómic de terror que quiere y consigue ser una enciclopedia sobre nosotros mismos. Una tesis concienzuda, una poesía frágil, una pieza soberbia… en definitiva, una obra maestra.
NOTA: Este apartado, a pesar de que desarrolla un contenido totalmente personal, original y genuino, está estructurado para ser compañero del magnífico ensayo La Cosa del Pantano: La Odisea del Descubrimiento, de Luis Alboreca. Aparte de constituir una inspiración y un modelo enormemente difícil de superar, las posibles coincidencias conceptuales radican en que su análisis de la obra es tan certero que trasciende el mero texto subjetivo para constituir un desglose completamente objetivo de los conceptos que hay tras el cómic. Imposible, pues, realizar nada mínimamente consistente sin que aparezcan similitudes. Desde aquí, felicidades –y gracias– por el trabajo bien hecho.
Cuando se habla de La Cosa del Pantano en la etapa de Alan Moore no puede definirse una composición de página fija. Es más, no puede evaluarse la composición de página aislada del dibujo y ni siquiera puede hablarse del dibujo sin mencionar el entintado. En efecto, áreas que siempre guardan relación pero que también pueden evaluarse por separado aquí se compenetran de una manera indivisible.
Dicho esto, podríamos decir que en Swamp Thing el tipo de viñeta más usada es la rectangular, bien en versión apaisada –panorámica– , bien más reducida y vertical. Otras veces prima una clásica viñeta cuadrada, pero de la misma forma lo hace un tipo de viñeta trapezoidal que aporta muchísimo juego dinamizando la narrativa y cohesionando la estructura de la página de una forma inusualmente fuerte. Por su parte, el espacio interviñeta se encuentra a veces respetado, otras veces parcialmente presente y en otras ocasiones se opta por prescindir de él o de reutilizarlo para introducir narraciones en primera o tercera persona. También es posible encontrarnos dibujos que se asientan sobre la página sin ningún tipo de límite visual.

Composición representativa
A nivel formal, hay que destacar asimismo uno de los aspectos más creativos, vistosos y característicos del tebeo en cualquier etapa: la integración de la cabecera y los nombres del equipo creativo –tradicionalmente ubicados hacia la segunda o tercera página de la narración– no aparecen en un espacio separado del dibujo y las viñetas, sino que se integran en el mismo habitualmente mediante motivos vegetales en un estilo experimental que recuerda al Eisner del mejor The Spirit.

Títulos integrados
Pero dejémonos de preámbulos y analicemos el magnífico y compenetrado trabajo que realizan Stephen R. Bissette y John Totleben. A pesar de lo complejo que puede parecernos el resultado final, el trabajo del dibujante es relativamente sencillo: con unas líneas extremadamente finas y precisas ejecutadas con pleno sentido de la proporción, tanto las formas generales como los detalles más ínfimos se plasman a través de una economía de medios pasmosa, sólo interrumpida –evidentemente– por el mayor grado de detalle que requieren las sinuosas formas de La Cosa del Pantano o criaturas similares.
Sin embargo, el dibujo alcanza un desarrollo intrincado cuando se une el entintado y todo lo demás. Ya hemos hablado aquí en muchas otras ocasiones de cómo la economía de medios tiende al embellecimiento y la estilización y, en oposición, una mayor profusión de líneas potencia la fealdad, el envejecimiento, el horror. Perfectos conocedores de ambas situaciones, Bissette y Totleben integran sus labores de tal forma que a la línea fina del primero se une un entintado/repaso vigoroso del segundo, en el que las manchas de tinta propiamente dichas se usan únicamente para resaltar volúmenes y reflejar la coherencia de la iluminación. Pero lo realmente característico de este trabajo es todo lo demás: el efecto de terror y ensoñación se consigue a través de la disposición de cientos de líneas paralelas muy próximas (una técnica conocida como hatching) y una cantidad menor de diminutos puntos (stippling) cuya combinación sobrecoge y desasosiega a partes iguales. Y precisamente el hecho de que el trazo mas funcional sea fino contribuye al acabado definitivo, al confundirse con estas dos técnicas ornamentales. Como alguien dijo una vez, sólo el que domina la técnica, puede dar rienda suelta a los sentidos.

En B/N y en color
La parte tibia del aspecto gráfico radica en un Rick Veitch demasiado empeñado en demostrar que sabe detallar estupendamente cuando se hace cargo de los lápices, aunque eso conlleve un estilo mucho más convencional y típico tanto en los volúmenes como en los rasgos faciales –puro años ochenta, he de decir–. Y la parte negativa, por su parte, se centra en la limitadísima paleta de colores de Tatjana Wood, quien aunque de vez en cuando consigue excelentes resultados –aumentando la complejidad de esa misma paleta–, la mayor parte de las veces desmerece el trabajo del resto del equipo proporcionando un aspecto similar a la plastilina.
Para terminar, las portadas al óleo y acrílico que John Totleben creara para la serie permanecen en el recuerdo de los lectores por su gran plasticidad y por su fluidez en la composición. Aquí os dejo mis favoritas, correspondientes a The Saga of the Swamp Thing #33 y #34 USA. Una delicia.

Dos soberbias portadas
Esta etapa de La Cosa del Pantano es por derecho propio todo un clásico de la Historia del Cómic, al tiempo que germen del genio de un autor tan consagrado como Alan Moore y símbolo plenamente vigente de una forma de hacer tebeos que, surgida en los años 80, buscaba demostrar que el medio es capaz de desarrollar cualquier concepto o género, de resultar enormemente potente, y de atraer a cualquier tipo de lector por exigente que éste sea.
En este mismo sentido, el altísimo grado de libertad creativa que se le concedió al guionista puso de manifiesto que, dentro de una gran editorial como DC Comics, los superhéroes en su visión más clásica y el Comic Code Authority podían permanecer en segundo plano para dar lugar a un tipo de historias mucho más adultas y consistentes. El tipo de historias –y personajes– que hicieron nacer el mismísimo sello Vertigo algunos años después (y bajo el que la colección se edita actualmente).
Pero es que además, más allá de lo que supuso para el cómic de la época, La Cosa del Pantano ha demostrado envejecer estupendamente, conservando sus tramas –y los ecos que de ella se desprenden– plena vigencia hoy en día. Estremecimiento, autodescubrimiento, horror, empatía, angustia, ecologismo, amor o violencia son muchos de los conceptos que se expresan a través de un cómic que, aunque tiene el aspecto formal de los relatos de terror, se construye sobre elementos tan antiguos como las emociones, las tensiones y el drama más clásico.

Sexo vegetal
Por todo ello, no puedo sino recomendar un tebeo que es por derecho propio una obra maestra y todo un clásico del Noveno Arte, sólo empañado por la presencia de unos personajes superheroicos que tal vez sobraran. Pero son menudencias… cualquiera que sepa un mínimo sobre el Universo DC (y ese mínimo básicamente consiste en saber quiénes son Batman, Superman, Green Lantern y la Liga de la Justicia) puede seguir la historia de quien una vez se creyó Alec Holland sin problemas. Al fin y al cabo, las concepciones que cambian un paradigma artístico siempre adolecen de vivir entre dos mundos sin pertenecer totalmente a ninguno de ellos: ése que cambian irremediablemente, y ése otro al que dan lugar. Honremos, pues, esta concepción de ese genio que es Alan Moore porque ambas –la concepción y Moore– se lo ganaron con creces.
Empezamos ofreciendo, en inglés y desde la página oficial de DC Comics, la famosa Lección de Anatomía (Saga of The Swamp Thing #21 USA) que redefinió por completo al personaje. Como siempre, para los que tengáis una velocidad de conexión baja os recomiendo hacer click con el botón derecho y guardar a disco.
Como viene siendo habitual, también ofrecemos el enlace al artículo correspondiente de la Wikipedia (en español y en inglés), así como a las fichas en Comic Book Database (1 y 2). Además, también resulta imprescindible tanto el artículo general como el dedicado en concreto a la etapa de Alan Moore en The Continuity Pages.
Igualmente esenciales resultan la impresionante base de datos Roots of The Swamp Thing, el artículo La Cosa del Pantano: La Odisea del Descubrimiento (una pequeña delicia) o el texto Swamp Thing: De Luisiana al final del universo (apabullante). Y no os perdáis tampoco estas completísimas anotaciones o la galería con todas las portadas originales. De postre, análisis de Hellblazer en esta misma web.
Curiosidades: todos las obras con el título Swamp Thing. También os presento una página dedicada a las obras audiovisuales relacionadas con el personaje y las fichas en imdb de la película de Wes Craven, su secuela, la serie de televisión y la serie animada.
Y por último, acceso a los artículos de la Wikipedia (esta vez sólo en inglés) dedicados a Alan Moore, Stephen R. Bissette, John Totleben, Tatjana Wood, Alfredo Alcala, Rick Veitch, Len Wein y Bernie Wrightson. También podéis echarle un ojo a las páginas oficiales de Bissette (la más interesante, con magníficos comentarios acerca de la obra), Totleben y Veitch.

ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 8:48h
Magnífico artículo, empecé la serie regular hace poco de planeta. Una lástima que los últimos números salgan en tomo pero mirandolo bien acaban la etapa, no como otras que se cancelaron dejando todo colgado(sandman etc)
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 9:21h
Pues yo de hecho no la seguí porque no era en tomos, y bastante tenia con Hellblazer en ese formato. Pero bueno, está en la lista de cosas pendientes a comprar
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 10:06h
Excepcional obra en todos los sentidos. Yo tengo los tomos en blanco y negro de Norma y ni maldita falta me hace comprarme el material en color (sobre todo con ese horrible formato sacacuartos de planeta). Alan Moore en estado de gracia con historias fascinantes de terror y fantasía aunque sin dejar esos pequeños argumentos utilizados para criticar la hipocresía americana en cuanto a la sexualidad (si, sexualidad, con todas las letras) y la moral. Considero American Gothic un compendío de grandisimos relatos cortos de terror, excepcionales cada uno de ellos en su género, y por encima de la historia que los engloba y cuyo final, enredado con la Crisis de Tierras Infinitas me decepcionó. Momentos increibles de lirimos y romanticismo mezclados con el terror mas oscuro y crudo (Arcana volviendo del infierno y levantando todas las almas condenadas)y la ciencia ficción en el tramo final (visitas a Rann, peleas con Thanagarianos y un viaje psicodélico con una nave espacial sentiente) y enlaces con el universo DC para que no olvidemos donde vive nuestro protagonista (Pelea contra Batman al que dicho sea de paso le da una paliza, complot de Lex Luthor). Una obra magnifica de principio a fin. Extremadamente recomendable.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 10:13h
Excelente artículo, José. Yo que estaba haciendo una deliciosa relectura de la serie aprovechando la edición planetaria y esperaba su conclusión para elaborar uno semejante (más corto, menos profundo) en mi blog, creo que me limitaré a reseñar la serie y linkartelo.
Plas! Plas! Plas!
Entre mis episodios favoritos están La Lección de Anatomía, el homenaje a Pogo, My Blue Heaven, Loving the Alien,… La verdad es que tenía el número 15 en el congelador esperando que saliera el 16, pero después de leer tu artículo, voy a tener que leerlo ya para quitarme este mono que me ha entrado.
Me ha encantado!
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 10:55h
Buen articulo. Solo dos cositas:
Stephen Bissete era un dibujante mediocre, sino directamente malo y quien elevaba a la estratosfera el nivel artistico era el redibujado (que no entintado) que le hacía John Totleben. Podeis comprobarlo en las fastuosas páginas que Totleben realizó en solitario en Miracleman.
La edicion Planeta ha sido un desastre, por culpa de los cambios de formato. Hace tiempo les sugerí en su web un “tochal” con todo el Swapy de Alan Moore… que seguro que se vendería como rosquillas en el Saló de Barcelona de 2010.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 11:25h
Hola a todos! En primer lugar muchas gracias por comentar y por los elogios. FranciX, especialmente gracias a ti, aunque la verdad es que me deprimiría si con este artículo le quitase las ganas de escribir a otros… que sepas que espero otro artículo de La Cosa del Pantano de tu pluma
jmponcela… respecto a lo que dices de Totleben… en base a los datos de que dispongo sólo se ocupó del dibujo en los números 48, 53 y 60, realizando labores de entintador de Bissete en el resto de las entregas. De hecho, en la galería de la página oficial de Totleben puede verse claramente cómo los lápices de las páginas que no corresponden a esos números se adjudican a Bissete. En todo caso, al documentarme sí observé que el binomio artístico que se da en La Cosa del Pantano no está tan delimitado como en otros casos y, por ello, introduciré una corrección en el texto para curarme en salud. Gracias!!
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 11:33h
Pues, personalmente, yo de la que pasé fue de la edición de Norma porque lo prefería a color, y si la he recuperado con la edición de Planeta (aunque hubiese preferido todo en tomos, y ya puestos, en tapa dura, que la obra sin duda se lo merece).
Por otro lado, sólo comentar que no comparto en absoluto que la reacción de Swampy cuando va a Gotham sea de “rebeldía adolescente”, sino más bien todo lo contrario: no es rebeldía sin causa ya que sabe perfectamente lo que quiere conseguir, no busca destruir el orden establecido más allá del impuesto por la doble moral humana (y en ese sentido es genial como convence Batman al alcalde insinuando que Superman es igual de “monstruo” que la Cosa del Pantano), y no necesita dañar a terceros para demostrar que tiene razón.
Eso sí, comparto plenamente que envejece estupendamente como obra maestra que es sobre temas universales…
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 11:35h
No me has entendido José, o yo me he explicado mal que es mas probable: quería decir que John Totleben, al entintar a Bissete mejoraba muchisimo sus lapices puesto que, por su forma especial de entintar tenía que redibujar casi enteramente los lapices: cambiaba volumenes, añadía texturas, completaba fondos…
Observando páginas enteramente dibujadas por Totleben vemos que no hay un cambio sustancial en la calidad del dibujo respecto a las dibujadas a medias con Stephen Bissette.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 11:39h
¡Hola Phantomas! Ya te echaba de menos!
Comentar que lo que dices de Swampy… nota que pongo “furia adolescente y rebeldía social”, estableciendo comparaciones con Romeo y Julieta en el primer caso y con Un enemigo del pueblo en el segundo. Vaya, que van por separado y el resto del párrafo va en consonancia con lo que tú expones. Lo de la furia adolescente lo incluyo porque se encuentra ese componente de ceguera típico en los amores de la adolescencia, capaces de sobreponerse a mil y una dificultades, y porque –quieras o no– es cuando vemos por primera vez a La Cosa abandonar su tranquilidad y su pausa habituales para entregarse enteramente, desatándose, a las emociones (no sólo el amor, sino también la furia).
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 11:43h
Mitad y mitad entonces, jmponcela… tú no te has explicado de una forma soberbia y yo he andado un poco corto a la hora de leerte XD Con la aclaración, totalmente de acuerdo.
Por cierto… si no es indiscreción, y dado que eres un comentarista habitual que tengo en bastante estima, ¿podrías decirme tu nombre de pila? Es que llamarte jmponcela me resulta extraño, aunque si lo prefieres te sigo llamando así.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:13h
La Cosa del Pantano es un cómic al que he tardado un tiempo en pillarle… la ‘maestría’. Es decir, desde el principio me gustó (la he comenzado con Planeta) pero no entendía muy bien el por qué de tantas alabanzas, ¿sería sólo por ser una obra de Moore? Pero ahora, con los últimos números y, sobre todo, con la macrosaga ‘American Gothic’ me estoy dando cuenta que estoy leyendo un cómic muy grande, influyente y decisivo. Es una serie que me ha ido calando poco a poco, hasta que sin darme cuenta voy a la tienda con ansias de más aventuras del monstruo del pantano. La pena es que ya sólo me quedan dos tomos por leer, pero al menos el recuerdo y las relecturas permanecerán. Todo un hallazgo, vaya.
P.D.: aunque sea inferior en calidad, espero que publiquen la etapa de Rick Veitch en 2009.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:19h
Sin duda, esta es una de mis grandes asignaturas pendientes. Aunque la leí en su día, quiero hacerme con la colección. Me compré los 2 primeros tomos en b/n que sacó Norma y en cuanto compruebe a partir de que número me tengo que subir al carro, me pongo a ello. Del mes que viene no pasa. Ah, excelente artículo, si señor.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:20h
Sobre la pareja Bissete/Totleben, es cierto que el aspecto entrincado y fantasmagórico de parte de la serie es debido al fastuoso entintado de Totleben.
Sin embargo, creo que Bissete, que era además un fanático de los bichos monstruosos, hacía muy bien la función de espina dorsal sin la cual los dibus de Totleben parecían perder la compostura por la falta de un buen diseño estructural y distribución de fuerzas.
Enmo, se notaba muchísimo cuando Totleben volaba sólo, sin Bissete, como pollo sin cabeza.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:21h
José, si entiendo que lo que quieres decir es que Swampy se rebela socialmente porque le afecta a su relación sentimental al igual que en Romeo y Julieta, pero si bien en esta última es el enamoramiento adolescente lo que existe y lo que genera el enfrentamiento contra todo y contra todos, el orden establecido era anteriormente perfectamente acatado, aqui creo que la relación de Alec y Abby es más profunda, y está basada en lo que cada uno de ellos aporta al otro a un nivel mucho más intimo que la simple calentura adolescente que todos conocemos, lo que me lleva a que la comparación evidente para mi sea La Bella y la Bestia, y no Romeo y Julieta, y la historia de fondo sea la incapacidad de aceptar al diferente y a como pretendemos imponer nuesta visión del mundo a los demás, antes que la rebeldía adolescente.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:23h
Uff, creo que lo de antes me ha quedado demasiado compacto… Mil perdones
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:45h
No, lo que quiero decir es que se rebela socialmente con un componente secundario de furia adolescente, entendiendo “adolescente” no como sinónimo de “calenturiento” sino de “tortuoso e intenso”. Si te das cuenta, la relación entre Abby y La Cosa antes de estos números era casi bucólica (sí, incluyendo el sexo).
Respecto a lo de La Bella y la Bestia, estoy de acuerdo en que supone una inspiración principal para la obra en cuanto a la caracterización de los personajes, pero no así de este arco argumental. Y es que la revuelta que vemos al final de la versión de Disney creo que es un aspecto inédito en la misma, no teniendo las versiones anteriores en cine o teatro (ni el cuento original, ni el mito de Eros y Psique en que se basa), ese componente. Los villanos en esas otras versiones de la historia solían ser menos (uno o dos, sin contar con las hermanas de Bella) y tener motivos económicos –como Avenant y Ludovic en la versión de Cocteau, que es bien conocida por Moore–.
Ahm… y por lo de compacto, no soy quién para hablar
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:46h
“…Enmo, se notaba muchísimo cuando Totleben volaba sólo, sin Bissete, como pollo sin cabeza….”
Te remito a los ultimos numeros del Miracleman de Alan Moore donde John Totleben te va a dejar sin habla… y donde vas a ver que Stephen Bissette tampoco aportaba tanto en los diseños de criaturas en Swampy.
Por cierto José, me llamo José Miguel Poncela: jmponcela
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 12:49h
Gracias entonces José Miguel… supuse que la j y la m serían indicativas (menudo Sherlock estoy hecho ¿eh?) pero la cantidad de variaciones posibles a base de José, Juan, Miguel o Manuel –por poner los más comunes– me hizo desistir de aventurar nada.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 13:09h
o María… yo apostama por José María
José, es que lo de “tortuoso e intenso” no creo que sea característica exclusiva de la adolescencia, tal vez por eso no nos ponemos de acuerdo… Y la furia de Swampy es muy controlada y está perfectamente enfocada, cosa no tan habitual en la rebeldia adolescente permitiendo que aquella gente que no está involucrada en la contienda y que moralmente se posiciona de su parte hasta confraternice con él.
Por otro lado, aunque es cierto que tenía en la cabeza la versión Disney de La Bella y la Bestia, en el mito de Psique y Eros el motivo había un componente de celos muy importante, motivo que también interviene en la obra de Moore aunque más soterradamente…
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 13:23h
Te quiero, tio. Pero mucho. Pedazo artículo. Clap, clap, clap.
Absolute ya! XD
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 13:48h
Hace poco pude por fin leerme toda la etapa Moore de un tirón, y la verdad me quedé sin palabras. Es un comic que todo friki o aficionado al terror en general debería leer.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 13:56h
No estoy de acuerdo Phantomas… échale un vistazo al último tomo de Planeta a partir de la página 23 y verás una narración que usa palabras, verbos y expresiones como “encolerizar”, “arrasar” o “evitar el poder y la ira”. Para mí aquí es donde La Cosa desata absolutamente sus emociones –con moraleja incluida– y, aunque no llega a matar a nadie, tampoco un adolescente lo hace cuando se empecina en embarcarse en una relación prohibida (como la que podría establecerse entre un español y una inmigrante no caucásica y viceversa). Y ya que metes los celos… ¿no son estos propios de amor más tempestuoso y quebradizo? Los adolescentes son mucho más celosos que la mayor parte de los adultos en sus relaciones.
Ahm y Alberto… jejejejejej… se hace lo que se puede. ¡¡Muuuuchas gracias!!
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 14:07h
En mi opinión. SWAMP THING es un comic imprescindible y uno de los gérmenes de VERTIGO.
¿Nádie tiene la edición de Zinco? A mí no me costó mucho hace unos años encotrar los retapados.
Por cierto, ¿alguién se acuerda de esta cita?:
“Quizá los Terrestres no sepamos mucho de las ocho estrategias básicas del combate aereo por inercia… Pero somos muy hijos de puta.”
Una una de los muchos muchos muchos momentos geniales de la collección.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 15:22h
Una de mis colecciones favoritas que ya tengo de la época de “Zinco”, e incluso el “Dossier negro” con “Lección de anatomía” que es una joya. Mi momento es la fantástica presentació y descripción de los miembros de la JLA en uno de los primeros números descritos como dioses impasibles que vigilan con curiosidad.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 16:01h
La etapa de Moore está llena de ejemplos de su maestría. Lección de anatomía, American Gothic y algunos números de la Saga del exilio son de lo mejor que ha escrito el barbas.
Gran artículo, como siempre..¿De qué me suena a mí esa imagen de ‘Mi cielo azul’?
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 16:31h
Jjejejejej, en realidad la saqué de Google Imágenes, Bruce… sin saber de dónde era (parámetros de búsqueda: “my blue heaven swamp thing”). Ya he hecho mención
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 17:21h
Cojonudo un post sobre Swampy, José. En mi opinión, la de Moore es la mejor etapa que haya habido en un cómic en toda la historia. Su Swamp Thing es mi tebeo favorito porque nunca he visto nada más increíble. En unos días me explayo con calma. Atesoro esta colección, de hecho suelo releer los tomos de Norma muy a menudo.
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 18:56h
Esroy en total desacuerdo con la minusvaloración de la pobre Wood (qué apellido más acorde con un cómic en el que el prota es un vegetal). Yo tengo la edición de Zinco, y ese color en papel normal gana muchísimo. Lo que pasa es que no es apropiado para el papel satinado. de hecho, creo que la edición de Zinco es la mejor de todas, si perdonamos la cagada de la splash page doble que aparece en las 2 caras de la misma página. Y si alguien hace filología en la UB, que sepa que la profesora Dúnia Gras se encargó de la traducción de esta edición, y de otras series de Zinco, y que su hermano es Sergi Gras. Pedidle un autógrafo!!
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 18:57h
No hacía falta. Buen rollo siempre
ha comentado el 12 Septiembre, 2008 a las 19:00h
Y American Gothic superchula, pero el final… Y el Invunche no me parece una amenaza amenazante, no sé si me explico.
ha comentado el 13 Septiembre, 2008 a las 5:08h
My Blue Heaven,Roots,el crossover con Crisis,el de la nave espacial femenina…y a no olvidar los dos números de rick veitch con metron (homenajeando a Jack Kirby y a Jorge Luis Borges,nada menos)
ha comentado el 13 Septiembre, 2008 a las 16:51h
Jaajaja…
No siempre podemos estar de acuerdo siempre, José…
ha comentado el 13 Septiembre, 2008 a las 17:08h
Y tampoco olviden la etapa de Mark Millar! es buenísima,no sé porque la defenestran tanto.
ha comentado el 13 Septiembre, 2008 a las 19:05h
Además sería muy aburrido, Phantomas
ha comentado el 14 Septiembre, 2008 a las 9:58h
Y tampoco es que discrepemos en mucho… Un matiz si acaso
ha comentado el 26 Marzo, 2009 a las 20:22h
NOTA: Este apartado, a pesar de que desarrolla un contenido totalmente personal, original y genuino, está estructurado para ser compañero del magnífico ensayo La Cosa del Pantano: La Odisea del Descubrimiento, de Luis Alboreca. Aparte de constituir una inspiración y un modelo enormemente difícil de superar, las posibles coincidencias conceptuales radican en que su análisis de la obra es tan certero que trasciende el mero texto subjetivo para constituir un desglose completamente objetivo de los conceptos que hay tras el cómic. Imposible, pues, realizar nada mínimamente consistente sin que aparezcan similitudes. Desde aquí, felicidades –y gracias– por el trabajo bien hecho.
Muchas gracias por los halagos. Es agradable que valoren el trabajo que uno realiza. Vamos, que me has subido la moral…
Tu artículo es muy bueno e instructivo.
Enhorabuena por esta magnífica página.
ha comentado el 26 Marzo, 2009 a las 21:46h
Muchísimas gracias Luis, pero tus parabienes no se merecen. Tu análisis era magnífico y dado que en cierta manera me inspiró en el mío, era justo reconocerlo. Enhorabuena también por tus textos.
Un saludo.
ha comentado el 27 Marzo, 2009 a las 19:52h
Un buen artículo merece los parabienes.
Un saludo.