Los Vengadores de los Grandes Lagos: Desunidos

 

Guión: Dan Slott y Fabian Nicieza.
Dibujo: Paul Pelletier y otros.
Formato: Tomo de 200 páginas.
Precio: 12 euros.
Panini comics.

 

Vengadores de los Grandes Lagos es a ratos una comedia, a ratos un acto de rebeldía. Pero en todo momento, es un buen cómic. 200 páginas de buen, buen material.

Es una comedia cuando tanto Slott como Nicieza ponen sus plumas al servicio de los diálogos y empiezan a saltar chispas. Cuando las situaciones se vuelven tan histriónicas y ridículas que se tornan encantadoras, o cuando juegan con la propia naturaleza de los superhéroes. Los guionistas se divierten haciendo malabares con elementos del Universo Marvel, ingeniosas ocurrencias, gags y chistes, y el resultado es francamente positivo. A veces fino, a veces socarrón, saltando del humor negro a la ironía y de la ironía a la mofa, Vengadores de los Grandes Lagos tiene todo lo que le puedes pedir a un cómic en el que el humor es el protagonista.

No es perfecto, no obstante. La caracterización del grupo como perdedores es un recurso que ya se ha empleado para hacer a sus miembros más entrañables (como la reciente JLI de Giffen y DeMatteis) y si bien en general cumple su propósito con unos personajes divertidos, de intenciones sinceras y realmente heroicos, ocasionalmente cae en tópicos. No llega a empañar el resultado, pero podría ser mejor en este aspecto. Y por supuesto, algunos chistes no son tan graciosos, o se ven venir, pero es por pura ley de probabilidades: habiendo tantos, es asumible que alguno salga rana.

En segundo lugar, Vengadores de los Grandes Lagos es un acto de rebeldía. Rebeldía contra la no tan moderna corriente de inyectar en los cómics de superhéroes dosis de drama, morbo, personajes y tramas oscuras y deprimentes para darle una cobertura de madurez, como si actualizar el género a los tiempos modernos implicase aplicarle una gruesa capa de negro. Coge algunos elementos de otras historias y los retuerce, los lleva a su terreno y se cachondea alegremente de ellos, cuando no los denuncia directamente, sacando a relucir las incoherencias y sinsentidos que les caracterizan. Para rematar, tiene sus propios momentos sobre la pérdida, el duelo y la muerte (tanto en la historia principal como en las cortas, de las que hablaré más adelante), escritos con sensibilidad y clase, dando una lección sobre cómo evocar sentimientos y hacer reales a los personajes sin caer en las cenagosas aguas del melodrama. Y aún saca tiempo y espacio para meter el dedo en el ojo de los aficionados demasiado quisquillosos. Una labor digna de elogio y ejecutada con elegancia. Fantástico.

Además de la miniserie original, que es una sólida historia superheróica, construida con oficio aunque siempre con el humor en primer plano, el tomo incluye algunas historias sueltas cuyo resultado va desde lo aceptable a lo brillante. Las peores no son especialmente malas y tienen algunos momentos buenos que las salvan; pero eso sí, el resto las compensan con creces. Fieles a la fórmula primigenia, son capaces tanto de arrancar carcajadas como de crear momentos realmente íntimos. Esto que para muchos guionistas supondría un salto sin red, Slott lo lleva como si fuese un paseo por el parque.

La última historia de Nicieza, con Masacre como invitado, encaja como un guante con el contenido anterior; aunque es un poco más salvaje. Donde Slott daba cachetes, Nicieza da patadas en la boca. Desenfadado, distendido, con una premisa imposible y un Masacre encantador e intratable, es un muy buen complemento.

El dibujo corre a cargo de varios artistas, y se adecúa al tono de la historia. Detallado, expresivo y efectivo con Pelletier, sobrio con Grist, cómico con Kazaleh y Medina… Pelletier brilla por encima de todos, llenando las páginas con mucho detalle y conduciendo la historia con un alto nivel de calidad, reflejando como un espejo lo que Slott quiere transmitir. Es la buena química que ya vimos en Hulka, pero ampliada. El resto están correctos, siendo Haley el que se lleva el dudoso honor de peor resultado, con un trazo poco definido, casi sucio, que no termina de pegar con el tono de la historia.

Vengadores de los Grandes Lagos es un cómic que deberías comprar. Busques lo que busques (una historia bien llevada, gags desternillantes, críticas ácidas, diálogos ágiles, personajes simpáticos) vas a encontrarlo; es sorprendentemente bueno y muy divertido. Y si algunas decisiones editoriales basadas en meter angustia te hacen rechinar los dientes, es un ejercicio de deliciosa catarsis. Como guinda, el dibujo acompaña y el precio es muy bueno, así que hazte un favor y dale un sitio en tu estantería.