DMZ: El cuerpo de un periodista

 

Edición original: nov. 2005; Vertigo (DC Comics).
Edición España: mar. 2008; Planeta DeAgostini.
Guión: Brian Wood.
Dibujo: Riccardo Burchielli, Brian Wood, Kristian Donaldson.
Entintado: Riccardo Burchielli, Brian Wood, Kristian Donaldson.
Portadas: Brian Wood.
Color: Jeromy Cox, Brian Wood.
Rotulista: Jared K. Fletcher.
Precio: 12,95 € (Rústica, 168 págs.)

 
Introducción y notas a la edición


Post de referencia. DMZ: Sobre el Terreno

En marzo nos ha llegado –no muy separado del primer volumen– este segundo tomo recopilatorio de DMZ que, conteniendo los números #6-12 de la edición estadounidense, demuestra que estamos ante una de las mejores series del sello Vertigo actualmente en publicación. Mi consejo, como ya dije en su día, es que ambos ejemplares deberían leerse de corrido sin tiempo entre ambos, pues en este DMZ: El cuerpo de un periodista asistimos al primer arco argumental propiamente dicho de la serie, tras ese comienzo frenético y esas pequeñas historias que leímos allá por noviembre.

Son en total cinco números en los que se observa a un Brian Wood que ya no tiene que presentar personajes y en los que Riccardo Burchielli está totalmente a sus anchas, mostrando un dominio del apartado gráfico mucho más fresco. Los dos números restantes se reparten entre una historia autoconclusiva acerca de los orígenes de Zee Hernandez, con Kristian Donaldson como dibujante invitado, y un paseo por los lugares comunes de la DMZ que simula ser un reportaje fotográfico del protagonista, esta vez con Brian Wood como artista completo. Atentos a éste último capítulo porque, sin contar ninguna historia, resulta especialmente magistral, al tiempo que entronca claramente con los números autoconclusivos de Transmetropolitan que se dedicaban a exponer los artículos de Spider Jerusalem para The Word.

Sobre la edición de Planeta decir que es ejemplar. Correcta, con el mismo formato que empleó para el anterior tomo y sin errores perceptibles en la traducción o la maquetación. Los dos únicos puntos negativos vuelven a ser la falta de numeración de colección (general en toda las obras de este sello) y algo que ya dije en la anterior reseña, a saber: la ausencia de un mapa, un plano o un referente urbanístico similar para el lector no estadounidense. Vuelvo a decir que estamos ante un tebeo que explota al máximo, como nunca antes había visto, las calles y los lugares comunes de una ciudad como Nueva York que, aún siendo universal, no es conocida en profundidad por todos los mortales. No estaría mal que en el próximo volumen alguien incluyese como extra exclusivo de la edición española un buen dossier de este tipo, más allá de la estricta fidelidad al TPB original.


Mapa de la DMZ por Brian Wood
para el #12 de la serie

Argumento

Matthew Roth ya se ha convertido en una leyenda. Sus informes diarios emitidos a través de la cadena Liberty News le han proporcionado un prestigio inusitado para los profesionales de su edad, tanto dentro como fuera de la DMZ… e incluso más allá. En efecto, su voz y sus imágenes han llegado también hasta New Jersey, el territorio controlado por el Ejército de los Estados Libres. La impresión de independencia que su trabajo ha causado a los líderes de esta última facción hace que vean en Roth al candidato perfecto para llevar a cabo una entrevista, pero poco sospecha nuestro protagonista que cuando acepte esta proposición se verá inmerso en una trama política mucho más compleja. No lo quieren como entrevistador, sino como interlocutor para llevar a cabo con el gobierno USA una negociación que afecta a un prisionero muy especial y mediático, cuya aparición convulsionará la vida de Matthew y sorprenderá enormemente al lector.

Aviso de Spoiler

Se trata de Viktor Ferguson, el periodista que dirigía el grupo de Matthew y al que todos dimos por muerto en el primer volumen.


Viktor Ferguson está vivito y coleando

Intentando no dejarse manipular por los poderes fácticos que le rodean, Roth deberá acabar por tomando partido mientras observa cómo gobiernos, grupos informativos, amigos y colectivos priman sus propios intereses por encima de cualquier deontología, vendiendo sus supuestos ideales si hace falta aún a costa de la verdad. No es de extrañar por tanto que, cuando llega la hora de escoger un bando, comprendamos que la nueva voz de la DMZ hacía ya mucho tiempo que se había unido a él.

Nuevo volumen, nuevas reflexiones

Si por algo me atrae DMZ es porque con cada número se ahonda más y más en un desalentador retrato de la sociedades occidentales y de cómo son capaces de pervertir un sistema a priori tan loable como es la democracia. A poco que se entienda un poco esta forma de estructuración del Estado, uno encuentra que la clase política, lejos de ejecutar las medidas que mejor solventen los problemas de los ciudadanos, tiende a poner en práctica aquéllas que hagan de sus líderes dirigentes más populares. De la misma forma, cuando se trata de llevar a cabo una medida inicialmente impopular, tratan por todos los medios de conseguir cambiar esa valoración, precisamente para no enemistarse con el inconsciente colectivo de los votantes. Y es que, reconozcámoslo, la democracia sólo puede existir y funcionar adecuadamente si existen mecanismos que permitan a los individuos estar verazmente informados. Sin información, el voto carece de base y de sustento… se convierte en la adhesión incodicional e irreflexiva a unos ideales que se pueden estar corrompiendo, o en un fenónemo de masas no muy distinto a formar parte de una afición deportiva. Pero, pese a lo que podría parecer, la falta de información en democracia no es un enemigo del sistema, pues con libertad puede subsanarse. La auténtica enemiga de la democracia es la ilusión de poseer información veraz, sin que ésta llegue nunca a serlo.

En efecto, la manipulación de la información equivale a la manipulación del electorado, del voto y del propio sistema. Intentos de manipular las noticias los vivimos a diario: estamos en plena campaña electoral y basta con comprar un día dos periódicos de distinto cariz para darnos cuenta de hasta qué punto un mismo hecho puede tergiversarse para favorecer a unos u a otros. ¿Hasta dónde llega la opinión y dónde empieza la rigurosidad en una noticia? ¿Pueden estirarse tanto los hechos como para que compongan un prisma favorable a cuantos deseen estar en posesión de la verdad? Son preguntas para lanzar al aire y supongo que cada uno puede contestárselas… pero sobre lo que sí podríamos hablar es acerca de qué exacta responsabilidad tienen los medios de comunicación en esta manipulación informativa o, mejor dicho, sobre si es lógico pensar que un medio informativo –como ese Liberty News para el que trabaja Matthew Roth– no tenga intereses propios.


Portada del DMZ #12

Lo cierto es que la independencia de un medio informativo es algo que siempre está en entredicho: si es público, la sombra del poder planea bajo sus redactores; si es privado, lo hará su consejo de accionistas. Pero descontando los intereses espurios que los mass media se creen de forma clientelista con un partido político o un poder fáctico (o viceversa, no seamos ilusos), la triste realidad es que a un nivel teleológico periódicos, televisiones y radios viven de la noticia, de la misma forma en que los médicos viven de las enfermedades o los policías de los criminales. Y en muchas ocasiones, no hay noticias; o al menos, no del grado que permite cubrir las ventas y atraer muchos anunciantes.

Así pues, manipular un hecho o escoger un bando al que apoyar a través de la línea editorial de un periódico sólo son herramientas para aumentar una tirada y elevar las audiencias; y hemos de aceptar la posibilidad de que las relaciones entre clase política y ese estamento que tantas veces se ha dado en llamar “Cuarto Poder” puedan no ser servilistas, sino simbióticas, retroalimentadas e intrínsecas a la naturaleza de ambos sin que pueda discernirse exactamente quién se sirve de quién. El propio Brian Wood lo comenta a propósito de este tomo: “desdibujé los límites voluntariamente en este punto entre militares, personal del gobierno y miembros del grupo de comunicaciones para crear la idea de que todos son una misma cosa”.

¿Tan impensable es que una realidad se cree o se magnifique con la mera voluntad de tener un hueco en el vasto entramado de poderes y finanzas? ¿Es tal vez ésta una ilusión paranoide propia de los “teóricos de la conspiración”? Supongo que podríamos contestar a estas dos preguntas con la frase que en 1897 dirigió a sus fotógrafos el magnate de la prensa William Randolph Hearst –ése que inmortalizó Orson Welles en Ciudadano Kane– a propósito de la Guerra de Cuba: “ustedes pongan las imágenes, que yo pongo la guerra”. Tristemente, y volviendo a parafrasear, no hay mejor noticia que una mala noticia, y sin duda la peor de ellas es una guerra.


No hay mejor noticia
que una mala noticia

Y sin embargo, el propio tebeo resulta optimista a la hora de transmitir cómo a través de las acciones individuales un profesional del periodismo puede marcar la diferencia y aislarse de un entramado que, a priori, poco tiene que ver con su vocación. Desde que dejásemos a Matthew Roth a su suerte en la DMZ la última vez que lo vimos, su vida ha cambiado… ahora es un profesional reconocido tanto en su cadena (por los dividendos que genera) como en la calle (por su veracidad a la hora de transmitir la vida diaria de la Zona Desmilitarizada). Poco a poco, ha ido labrándose y ganándose su pertenencia a un mundo al que, cuando llegó en el volumen anterior, era absolutamente extraño. En palabras del guionista de la obra: “tiene amigos, un lugar donde descansar y ha sido aceptado por la ciudad hasta un determinado grado. Tolerado, mejor dicho. Todavía está por determinarse si acabará siendo ‘uno de ellos’ o mantendrá su estatus de ‘forastero’. A un recién llegado le cuesta un buen tiempo ser considerado un neoyorquino, ¡tanto en la vida real como en DMZ!”.

Vemos por tanto cómo el protagonista no sólo examina el conjunto, sino que ha empezado a formar parte de él; cómo ha trascendido la mera instrumentalización de su profesión como medio de vida para, desde la lícita retribución económica, tener un alto sentido de su responsabilidad civica. Siguiendo el ejemplo que poníamos antes, un médico no observa a los enfermos como una potencial fuente de ingresos, sino como iguales a los que restituir su salud para darles más y mejor tiempo de vida. Un policía no se enfrenta al crimen teniéndolo por un mal necesario para llegar a fin de mes, sino con la voluntad de proteger a los inocentes. Y un periodista no mira a la noticia y sus implicados como un medio para ganar audiencia, sino con el doble objetivo de dar a conocer una situación que merece ser conocida y hacer justicia tanto a protagonistas como a consumidores de la misma.


Consecuencias

Sólo cuando un periodista tiene claro a quién se debe, antes que a nadie, puede ejercer libre y honradamente su trabajo. Sólo cuando comprende que su papel resulta fundamental para el buen funcionamiento de un sistema político que se mueve en base a grupos de opinión y clamores populares (y nunca en su contra), podrá constituirse en un profesional digno de mirarse al espejo. Sólo cuando asimila que la pluma es más poderosa que la espada, entenderá el alcance de su enorme capacidad y de lo que el concepto de “Periodismo” acarrea. Y es que, si algo hemos aprendido los lectores de cómics a lo largo de nuestros muchos años de afición es que un gran poder conlleva siempre una gran responsabilidad. Tal vez la sociedad en general debiera atender más a una máxima tan simple, antes de pasar a ideas de más altos vuelos. Ahí queda eso.

Novedades a los lápices

El trabajo de Riccardo Burchielli en DMZ ha mejorado mucho desde el anterior tomo. A nivel compositivo, tiende a hacer unas viñetas de mayor tamaño, tanto en los pasajes relativos a la acción (con muchas viñetas de 2/3 de página y abundantes splash pages) como en los referidos al desarollo de diálogos entre los protagonistas –en parte debido a un aumento del texto por parte de Brian Wood–. El resultado es una mayor espectacularidad al tiempo que un mayor preciosismo a la hora de detallar a los personajes y sus facciones; preciosismo que constituye, de hecho, su evolución en el terreno artístico, pues sus figuras humanas se alejan del aspecto casi feísta del primer tomo para resultar mucho más agradables. Incluso diríase que los movimientos y la dinámica de las mismas son más suaves; más naturales. A otros niveles, todo lo que dijimos en el anterior artículo sigue siendo válido.


Evolución del trabajo de
Riccardo Burchielli

En el número #11 (Zee, NY), el italiano cede el puesto a Kristian Donaldson, quien ya había trabajado con Brian Wood en Supermarket para IDW y que hace las veces de dibujante invitado. Una figura de la que por cierto Brian Wood afirma que podremos verla regularmente a lo largo de la serie, aunque siempre en números autoconclusivos como éste. Sea como fuere, el trabajo de Donaldson se distingue claramente del de Burchielli: en comparación, el primero usa un entintado mucho más profuso, acompañado de aumento de la simplicidad y el grosor de la línea así como de una paleta de colores a base de tintas planas y ciertos colores predominantes a modo de filtros. A nivel figurativo, los personajes tienden a estilizarse tanto facial como corporalmente, aunque los registros expresivos se encuentren más limitados (y a la vez forzados).


Trabajo de Kristian Donaldson
para DMZ #11

Finalmente, en el número #12 (New York Times) Brian Wood demuestra que le ha cogido el gusto a esto de dibujar. A pesar de que su voluntad inicial cuando comenzó con la serie era la de sólo dibujar 4-5 páginas por número –por falta de tiempo y práctica para acometer un proyecto mensual, básicamente– aquí se desmarca con 24 páginas para él solito, aunque con un formato un tanto especial. En sus propias palabras: “La mejor forma de describirlo sería [comparándola con] una guía turística, una guía de viajes. Matty ha pasado un año en la ciudad y esta es su guía al respecto, dividida en secciones, como Música, Restaurantes o Arte, así como con entrevistas a pie de calle. No hay mucho de cómic tradicional con diálogo y bocadillos, sino que consiste en ilustraciones y párrafos de texto, como si fuera una revista”.


Guía de la Manhattan a la que
Wood dedica el DMZ #12

¿Por qué ha cambiado de idea? Nuevamente citándole: “Tan sólo cambié de opinión. Después de haber realizado unas cuantas páginas durante unos pocos números, me di cuenta de que no me satisfacía. Tres páginas cada vez no era suficiente. Así que antes de empezar este arco argumental le pregunté a mi editor, Will Dennis, si podíamos hacer algo al respecto y me dejó llevarlo a cabo”. En total, sacar este número adelante –que “va sobre la ciudad, y no sobre Matty”– le ha llevado poco más de un mes, tiempo tras el cual ha quedado agotado. Y es que, excepto de rotulación, se ha encargado de todo. No obstante, afirma que desea hacer un número de estos aproximadamente cada 12-18 meses, pues le gusta explorar todos los aspectos socioculturales del mundo que ha creado, más allá de las curiosidades que pueda intercalar de pasada durante los arcos argumentales –más centrados en las aventuras de los protagonistas–. En mi caso le alabo el gusto, pues nada me atrae más que un espacio ficcional que existe por sí solo más allá de que un personaje lo esté pisando. Y, de paso, reafirma lo que dije en mi primer articulo sobre esta serie: Brian Wood quiere inventar Historia, más allá de simplemente inventar “historias”.

Valoración personal

El hecho de que le haya dedicado a un segundo volumen de una colección que ya he analizado en profundidad previamente un espacio tan largo puede dar idea de lo que pienso acerca de esta serie. Pero por si acaso, lo diré claro: la recomiendo fervorosamente, y cada vez crece más mi entusiasmo por ella. He de decir que cuando analicé el primer tomo, yo ya había leído esta continuación, de modo que contaba con elementos de valoración más fundamentados que los lectores que se lo habían comprado; lectores que, si bien se vieron complacidos por su adquisición, notaron cierta deriva narrativa consecuencia de la falta de un arco argumental definido, formato al que estamos acostumbrados en esta línea.

Pero es que, el primer arco argumental de DMZ tiene lugar en El cuerpo de un periodista y no en Sobre el terreno. La maravilla consiste en que, al tiempo que se remarcan los motivos y reflexiones contenidos en los cinco primeros números, éstos que nos llegan ahora introducen nuevos matices y argumentos conceptuales que se desarrollan con mucha más profundidad mientras que se fusionan con aquéllos en una sinergia que los potencia a todos.

Si a eso le sumamos un apartado gráfico cada vez más llamativo, fresco y genuino no quedan excusas para no comprar un tebeo que es, por encima de todo, una desencantada parábola social y política de nuestro tiempo, imaginaria en cuanto a contexto, pero completamente realista en cuanto a situaciones. En definitiva, una maravilla.

Enlaces recomendados

Resulta enormemente ilustrativo al respecto de este volumen leerse tres artículos en inglés, cuyo contenido reproducimos parcialmente a lo largo de esta reseña. En concreto son Showing the DMZ: Brian Woods talks DMZ #12 así como Living in the DMZ: talking to Brian Wood (ambos de Newsarama) y Body of a journalist: Brian Wood talks life in the “DMZ”, éste último de Comic Book Resources. Para más información, os remito al primer artículo publicado en esta página sobre DMZ, cuyo enlace tenéis al principio de esta entrada.

Última actualización de este artículo: 23 de enero de 2010