INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL, de Steven Spielberg (Crítica III)

 

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL (Estados Unidos, Aventura, 127 Minutos)
Dirección:
Steven Spielberg.
Guión: David Koepp.
Reparto: Harrison Ford, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, John Hurt, Karen Allen, Jim Broadbent.
Música: John Williams.

 

Resumen: Es 1.957 pero poco han cambiado las cosas para Indiana Jones. Allá donde va los problemas le siguen. En esta ocasión un grupo de agentes soviéticos –liderados por la gélida Irina Spalko- intenta hacerse con la Calavera de Cristal, un poderoso artefacto de virtudes inimaginables. Lo único que se interpone en el camino de los comunistas para lograr su objetivo es el Dr. Jones. Pero el tiempo ha causado estragos en el héroe y esta vez su misión no será tan fácil.

La Experiencia: Cuando hace unos cuatro años comencé a reseñar películas, decidí imponerme un código interno para seguirlo a rajatabla. El hecho de situarme en la cómoda postura del que se permite juzgar el trabajo de muchos otros, me obligaba en cierto modo a poner límites a mi labor. En este cuaderno de estilo figuraban normas como mantener siempre la independencia en mis opiniones, evitar desvelar detalles de la película, expresarme con brevedad y ante todo, no exponer mis propias emociones sino el fruto de un análisis objetivo. Este último punto suponía para mí el paso atrás que un observador da ante un cuadro para obtener una mejor perspectiva. Era comprender que de poco servían mis emociones a otro espectador que buscaba la verdad sin fisuras. Pero hoy la ocasión –para mí una meta soñada desde hace años- se merece hacer ciertas excepciones.

El lado negativo de situarse en el bando del analista es que en base a esa normativa citada, el proceso resulta puramente cerebral. Es como si al tener un plato de alta cocina en la mesa, se realizara una meticulosa separación de los ingredientes y se evaluaran tanto por separado como en la mezcla, en vez de simplemente degustarlo. Cierto es que esta visión fría –casi científica- del cine aporta conocimiento (o al menos una sensación de conocimiento) que permite que cuando se deja de atender al polvo de hadas, se puedan oír los engranajes de la maquinaria que lo produce. Pero lo que se gana en sabiduría, se pierde en atracción. Para mí el cine ha perdido después de estos años parte de su magia para convertirse en un producto manufacturado.

Cientos de reseñas me han permitido ver películas de todo tipo: buenas, malas, olvidables, contraproducentes, magníficas y conmovedoras. De acción, aventuras, romance, drama y misterio. Americanas, francesas, austríacas, surafricanas o rusas. Pero de todas ellas, muy pocas han logrado atraparme de tal modo que pudiera olvidar mi cometido y dejarme llevar sin ataduras. De modo que cuando llegaba una mala racha plagada de productos sin alma, tenía mi propio salvavidas. Se trataba de tres películas originales, en VHS individuales ya envejecidos por el exceso de uso, que no importaba cuantas veces las viera. Siempre conseguían algo de lo que otras, a pesar de su novedad, eran incapaces. Conseguían hacerme sentir.

Esa es probablemente la diferencia entre Indiana Jones y sus competidores. Indiana Jones no son películas. O al menos no sólo películas. Indiana Jones es una experiencia. Es sentir el impacto de la innovación / renovación que fue En Busca del Arca Perdida para el cine de aventuras. Es dejarse llevar por el endiablado ritmo de El Templo Maldito. Es vibrar cada minuto con la trepidante persecución de lo divino que era La Última Cruzada. Indiana Jones era aventura, era emoción, eran nervios. Era no levantarse en la pausa publicitaria porque cada instante de metraje era oro puro. Era morderse las uñas minutos antes de que empezara la película. Era gritar de tensión. Era reír a carcajadas. Era mirar a un personaje como si fuera tu mejor amigo. Era tararear eufóricos la mítica fanfarria mientras los héroes cabalgaban hacia la puesta de sol. Era sentir que cualquier cosa podía pasar. Era verse involucrado en una aventura auténtica como si las butacas, los espectadores de al lado y la propia sala hubieran desaparecido. Indiana Jones no se veía. Se sentía.

Eso era lo que marcaba la diferencia. Lo que ha logrado convertir a un personaje en un icono y a una saga en un gancho capaz de movilizar a millones de personas tras veinte años de ostracismo. Pero todo cambia…

Valoración:

Calidad Respecto a la Saga:
Diversión:
Mitomanía:
Innovación:
Reparto:
Guión:
Dirección:

Crítica: Siendo catastrofistas se podría afirmar que es el fin de una era. Es el momento de adoptar una pose lacónica y meditar con melancolía sobre los buenos viejos tiempos ante una botella. La aventura ya no es lo que era. Los parajes exóticos, las culturas milenarias, los artefactos divinos… Todo es ahora un juego de artificio en el que lo llamativo es lo que más brilla y no lo más valioso. Como una atractiva baratija en el Museo Británico. Pero lo que no se adapta, muere. Y lo que no se mueve, caduca. Este Reino de la Calavera de Cristal es la actualización –que no evolución, ya que eso implica mejora- de una leyenda a los tiempos modernos. El esperado regreso de Indiana Jones nos le trae transformado en un blando producto para todos los públicos que ha perdido la garra de antaño. La complejidad narrativa se ha esfumado. El ingenio se ha perdido. La capacidad de impactar ya no está. Y lo que es peor -lo que realmente es la clave del asunto- el espíritu, la esencia… se ha evaporado.

Ni la presencia de un genio como Spielberg tras las cámaras, ni la de un maestro como Koepp en el libreto, ni el mejor elenco de actores de la saga puede remediar esa pérdida. Steven Spielberg vuelve a crear un filme gigantesco, con una capacidad de atracción mayúscula, una seductora puesta en escena y un concepto del entretenimiento inigualable aún hoy en día. El director se ampara en el imaginativo texto de su guionista y ante todo, en un formidable Harrison Ford –en plena forma- que esta vez se las tendrá que ver con una malvada y carismática Cate Blanchett, en estos momentos probablemente la actriz más versátil del star system. El Reino de la Calavera de Cristal es sin duda la mejor película de aventuras que ha pasado por cartelera en años.

Pero la propuesta no cuadra. Ese paso de las leyendas religiosas y la inspiración pulp, a las referencias a neomitos nacidos a mitad del siglo XX, se antoja como un salto al vacío demasiado brusco. En un factor que probablemente haya conseguido arrancar una sonrisa maligna al denostado genio Frank Darabont, y demostraciones de pavor, sorpresa y pánico al respetable público. El forzado tono familiar montado a la medida de las exigencias de la taquilla, convierte ciertos pasajes en pequeños calvarios para la vergüenza ajena del fan. Las relaciones entre los personajes y las motivaciones de alguno de ellos, parecen sacadas de un recopilatorio de estereotipos. El exagerado ensalzamiento del héroe termina convirtiéndose en una forma diferente de desmitificar su prestigio. Su invulnerabilidad, en una herida mortal.

El Reino de la Calavera de Cristal es por tanto una película CON Indiana Jones, pero no DE Indiana Jones, lo que hace de cualquier comparación con la saga original un ejercicio de excesiva crueldad. La presencia del hombre del sombrero es meramente anecdótica, ya que cualquier otro personaje podría habérselas visto con el peligro en esta fácilmente descriptible mezcla entre los mejores momentos de La Momia, Expediente-X y Piratas del Caribe.

Acción, ritmo, ingenio, impresionantes efectos especiales, un gran reparto… Nada de eso puede paliar el tremendo vacío que se percibe de fondo. Pero el mundo cambia. El cine cambia. E Indy ha cambiado. O tal vez, hemos cambiado nosotros.

LA FRASE: “Llega un momento en el que la vida deja de darnos cosas y comienza a quitárnoslas”.

EL GUIÑO:

Aviso de Spoiler

Como no podía ser de otra manera, el filme comienza con el habitual fundido entre el símbolo de Paramount y un elemento del paisaje. Esta vez la mítica montaña se transforma en la guarida de un perrillo de las praderas.

Indy escapa del almacén tras destrozarlo absolutamente todo. De una de las cajas rotas surge la silueta dorada del Arca de la Alianza.

Dos formas de recordar a Sean Connery. En la persecución en moto por la universidad Mutt sonríe ante el gesto serio de su padre cuando el coche de sus perseguidores destroza la estatua dedicada a Marcus Brody. Más tarde cuando los rusos disparan a nuestros héroes, Indy clama “¡Esto es intolerable”, frase más repetida por Henry Jones Sr.

EL MOMENTO:

Aviso de Spoiler

El héroe corre sobre una pila de cajas mientras la villana huye a toda velocidad en su vehículo. Hace restañar su látigo, lo lanza contra una viga, se engancha, se deja caer y… no llega por milímetros. Toque cómico, ingenioso y crepuscular para una leyenda avejentada.

LOS MOMENTOS WTF!:

Aviso de Spoiler

El mejor método para evitar morir en una explosión nuclear es introducirse en una nevera y dejar que la propia onda expansiva te aleje del peligro sin la menor preocupación.

Ni ramas, ni lianas. Lo mejor que se puede encontrar en la jungla para rescatar a alguien de unas arenas movedizas es una enorme serpiente. Aún más recomendable si el interfecto las odia a muerte.

Tarzán LaBeouf. Mutt se lanza de liana en liana a través de la selva mientras una horda de monos le sigue. Como Mutt es el bueno, los monos atacan a los villanos en cuanto les ven.

Viajeros interdimensionales, extraterrestres, control mental, telepatía… Si el Dr. Jones fuera un estudioso de la ufología tal vez pegara. Pero ver a Indy contemplando un gigantesco platillo volante es algo estremecedor. Igual que ver a un hombrecillo gris de otro planeta fruncir el ceño ante una desconcertada comunista.

¡Indy se casa! De esto es imposible no culpar a George Lucas, con su manía de sacarse dobles finales con bodas de por medio. El enlace es aún más chocante cuando se supone que Marion e Indy han pasado años sin verse tan campantes. Menos mal que al menos se aplaca el momento WTF absoluto de la película, cuando Mutt está a puntito de ponerse el mítico sombrero.

O.K.: Entretenimiento inigualable en una de las mejores películas de aventuras de los últimos años.

K.O.: Desmerece al mito con una propuesta chocante, un tono familiar vergonzoso y un vulgar intento de spin-off.

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