El Universo Ultimate se cuela en The Washington Post con Divided We Fall

Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación trata información de actualidad en Estados Unidos, por lo que puede desvelar detalles argumentales que todavía no han sido abordados en la edición española.

Desde sus orígenes, el Universo Marvel siempre ha buscado mantenerse cercano a sus lectores ya se sobreponiendo el carácter humano de sus personajes por encima de sus vidas superheroicas o haciéndose eco de las tendencias y acontecimientos que tuvieran lugar en el mundo real. Es muy probable que más de uno recordés como Stan Lee y Jack Kirby abordaron cuestiones de interés público como la Guerra Fría, la paranoia ante el comunismo encarnada en la infame caza de brujas del Senador Douglas McCarthy o la carrera espacial. A finales de la década, John Romita plasmaba las revueltas estudiantiles y el despertar de la moda hippy a traves de Peter Parker y sus compañeros de universidad mientras que los mutantes se erigían como una metáfora de la situación de las minorías más desfavorecidas. Ni siquiera episodios tan escabrosos de la historia norteamericana como el Watergate escaparon a su atención viéndose reflejado a través de las páginas del Capitán América.

En el Universo Ultimate esta política de trabajo se mantuvo al alza desde que el terrible atentado del 11 de Septiembre hizo que Mark Millar y Bryan Hitch rehicieran por completo sus planes para The Ultimates sirviéndose de este mastodóntico story board en torno a la reinvencion de Los Vengadores para hacer un retrato de los Estados Unidos de la jefatura de George W. Bush. Los dos volúmenes firmados por Millar y Hitch se convirtieron en un éxito imediato y desde entonces la línea los ha tenido -con más o menos acierto- como modelo de cual era el camino a seguir.

Sin embargo, las intentonas de Jeph Loeb y el propio Millar (que volvería a la carga para intentar llevar su discurso un paso más allá al frente de Ultimate Avengers) quedaron muy lejos de la sombra de sus predecesores dejando una incómoda sensación de mucho ruido y pocas nueces mientras el Universo Ultimate perdía progresívamente fuelle frente al Universo Marvel tradicional. Tuvo que ser finalmente Brian Michael Bendis (que lleva probándose como el principal valedor del Universo Ultimate desde el nacimiento de la línea) quien llegase al rescate con un contundente golpe mediático a raíz de La Muerte de Spider-Man dando pie a la penúltima reestructuración de la línea con la llegada de Jonathan Hickman y Nick Spencer a Ultimate Comics Ultimates y Ultimate Comics X-Men respectivamente. Trabajando de forma independiente pero con unos argumentos estrechamente ligados, Hickman y Spencer recuperaron parte del sabor de aquel Universo Ultimate original, bebiendo de la agitada situación social y política en la que nos encontramos actualmente para redefinir el marco de la línea editorial.

De este modo, mientras en Ultimates veíamos como Alemania era canibalizada por una deshumanizada sociedad tecnócrata que se expandía a través del continente Europeo, un grupo de aristocratas bursátiles usaban la guerra como herramienta de extorsión en sus juegos bursátiles y una nacia una nueva potencia metahumana en el corazón del continente asiático; en Ultimate X-Men Spencer minaba los cimientos de América usando a los mutantes como reflejo de un sustrato social atenazado por las subidas de la marea en los baremos del bienestar social (jóvenes, parias y todo aquel que no sea visto con buenos ojos por el inmovilista sistema reinante, básicamente) mientras un radicalismo con ínfulas de iluminación mesiánica volvía a sus ciudadanos unos contra otros sin que fueran conscientes de que estaban siendo manipulados por unos siniestros hilos arraigados en lo más profundo de la cúpula de sus dirigentes y que pretendían usarlos para unos fines poco alentadores.

El punto culminante llegaría cuando gran parte de Washington fuera destruida causando la muerte del Presidente de los Estados Unidos y la mayoría de su gabinete y la cámara de los diputados dejando el país bajo orden de ley marcial mientras que se organizaban revueltas a lo largo de los cincuenta estados y varios estados cortaban sus relaciones con el gobierno central. La situación se agravaría todavía más cuando Nuevo Mexico, Utah, Arizona y Oklahoma eran abandonadas a su suerte ante la imposibilidad de defenderlos de las huestes de Centinelas salvajes que habían ocupado los estados, y Texas declaraba su independencia llevándose con ella gran parte de los recursos del país.

Con los Ultimates y el resto de héroes lidiando con la crisis como buenamente podían, era dolorosamente claro la nación necesitaba desesperadamente un asidero al que aferrarse y que finalmente han conseguido con un giro de acontecimientos que venía rumoreándose desde hace varias semanas. Y es que en plena carrera para las campañas electorales, la línea ha decidido atreverse con una idea con la que el universo tradicional ya tanteo en tiempos de Rogern Stern, haciendo que Steve Rogers tome el mando de la nación para terminar convirtiéndose en el nuevo comandante en jefe de la nación de las barras y estrellas en unas elecciones de emergencia.

Marvel Comics lo adelantaba ayer mismo a través de The Washington Post y los medios especializados no tardaron en hacerse eco mientras los responsables ofrecían una entrevista a través de Comic Book Resources. A cargo de llevar a cabo la idea está el guionista Sam Humphries, quien ha pasado de ser conocido por apenas unos pocos a labrarse cierto renombre gracias a ser elegido como sucesor de Rick Remender en el nuevo volumen de Imposibles X-Force y esta noticia. Heredando la colección en una situación difícil de manos de Jonathan Hickman (quien abogo por él personalmente mientras ponía rumbo a hacerse cargo de la franquicia de los Vengadores no sin antes participar en la confección de la idea), Humphries habla de esta decisión como un paso lógico en la situación que estaba viviendo el Universo Marvel, usándolo como una dramatización extrema de la situación en la que América se encuentra en la actualidad.

Con la división, el miedo y la disconformidad atormentando toda la nación, era necesario buscar algo que todos sus habitantes tuvieran en común, que les uniese en el sentimiento de pertenecer a una idea mayor definiéndolos como “americanos”. Con varios grupos de interés merodeando en torno a su cuerpo todavía caliente como aves de rapiña, únicamente la intervención del heraldo de la nación de las barras y estrellas podía salvarles de las conjuras de los especuladores de mercado y los grupos radicales. Era el momento por tanto de dejar de lado los viejos miedos y limitaciones para tomar la situación por los cuernos y ofrecer algo de luz por encima de las tinieblas en lo que Axel Alonso define como una metáfora de la américa de hoy pero “con anabolizantes“.

Aunque es muy probable que muchos todavía relacionéis al personaje con la actitud conservadora que hacía gala al principio de la etapa de Mark Millar, lo cierto es que el Capitán América ha sufrido una evolución progresiva a lo largo de estos últimos años hasta el punto de abrazar una tendencia más sensibilizada con los problemas de la América de hoy (siendo dodos momentos culminantes su desencanto ante las consecuencias de la política expansionista de los Estados Unidos al final de la etapa Millar Hitch o su sentimiento de culpa por la muerte de Peter Parker). Alonso asegura que con esta decisión la editorial no está mostrando partidismo de ningún tipo sino haciendo una declaración sobre las virtudes que deberían formar parte de la oficina a la presidencia. Independientemente de si el ganador es Barack Obama o Mitt Romney, Alonso afirma que todo líder debería ser guiado por los ideales de la responsabilidad y la dignidad.

Sin embargo, las aspiraciones del Capi no siempre tienen que encajar con lo que el pueblo espera de él, lo que plantea una serie de cuestiones. ¿Qué es lo que el pueblo le debe a su presidente y que es lo que el presidente debe a su pueblo? ¿Obtendrá América lo que quiere o lo que necesita? Dudas inherentes a la acción en si misma y a las que esperan abordar con el presente arco argumental.

Humphries añade que Rogers no será un presidente como cualquiera que hayamos visto durante las últimas décadas y que lo primero que hará tras ser nombrado como presidente será ponerse al frente de la nación para liderar la carga frente a la crisis reinante (con ese sonono “América es mi Casa Blanca”, no hay que negar que el guionista sabe componer frases con ese punto entre lo cursi y lo sonoro que tanto venden para este tipo de historias). El guionista añade que habiendo vivido la crisis que su país sufrió en el segundo cuarto del siglo XX, no está dispuesto a dejarla caer. Tras los acontecimientos de La Muerte de Spider-Man, Rogers colgó su uniforme y se dedicó a vagar por américa acercándose al hombre de a pie. Ahora, viendo todo lo que su país ha vivido durante su ausencia no puede evitar sentirse responsable viéndose impulsado a tomar cartas en el asunto.

Sin embargo, Rogers nunca ha sido un político, sino un soldado, por lo que se enfrentará a las dificultades que implica esta nueva situación. El personaje tiene frente a sí un país fragmentado que se enfrenta a una crisis constitucional, de liderazgo y unidad en la que muchos de los estados que han declarado su independencia no estarán de acuerdo con su postura, desencadenando un inevitable conflicto ideológico. Tampoco faltarán las facciones fundamentalistas que quieran aprovecharse del caos en beneficio propio para imponer su propia visión de como debería ser la nación.

Entre estas facciones es especialmente reseñable la participación del enigmático Mister Morez, a quien hemos visto moviendo los hilos entre una facción y otra fomentando el conflicto en beneficio de una agenda ocualta mientras las milicas armadas toman el control de numerosas regiones y un ejército de robots Centinelas asedian el suroeste de la nación. Con relación con cierto miembro de los Ultimates, pronto descubriremos su verdadera identidad tomando una serie de decisiones que afectarán a los mutantes y al Universo Ultimate en general.

Humphries no puede concluir sin agradecer a Jonathan Hickman por toda su ayuda mientras nos narra como su predecesor le ofreció un extensísimo número de ideas dándole total libertad para que continuase con lo que le gustase y deshechase por completo lo que no. De entre todas ellas, la idea de que Rogers se convirtiera en el nuevo presidente fue la que más le llamó la atención, pero aunque al principio tuvo sus dudas, el concepto prontó se ganó al resto de los implicados de la línea incluyendo a una Axel Alonso a quien lo que le ganó por completo fue el contexto de la historia. Ahora habrá que ver si el relato está a la altura de las circunstancias y devuelve algo más de relevancia al Universo Ultimate que, a pesar de contar ya con casi trece años de vida ininterrumpida y haber perdido parte de su calado original, sigue siendo una franquicia sólida y aguerrrida dentro de la casa de la casa de las ideas. Con tendencia a dar pie a experimentos que posteriormente acaban trasladándose al universo tradicional, cabe preguntarse si dentro de algunos años veremos algo similar a esta trama en el su contrapartida original.

Fuente: The Washington Post, Comic Book Resources, Newsarama y Bleeding Cool.