AIDP: El jardín de las almas

 

AIDP Nº 07: El jardín de las almas
Edición original: B.P.R.D.: The Garden of Souls USA
Fecha de edición: junio de 2008
Guión: Mike Mignola, John Arcudi
Dibujo: Guy Davis
Color: Dave Stewart
Norma - 152 págs – 15 €

 
Descripción editorial


La serie protagonizada por los compañeros de Hellboy se ha convertido en uno de los cómics de superhéroes más atípicos y alabados por la crítica internacional.

El equipo regular de AIDP vuelve para contarnos una aventura en la que descubriremos el interesante pasado de Abe Sapiens durante la Guerra Civil Americana. Un descubrimiento que le llevará directo a las selvas de Indonesia y que le traerá a la luz antiguos recuerdos y desagradables amigos. Además Liz continúa con sus visiones apocalípticas y Johann hace un descubrimiento realmente interesante sobre uno de los miembros de la AIDP.

Reseña

No se tomen el principio de la siguiente reseña demasiado en serio.

Estoy algo molesto. Por recientes conversaciones con alguno de mis compañeros de ZN he podido comprobar que, hasta ahora, apenas nadie ha hecho caso de mis efusivas recomendaciones con respecto a AIDP. Por más que le he dedicado extensos artículos y loas varias, la gente sigue dudosa.

Entiendo que asumir la conveniencia de coleccionar una serie nueva, con los gastos que todos llevamos encima, necesita de su tiempo. Entiendo, además, que aquellos no demasiado atraidos por el Universo Hellboy presenten aún mayores reticencias. Pero, en el fondo, nada de eso sirve como excusa. Porque la serie vale el dinero que cuesta cada tomo y puede seguirse perfectamente sin necesidad de Hellboy ninguno. Incluso diría más, si ustedes quieren, con que la empiecen a coleccionar a partir del momento en que forman triunvirato John Arcudi, Mike Mignola y Guy Davis ya me doy por satisfecho; es decir, a partir de AIDP: Los muertos y siguiendo luego con La llama negra, La máquina universal y el tomo que hoy nos ocupa.

AIDP: El jardín de las almas pone de manifiesto una de las mayores virtudes de la serie, virtud que ya se ha venido intuyendo en todas y cada una de las entregas anteriores. Ésta es: el trágico y esquivo pasado de los integrantes del equipo. Fijémonos que, hasta Lobezno: el origen, esta peculiaridad – la del esquivo y trágico pasado – era uno de los principales atractivos de uno de los modernos personajes de cómic de mayor éxito. Como pasaba con el mutante canadiense, los miembros de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal arrastran todos retazos de un pasado confuso, fragmentos insuficientes de su vida anterior y del momento en el cual dejaron esa vida atrás. Porque todos ellos, también, son conscientes de haber traspasado, en un momento dado, una puerta hacia un espacio sin retorno. Una puerta por la que dejaron atrás la persona que eran para convertirse en alguien distinto; distinto a todos los niveles.

De manera especial, como puede comprobarse en esta historia, el pasado de alguno de esos miembros de AIDP hunde sus raíces en épocas particularmente relevantes para todo lo concerniente con la alquimia, el esoterismo y lo paranormal. Es el caso de Roger y Abe Sapien; incluso podríamos decir que de Johann Krauss porque, aunque su historia está fechada en nuestra época, la estética con la que se nos retratan sus quehacéres pasados tiene mucho de sesentera. De esta forma, los autores pueden permitirse enlazar nuestra contemporaneidad con esos pozos de lo sobrenatural que constituyen para el imaginario colectivo periodos como el Victoriano, la Edad Media o los años sesenta y setenta. De modo orgánico, en base a la vicisitud de unos personajes que ya nos son queridos, pasados cargados de potencia argumental devienen relevantes para lo que acontece en nuestro momento presente y estéticas barrocas y sugerentes pueden ser recuperadas para nuestro frío post-modernismo.

Todo ello constituye una de las principales virtudes de El jardín de las almas, por cuanto profundiza en el pasado de Abe Sapien y, al hacerlo, recupera para nosotros antiguas quimeras de la Era Victoriana y artilugios y criaturas propios de la imaginación desbordante de creadores como Julio Verne y H.G. Wells. Al tiempo, junto con la trama particular de este recopilatorio, sigue creciendo la expectación por esa trama mayor que de tiempo atrás se viene anunciando y que ha de enfrentar a la humanidad con su final.

Si alguna pega cupiese buscarle a este cómic – y de forma relativa – sería que el dibujo de Guy Davis se ha vuelto algo descuidado y no luce tanto como en anteriores entregas, especialmente en lo que se refiere al primer capitulo de la historia. De todas formas, es tanta la capacidad narrativa de Davis y tanta la expresividad de su trabajo, que para nada esa mayor ligereza del dibujo resta fuerza a la potencia del argumento; cuando no, simplemente y cuando Davis así lo desea, la acrecienta.