Joker: Abogado del diablo

Guión: Chuck Dixon
Dibujo: Graham Nolan
Tinta: Scott Hanna
Contiene: The Joker: Devil’s Advocate
Formato: Tomo cartoné de 96 páginas
Fecha de publicación: 1996

“¡Asesinato en masa, mutilación, tortura y terror!
¡Lo he hecho todo, nena!
¡Estás ante el Einstein del crimen!”

Largo y tendido se ha hablado y documentado sobre el desmedido impacto que tuvieron en los cómics estadounidenses de los años noventa las grandes obras de finales de los años ochenta. Aquellas obras adultas, serias y trascendentes que hoy día todo aficionado al noveno arte venera en sus estanterías, intentaron ser copiadas por la maquinaria industrial y el resultado fue una escalada armamentística sin precedentes en el mundo de los superhéroes de la que hoy día casi todo el mundo reniega. Pero curiosamente, uno de los personajes que atravesó con más orgullo dicha época fue aquel que protagonizó algunas de las obras más duras que comentaba al principio, como fueron El regreso del caballero oscuro y La broma asesina. Esa entereza se la debemos, en gran parte a una persona que no sólo proporcionó a Batman, en labores de guionista, una de sus etapas más veneradas junto a Neal Adams a principios de los años setenta; sino que también en labores de editor fue alguien que mimó y protegió al personaje durante nada menos que 15 años. Hablamos, como no, de Dennis O’Neil. Pensad en todo lo vivido por Batman desde 1986 hasta el año 2000 y pensad que ahí, detrás del telón, eligiendo guionistas y dibujantes estaba O’Neil. Desde Año Uno, realizada un año después de su llegada por Frank Miller, con el que ya había colaborado en Daredevil; hasta Tierra de Nadie, donde decidió crear un excelente campo de pruebas para aportar sangre nueva a la franquicia de cara al nuevo siglo (dando especial protagonismo a un recién llegado Greg Rucka). Su etapa como máximo responsable del hombre murciélago en los despachos fue francamente notable, sin lugar a dudas.

Así, dentro de la extensa columna de aciertos de este editor, podemos destacar el fichaje de Chuck Dixon en 1991, gracias a los trabajos que había venido haciendo en Marvel Comics con el Castigador. Dixon se encargaría en primera instancia de la primera miniserie protagonizada por el nuevo Robin, Tim Drake. El éxito de la misma catapultó a la fama tanto a personaje como a guionista de tal manera que sus lazos quedarían unidos durante prácticamente una década. No sólo eso, sino que sus contribuciones al Universo Batman se ampliaron hasta límites insospechados: 100 números en Detective Comics, 100 números en Robin, 70 números en Nightwing, miniseries, anuales, one-shots y una única novela gráfica, Joker: Abogado del diablo. Las cifras son escandalosas, prácticamente ningún autor de la historia de Batman ha sido tan prolífico y existoso al mismo tiempo. Hoy día puede parecernos normal que todo personaje de Gotham tenga serie propia, pero eso no era así hace 20 años. Él lanzó la primera serie propia de Robin y la primera serie propia de Nightwing (recopilada hace unos muy acertadamente por Planeta DeAgostini). Ni Tim Drake, ni Dick Grayson ni el propio Bruce Wayne serían lo mismo sin las aportaciones que Chuck Dixon hizo a su mitología. Pero hablemos de este último, que es lo que importa. La llegada del guionista a Detective Comics se produjo como parte de unos movimientos editoriales orquestados por Dennis O’Neil y que a la larga producirían una estabilidad sin precedentes dentro de las tres colecciones principales del personaje. Tal es así, que uno puede recitar los guionistas de aquella época de la misma manera que un simpático anciano es capaz de hacerlo con la alineación de su Madrid de los años cincuenta. Esto es: Chuck Dixon en Detective Comics, Doug Moench en Batman y Alan Grant en Shadow of the Bat. Y casualmente fue Dixon el que contó con una mayor estabilidad en el apartado gráfico, siendo Graham Nolan la pareja con quién más y mejor contribuyó. Durante más de cincuenta números de Detective Comics ambos formaron un sólido equipo que no sólo trato con los villanos más icónicos de Gotham, sino que dieron vida a muchos otros, como por ejemplo Bane, Lock-Up o Gearhead. Y dentro de las muchas colaboraciones que Dixon y Nolan tuvieron con el hombre murciélago, nació en 1996 una obra sin precedentes, ya que iría encabezada por el nombre del villano, y no del héroe; algo que ni siquiera tenían las otras dos novelas gráficas a parecidas hasta esa fecha con el Joker como protagonista: La broma asesina y Arkham Asylum.

La esencia del Joker

Abogado: Oh, ¿Tan fácil es demostrar locura?. Joker: Es así de fácil.
Buen ejemplo de lo que supone cada aparición del payaso en el cómic.

En todos sus años escribiendo historias de Batman, Chuck Dixon trató siempre de transitar caminos nuevos y no recurrir a las a historias de siempre. Quizá por ello las apariciones del Joker en sus tebeos son prácticamente inexistentes. De hecho, se reducen al magnífico Detective Comics #726 (octubre 1998) y al cómic que tenemos hoy entre manos, Joker: Abogado del diablo. Y en ambas, fiel a su estilo, huyó de tópicos y situaciones manidas. Si en la primera Batman debía desarticular un plan del Joker orquestado desde Arkham Asylum, en la segunda quiso enfrentar al Príncipe Payaso a situaciones hasta entonces (y desde entonces) desconocidas para él. Y en ambos cómics, héroe y villano departen largo y tendido en la celda del segundo. Casi como viejos amigos y recordando bastante a esa rara complicidad que tan bien supo captar Alan Moore. Ya en la contraportada se nos avisa de que lo que vamos leer no es el típico enfrentamiento entre Batman y su némesis:

El Joker está a punto de ser ejecutado por un crimen que quizás no haya cometido.
Sólo Batman puede salvarlo…pero ¿debe hacerlo?

Como bien dice la primera frase del cómic “Empieza muy sencillamente”. La oficina de correos de los Estados Unidos saca a la venta una serie conmemorativa con los grandes cómicos de todas las épocas, y el Joker asalta una oficina de correos para quejarse por su no aparición en los mismos. En la primera escena Batman y Robin le atrapan y de ahí en adelante, toda la estructura de la historia se da la vuelta para contar algo original y de paso, de la manera más divertida posible. A partir de su captura, varias personas mueren envenenadas con el famoso smilex del Joker por lo que se le acusa de múltiples asesinatos. Pero la nueva ayudante del Fiscal del Distrito no está dispuesta a dejarle marchar tan fácilmente a Arkham y logra que se celebre un juicio televisado. Obviamente, entre la presión mediática y un jurado que por primera vez tiene la opción de mandarle a una cárcel de verdad, el Joker acaba condenado a morir en la silla eléctrica. Desde ese momento, Batman, que desconfía del modus operandi utilizado en el caso, luchará contra reloj para demostrar quién es el verdadero asesino, si es que no es el Joker. En el proceso, se enfrentará al Comisario Gordon, que no piensa dejar escapar la posibilidad de deshacerse de una vez por todas del genocida de la cara blanca. Todo este proceso sirve a Dixon para enfrentar al Joker a situaciones nunca antes vistas, como su juicio y su convivencia con los demás presos del corredor de la muerte. En ambos, somos testigos, de nuevo, a escenas descacharrantes con el Joker en estado de gracia.

La mítica secuencia del zapato.

Bien es cierto que quizá llevado por la falta de experiencia Dixon no aprovechó del todo el formato que se le brindaba, saltando con premura de escena a escena de la misma forma que hacía muy acertadamente en sus cómics mensuales. Pero lo que en principio puede ser sólo una pega, puede convertirse en una acertada manera de hacer que el lector siga leyendo, las escenas se desarrollan a tal velocidad que uno quiere saber cuanto antes que va a pasar en la siguiente. Y desde luego, cada aparición del Joker es tan sumamente divertida que uno está deseando pasar por alto la investigación de Batman para ver de nuevo esa cara sonriente. ¿Y no es eso el Joker? Históricamente muchos autores y guionistas de diferentes medios han escrito sobre el Joker, pero pocos han sido capaces de captar realmente la esencia del personaje. Esa esencia la tenemos en un “Feliz Navidad” mientras le vuela la cabeza a Sarah Essen-Gordon; en una frase como “¿Qué si me gusta? Me vuelve loco” en La broma asesina ; en el truco del lapicero de El caballero oscuro de Christopher Nolan y en todas y cada una de las secuencias de Joker: Abogado del Diablo. Quizá cometa o no algún crimen en este cómic, eso es algo accesorio ya que no es lo que define al personaje. Le define su descarriada y alocada personalidad, y eso lo capta a la perfección Chuck Dixon en esta obra. Ayudado como no, del trazo elegante e intensamente expresivo de Graham Nolan, que le caracterizó durante toda su etapa en el Universo Batman.

Scott Snyder, actual guionista de Batman y que en breve escribirá una historia sobre el Joker (la cual trataremos próximamente aquí en Zona Negativa), al mencionar sagas u obras protagonizadas por el villano, olvida siempre en sus entrevistas Abogado del diablo. Y no es algo reprochable solamente a él, sino a todos nosotros. ¿Por qué? Esta obra, y el resto de la etapa de Chuck Dixon, precedida por las obras de gran calado antes citadas y seguida de una etapa más adulta y seria ya no sólo del hombre murciélago sino de los cómics en general, ha quedado relegada a un segundo plano…¿y realmente lo merece?. Creo haber utilizado en alguna ocasión el adjetivo divertido, si. Entretenido, también lo usaría. Autores y lectores, todos envejecidos y curados de espanto, parecemos aceptar de buena gana doce números de una saga seria, terrorífica, introspectiva, oscura y sangrienta de Batman, pese a que sea tremendamente aburrida. Eso sí, luego rechazamos de plano un solo número autoconclusivo sin pretensiones pero mil veces más divertido. Quizá esta forma de narrar una historia asuste hoy día a más de uno… “¿un cómic divertido? No, quita, yo ahora ya no leo esas obras menores” Pero pensadlo mejor, porque quizás Joker: Abogado del diablo explore la naturaleza del Joker y su relación con el cruzado enmascarado mucho mejor que otros incontables cómics “para adultos”.