Before Watchmen – Comedian #1

Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación trata información de actualidad en Estados Unidos, por lo que puede desvelar detalles argumentales que todavía no han sido abordados en la edición española.

 

Edición original: Before Watchmen – Comedian #1.
Edición nacional/ España:.
Guión: Brian Azzarello.
Dibujo: J.G. Jones.
Entintado: J.G. Jones.
Color: Alex Sinclair.
Formato: Grapa, 32 páginas.
Precio: $3,99.

 

Cuando un lector de cómics se acerca a un tebeo cuyo encabezado comienza con “Before Watchmen”, resulta inevitable abstraerse y recuperar en nuestra mente todo el universo y la atmósfera decadente que Alan Moore y Dave Gibbons crearon a mediados de los 80. Tal vez en nuestra imaginación se habrá montado una vez más el apasionante patrón en el que el Comediante llora y muere con la última broma, Búho Nocturno es un idealista, Rorschach un paranoico obsesivo y Ozymandias se cree el mesías salvador. Sin embargo, que Before Watchmen no cuente con la aprobación de su autor conceptual hace que muchos lectores frunzan el ceño y desconfíen de lo que DC Comics tengan que ofrecer, sean quienes sean los escritores y artistas implicados. Un seguidor de Watchmen, como cualquier otro de un gran cómic, cuando lea estas precuelas seguramente estará atento a cualquier referencia a la obra original, si los protagonistas actúan en consecuencia lógica a su rol, si el tono o el mensaje del texto guardan relación con lo que nos contó Moore, o si incluso las caracterizaciones de los personajes son fieles a las de hace un par de décadas. Basta que algunas de estas premisas (o cualquier otra) falle para que un lector directamente tuerza el gesto y piense para sus adentros “Esto no es Watchmen y ni se le acerca”.

Los autores y editores de Before Watchmen saben que ahí fuera hay una legión de fieles a la obra original y los que vayan a leer esta precuela esperan no sentirse defraudados. El trabajo por tanto es doble, primero porque el proyecto no cuenta con la bendición del padre de la criatura, lo que complica la tarea y segundo, obliga a los autores a saltar un listón que de entrada está muy alto conociendo la fama de Watchmen. ¿Qué les queda entonces a los implicados? Una vez asumido el reto pueden tomar distintas direcciones y opciones, cada cual tan válida como exitosa sea su propuesta. Pero a mi como lector lo que en definitiva me interesa es que cuenten algo nuevo, que merezca la pena, que despierte mi interés en saber más y quiera seguir leyendo. Pues bien, Brian Azzarello lo logra.

Enganchar al lector. Puede que sea lo más fácil de decir, pero tal vez lo más difícil de realizar a la hora de escribir un cómic. Hay casos en los que un autor, contra todo pronóstico y con una idea brillante, hace que un lector compre al mes siguiente el segundo número de un tebeo, como le ocurrió a Kurt Busiek con Thunderbolts, por poner el primer ejemplo que me viene a la mente. Pero también hay casos en los que el título del cómic directamente ya es un reclamo y un éxito casi asegurado, como es el caso de Before Watchmen. Si de algo adolecen las entregas de Minutemen y Silk Spectre es de ofrecer un primer número con alicientes suficientes como para continuar su lectura. Puede que sus autores estén jugando con el comodín “Watchmen” para poder contar sus historias sin necesidad de ganchos en el primer número. Sin embargo, Azarello no toma esa vía sino que se vale del recurso anterior. ¿Qué cómo lo hace? Pues valiéndose de la historia. No de la trama en sí, sino de la historia americana.


Y es que este instrumento temporal es pieza fundamental en Watchmen, donde rezuma Guerra Fría en cada una de sus páginas. Los vigilantes de Moore son héroes y víctimas de su tiempo, por tanto casi resulta obligatorio que sus precuelas cuenten qué pasó durante aquellos años en los que se fraguó el conflicto que Ozymandias tan cruelmente resolvió. Lo que Azzarello hace es situar la acción en los Estados Unidos de comienzos de los 60 y poner a Eddie Blake en el centro de todo el meollo político y social del momento: los Kennedy, Marilyn Monroe, la crisis de los misiles, aunque esto no se mencione directamente, pero sí las conversaciones entre el presidente Kennedy y Nikita Jrushchov y los sucesos que acontecieron en la primera parte de aquella década. Aquí he de mencionar a J.G. Jones porque hace un buen trabajo trasladando al papel la estética del momento y las caracterizaciones de las personalidades como son JFK, sus hermanos, Jackie y el detalle de incluir al pequeño John Jr. rondando por el Despacho Oval.

El Comediante es presentado como lo que es, un tipo mujeriego con pocos escrúpulos al servicio de su país. Su historial le precede y a casi nadie se le escapa que es un hombre con un pasado violento. Sin embargo, se aprecia algo diferente en el Eddie Blake de Azzarello. El Comediante se codea con las más altas esferas de la política norteamericana, pero es una relación más estrecha de lo que uno podría esperar. Por ejemplo, hay una conversación entre (la calculadora y rencorosa) Jackie Kennedy y Eddie en la que se puede apreciar que el protagonista es más que un simple mercenario, es alguien cercano. Tal vez estemos asistiendo a la concepción del Comediante tal como lo conocimos en Watchmen y por tanto Azzarello lo que hace es contarnos quién fue Eddie Blake antes de la decadencia de los superhéroes y por qué se convirtió en un ser cruel y despiadado (más si cabe). Hay detalles, como un beso que da Eddie a la chica rubia o su conversación por teléfono con el presidente Kennedy, que ejemplifican la manera de ser de este Comediante en fase intermedia. Una propuesta así sí que le da sentido hasta el título: Before Watchmen.


La sensación que me ha dejado el cómic es que tal vez esté asistiendo ante una especie de historia a lo Forrest Gump violento en la que veremos el desarrollo de Eddie Blake junto con la América de los 60, y eso me gusta. Además, creo que Azzarello acierta con el tono que le imprime al tebeo; asistimos a los entresijos (ficticios) de uno de los momentos más convulsos de la historia americana y cómo los superhéroes toman la relevancia mundial que adquieren desde entonces. Tal vez sea éste el cómic de los tres publicados el que más se acerca a lo que podríamos denominar la “esencia Watchmen” en cuanto a cercanía con la obra original.

Por último considero que Before Watchmen: Comedian es un cómic que puede funcionar perfectamente sin tener en cuenta su trasfondo y de dónde viene. Es verdad que sin el trabajo de Moore esta obra no tendría lugar, pero si hay alguien que aún no ha leído Watchmen y lee este tebeo, posiblemente quiera seguir leyendo, sobre todo porque los interrogantes planteados en las páginas finales también ayuda a ello. Eso sí, como ya ha ocurrido en las entregas anteriores de Before Watchmen, no faltan referencias y homenajes a la obra prima. En definitiva, Brian Azzarello nos invita a disfrutar de una buena historia previa a Watchmen.

Tiempo de opinión

Como viene siendo habitual en este tipo de reseñas, a continuación tenemos un espacio dedicado a que varios de los colaboradores de Zona Negativa ofrezcan una opinión plural sobre Before Watchmen: Comedian.

Sergio Robla: “Before Watchmen: Comedian aúna a la perfección todo lo que defensores y detractores de la iniciativa esperábamos de estos cómics. Se trata de un buen cómic, sí, para mí no hay duda. Tal vez se nota a Azzarello a medio gas, no sé si por ser el primer número, por cautela a la hora de abordar el material de Moore, o simplemente porque los dibujos de Jones no tienen la expresividad a la que nos tiene acostumbrado Eduardo Risso, habitual colaborador de Azzarello y que ha logrado una perfecta simbiosis entre dibujo y guión cuando colaboran. Pero pese a esa sensación encontramos un cómic que, aunque como los otros títulos Before Watchmen, no acabamos de saber a dónde se dirige o por qué debería interesarnos exactamente, presenta un personaje suficientemente interesante como para sostenerlo todo.

Y esa es la gran baza y el gran problema de este cómic: su protagonista. El concepto no es nuevo, claro está, proviene de la obra de Alan Moore, pero es evidente que un operario como el Comediante, haciendo el trabajo sucio del gobierno estadounidense puede dar mucho de sí. Es decir, que seguro que se pueden contar muchas historias interesantes sobre él sin la necesidad de ligarlo a la trama de Watchmen.

Before Watchmen: Comedian juega con la época en la que está ambientada y emplea en primer plano personajes tan populares como los Kennedy o Marilyn Monroe, y es aquí donde el cómic mejor funciona, enfrentando a Eddie Blake a los entresijos de esta historia norteamericana ficticia.

Hasta ahí bien, pero este no es el Eddie Blake de Watchmen. El que nos presentó Alan Moore era un cabrón, sin matices, y con el tiempo solamente ganó canas y algo de sensatez, pero nunca dejó de ser ese misógino, egoísta, sádico y agresivo Comediante. Da la sensación de que Azzarello quiere convertirlo en un antihéroe (las etiquetas son algo terrible) y para ello nos muestra a un Eddie taciturno, incapaz de dirigir una sola mala palabra a una mujer que le da órdenes, y que se ve tremendamente afectado por la muerte de… ¿un amigo?

Y ese es el otro problema de este cómic, y es que contradice la idea que teníamos sobre las actividades del Comediante en los años 60, y esto implica que o bien es un retcon, ya que las cosas no sucedieron tal como se nos contaron, o bien el propósito es explicar que Eddie cargó con la culpa de algo que no había hecho.

Esperaremos a ver cómo se desarrolla la historia, pero por el momento tenemos un aceptable trabajo de Azzarello y Jones, con interesantes ideas, pero que funciona de pena al lado de Watchmen.”

Daniel Gavilán: “Pese a que de entre todos los proyectos vinculados a Before Watchmen la miniserie de El Comediante no estaba ni de lejos entre mis prioridades, su primera entrega ha resultado tener un enfoque bastante más acertado bajo mi punto de vista que los centrados en los Minutemen o Espectro de Seda. Y es que lejos de limitarse a regodearse en el recuerdo a la obra de Moore, Azzarello usa al personaje para ofrecernos una historia “hija de su padre” en la que ni él se dedica a rendirle pleitesía al bardo ni J.G. Jones en querer ser como Gibbons.

Y aunque lo cierto es que no me veía en la necesidad de saber nada más del psicópata de Blake, es de agradecer como guionista y dibujante se alejan de los tópicos para arrojar algo de humanidad al personaje sin que deje de sonar como él. Con un enfoque más cercano a JFK de Oliver Stone o Mad Men que a la propia Watchmen, cualquiera que leyese la andadura de Azzarello en 100 Balas se dará cuenta de que por mucho que ponga “Watchmen” en la portada se trata de un relato que bebe directamente de las inquietudes y lugares comunes del creador del Agente Graves y su cuadrilla.

Sin embargo, su mayor virtud acaba siendo su mayor defecto (sin entrar en si esta historia patina respecto a la continuidad de la obra original o no, que no la recuerdo tan al detalle) transmitiendo la sensación de que nos encontramos ante un Azzarello en piloto automático limitándose a moverse por un terreno cómodo pero sin la brillantez de anteriores acercamientos. Y aunque sin duda es un relato con un buen enfoque hecho con soltura y oficio, no dejo de tener la sensación de que para los canones de sus responsables (y la obra a la que pretenden emular) se trata de un producto un tanto frío e impersonal al que le faltan algunas buenas dosis de “chispa“.”