The Sandman: Un fragmento de la Eternidad

 

Edición original: 1988/1996; DC Comics y Vertigo.
Edición España: I Zinco (inconclusa); II Norma Editorial (finalizada); III Planeta (jun. 2006/–); IV Planeta (may. 2010/-).
Guión: Neil Gaiman.
Dibujo: VV.AA.
Entintado: VV.AA.
Tipografía: Todd Klein.
Portadas: Dave McKean.
Color: VV.AA.
Precio: 7 tomos a 30 € c/u (Cartoné, alrededor de 500 páginas c/u). Otras ediciones descatalogadas.

 
Breve historia editorial

A finales de la década de los ochenta, un Neil Gaiman que rozaba la treintena estaba felizmente ilusionado con cómo le marchaban las cosas. Con un amplio bagaje cultural a cuestas, había ejercido como periodista y realizado sus pinitos como escritor, pero desde que leyó un número de La Cosa del Pantano y entrevistó a Alan Moore poco después, su pasión eran los cómics. Su primera gran alegría consistió en ver publicada la novela gráfica Violent Cases, cuya ejecución gráfica corría a cargo de otro joven talento rompedor de nombre Dave McKean con el que estaba destinado a hacer grandes cosas. Un trabajo que sin duda llamó la atención de una editora de DC llamada Karen Berger, quien tras haber crecido bajo el paraguas de Paul Levitz y haberse especializado en el cómic de terror, fue la que proporcionó al equipo su primera oportunidad –en forma de miniserie– en el mercado americano. De hecho, por proporcionar hasta dejó a Gaiman escoger el personaje central para el trabajo a condición de que no fuese excesivamente conocido. Lo que no podía imaginarse la pobre Berger es que el nombre de la protagonista elegida por el bardo de Portchester a duras penas le iba a sonar (de hecho, por la fonética lo confundió con BlackHawk Kid); un nombre que estaba destinado a estar entre los cimientos de un proyecto muchísimo mayor y que es, no por casualidad, el de Orquídea Negra.

Publicada entre finales de 1988 y principios de 1989, la miniserie de tres números supuso todo un riesgo editorial del que nadie sabía muy bien cómo iban a escapar sus responsables. Pero vendió… y tanto que vendió. Nada extraordinariamente espectacular, pero tuvo exito y, sobre todo, un respaldo brutal por parte de la crítica. Así fue, básicamente, como un cómic publicado “con el mismo formato que El Regreso del Caballero Oscuro pero escrito por dos don nadies –en términos del Noveno Arte– demostró, una vez más, que había espacio en este mundo para el cómic adulto. Pero también fue así como el bueno de Gaiman decidió que “quería hacer algo con el Sandman de Simon y Kirby de los setenta”. De hecho, para Orquídea Negra había escrito una escena con el Sandman clásico y otros personajes, pero al final desechó la idea y se dio por vencido. Al menos aparentemente: en lugar de reutilizar el concepto lo reinventaría, y empezó a trabajar en un proyecto mucho más personal usando apenas los nombres originales. No con demasiada esperanza, le propuso la idea a la Berger quien, contra todo pronóstico y para desparpajo del inglés, lo llamó unas semanas después para dar luz verde al proyecto en lo términos que Gaiman deseaba: “Queremos un nuevo Sandman. Mantén el nombre. Pero el resto es todo tuyo”.

Y así, alrededor de un concepto, el guionista construyó toda una serie. Esta imagen inicial sería descrita por el autor como un hombre joven, pálido y desnudo encerrado en una celda diminuta esperando a que sus captores mueran [...] famélico, con largo pelo negro y unos ojos extraños. El atuendo del personaje quedó configurado a partir de su propio guardarropa y de los kimonos japoneses y, partiendo de esa idea, Dave McKean creó los bocetos que aprobaría Berger poco después, sugiriendo de paso como dibujante a Sam Kieth. Éste fue el primer miembro de un elenco al que se sumarían Mike Dringenberg (entintador), Robbie Busch (colorista), Dave McKean (portadista) y Todd Klein (rotulista). El equipo creativo cambiaría pronto (en el número #3, con la partida de Kieth y su sustitución por el propio Dringenberg) y cambiaría mucho más después, pero siempre se mantuvieron tanto Gaiman como un McKean que tuvo que convencer a la editora de que no era preciso que el protagonista apareciera en todas y cada una de las portadas.

Sea como fuere, y después de un debut que bordeó el año 1989 y que Gaiman calificó como “complicado”, la serie se convirtió en un absoluto bombazo. Vendía como ninguna otra de su categoría, fue la abanderada de numerosos movimientos góticos que hicieron de ella su emblema, la mitad de sus lectores eran mujeres –muchas de ellas, veinteañeras– y gran parte de su público no leía ningún otro cómic. A nivel teórico, la crítica, ni que decir tiene, se rindió a sus pies, y la colección obtuvo tres veces el Eisner a la mejor serie regular y cuatro el de mejor guionista (entre otros)… su número #19 (El sueño de una noche de verano) llegó a ganar el Word Fantasy Award en 1991 a la mejor historia corta de ficción, provocando un pequeño terremoto en el terreno de la bases del premio. Y a nivel editorial, The Sandman contribuyó en no poca media a la consolidación del sello Vertigo, embarcándose en el mismo desde DC Comics en su número #47, generando numerosas obras derivadas y conformando un imaginario ficcional que mediatizó la línea durante años. Finalmente, en 1996 Gaiman dejaría cerrada la serie en su número #75 y obtendría de DC el compromiso de no usar ni continuar al personaje principal en ningún otro cómic, siempre y cuando no lo escribiera él, claro. Para justificar el cierre, Gaiman diría: “¿Podría hacer otros cinco números de Sandman? Por supuesto. ¿Y podría mirarme al espejo felizmente? No. ¿Es la hora de parar porque haya alcanzado el final? Sí, y creo que prefiero dejarlo cuando aún estoy enamorado”. Dejarlo en lo más alto es algo que, sin duda, sólo hacen los más grandes y los que pueden permitírselo; y si bien en DC Comics pensaron que estaban matando a la gallina de los huevos de oro, la ingente cantidad de material derivado en el mercado les aseguraba una entrada de dividendos constante. He aquí una pequeña muestra del mismo:

  • La Canción de Orfeo (1991). Contiene “Sandman Especial # 1: The Song of Orfeo” USA. Dibujada por Brian Talbot.
  • Muerte: El Alto Coste de la Vida (1993). Dibujado por Chris Bachalo, Mark Buckingham y Dave McKean. Miniserie de 3 números.
  • Witchcraft (1993). Miniserie de tres números centrada las tres brujas (conocidas como las Furias, las Moiras o las Parcas: Cloto, Láquesis y Átropos) que aparecen en The Sandman. Conoció una secuela en 1998, Witchcraft: La Terreur.
  • Sandman Midnight Theatre (1995). Con guión de Neil Gaiman y Matt Wagner, y con Teddy Kristiansen ocupándose de la parte artística, esta obra autoconclusiva relata el encuentro entre Wesley Dodds (el Sandman original de DC), y Lord Morpheus.
  • Muerte: lo mejor de tu vida (1996). Dibujada por Chris Bachalo, Mark Buckingham y Jeff Jones. Miniserie de 3 números.
  • The Dreaming (1996-2001). Serie mensual de 60 números cuyo eje central son historias relacionadas con el Reino del Sueño, con Kaitlin R. Kiernan como guionista principal y con la colaboración de Dave McKean. Aunque Gaiman llegó a un acuerdo con DC para que The Sandman no conociera ningún tipo de secuela al tiempo que Los Eternos no fueran usados sin su permiso, la serie presenta ocasionalmente los cameos de algunos de ellos, incluyendo a Sueño (Morfeo y Daniel), Muerte, Destino o Deseo.
  • Sandman Dust Covers (1997). Recopilación de portadas e historia corta.
  • Sandman: Cazadores de sueños (2000). Novela gráfica escrita por Neil Gaiman y con ilustraciones a cargo de Yoshitaka Amano. A finales de 2008 fue adaptada al formato cómic por P. Craig Russell en una miniserie de cuatro entregas.
  • Dead Boy Detectives (2001). Miniserie de 4 números encuadrada dentro de los especiales The Sandman Presents, guionizada por Ed Brubaker y puesta en imágenes por Bryan Talbot y Steve Leialoha.
  • Noches Eternas (2003). Dibujadas por Glenn Fabry, Milo Manara, Miguelanxo Prado, Frank Quitely, P. Craig Russell, Bill Sienkiewicz y Barron Stoney. Recopilación de historias cortas cada una dedicada a uno de los Eternos.
  • The Sandman presenta: A las puertas de la Muerte (2004). Por Jill Thomson. Historia de Muerte en clave de manga. Ha conocido una secuela: Los detectives muertos.
  • Otros: The Sandman: Book of Dreams; Lucifer (serie regular relacionada); Destiny: A Chronicle of Deaths Foretold (en referencia al libro de Gabriel García Márquez); numerosos especiales The Sandman Presents. Si estáis interesados en conocer todos los spin-offs, sólo tenéis que seguir el enlace.

En cualquier caso, sería faltar a la realidad decir que la peripecia editorial de The Sandman acabó en 1996; allí sólo acabaron las historias mensuales del “arenero”. No sólo, como hemos dicho, por la multitud de historias derivadas y su influencia entre las que no lo eran, sino también porque la serie ha estado vigente todo este tiempo a través de diversos recopilatorios. Tradicionalmente, la así llamada Biblioteca The Sandman ha estado compuesta por diez recopilatorios disponibles tanto en rústica como en cartoné que sirvieron, durante años, para que las nuevas generaciones accedieran fácilmente a la obra. A partir de 2006, y en el mercado anglosajón, esta edición se vio desplazada por otra de lujo, con materiales restaurados y en formato Absolute (de mayor tamaño), que ofreció la serie en tan sólo cuatro volúmenes; si bien, en 2010, se han vuelto a reciclar estos materiales mejorados en una nueva Biblioteca The Sandman que sigue el orden de recopilación primigenio; un orden que exponemos en la siguiente guía de lectura (aplicable a la edición autóctona, como veremos ahora mismo).

  • Preludios y Nocturnos. Contiene The Sandman Nº 1 a 7 USA. Dibujada por Sam Kieth, Dringenberg, Malcom Jones III.
  • La Casa de Muñecas. Contiene The Sandman Nº 8 a 16 USA. Dibujada por Mike Dringenberg, Chris Bachalo, Michael Zulli y Steve Parkhouse.
  • País de Sueños. Contiene The Sandman Nº del 17 a 20 USA. Dibujada por Kelley Jones, Charles Vess y Coleen Doran.
  • Estación de Nieblas. Contiene The Sandman Nº 21 a 28 USA. Dibujada por Kelley Jones, Mike Dringerberg, Malcom Jones III, Matt Wagner, George Pratt y P. Craig Russel.
  • Un juego de ti. Contiene The Sandman Nº 32 a 37 USA. Dibujada por Bryan Talbot, Shawn Mcmanus, George Pratt, Colleen Doran.
  • Fábulas y Reflejos. Contiene The Sandman Nº 29 a 31, 38 a 40, 50 y The Sandman Special Nº 1 USA. Dibujada por Kent Williams, P. Craig Russell, Mark Buckingham, Dick Giordano, Bryan Talbot, Jill Thompson, John Watkiss, Shawn Mcmanus, Stan Woch, Duncan Eagleson y Vince Locke.
  • Vidas Breves. Contiene The Sandman Nº 41 a 49 parte del Especial “The Sandman Gallery” USA. Dibujada por Jill Thomson.
  • El Fin de los Mundos. Contiene The Sandman Nº 51 a 56 USA. Dibujado por Steve Leialoha, Bryan Talbot, John Watkiss, Michael Zulli, Shea Anton Pensa, Michael Allred, Alec Stevens y Tony Harris.
  • Las Benévolas. Contiene The Sandman Nº 57 a 69 y Vertigo Jam I USA. Dibujada por Richard Case, Charles Vess, Kevin Nowlan, Teddy Kristiansen, Dean Ormston, Marc Hempel, D’israeli y Glyn Dillon.
  • El Velatorio. Contiene The Sandman Nº 70 a 75 USA. Dibujado por Charles Vess, Jon J. Muth, Michael Zulli.

Por su parte, en el mercado español la primera editorial que introdujo The Sandman en nuestro país fue Zinco, que dejó la serie inconclusa a falta de dos arcos argumentales: Las Benévolas, y El Velatorio. Tras Zinco vendría Norma Editorial, primera casa que completó la publicación de la serie en España. Inicialmente publicada en prestigios, Norma reeditaría después toda la serie en dos formatos: rústica (cuyos números caían con cuentagotas), y cartoné en el contexto de una Biblioteca The Sandman propia cuyos ejemplares aparecieron a una velocidad mucho mayor. Sólo en el último mes que Norma ejerció los derechos de DC Comics en España se publicaron los cuatro últimos números de la Biblioteca The Sandman (y de su edición paralela en rústica), así como dos especiales dedicados a uno de los personajes más populares de la serie: su hermana Muerte (reeditados después por Planeta en 2007).

Volviendo a la serie principal, y ya en Planeta DeAgostini, la obra de Gaiman fue lanzada de nuevo a partir de junio de 2006 en un formato más popular: una serie regular mensual con dos números USA por número español que fue cancelada por bajas ventas en diciembre de 2007 (con el consiguiente disgusto de sus seguidores). Desde entonces, la serie desapareció del mercado patrio excepto por las ventas de segunda mano y las adquisiciones en librerías con buen fondo que aún tenían disponibles los tomos de Norma. Por su parte, y durante casi tres años, Planeta amagó con reeditar la colección, pero los rumores siempre quedaban en nada. Y así hasta que, finalmente, se anunció por parte de la editorial la reedición completa de la obra en siete volúmenes (uno por Eterno), incluyendo la excepcional guía de lectura The Sandman Companion y adjuntando todo lo que Gaiman escribió sobre los Eternos como complemento. Todo ello en un formato de lujo con proporciones de comic-book, realizado a partir de los materiales de la reedición americana en Absolutes (de la que toma los extras) y distribuido como sigue:

  • Tomo I: Sueño. The Sandman #1-16. Mayo 2010.
  • Tomo II: Deseo. The Sandman #17-28. Septiembre 2010.
  • Tomo III: Delirio. The Sandman #29-39, Vertigo Winter’s Edge 1 y Sandman Midnight Theatre. Octubre 2010.
  • Tomo IV: Destrucción. The Sandman #40-49, Vertigo Winter’s Edge 3, Vertigo Preview #1 y Sandman Special. Diciembre 2010.
  • Tomo V: Desesperación. The Sandman #50-56 y The Sandman: Dream Hunters (1). Enero 2011.
  • Tomo VI: Destino. The Sandman #57-69, The Sandman: Dream Hunters (2) y Vertigo Jam. Marzo 2011.
  • Tomo VII: Muerte. The Sandman #70-75 y Endless Night. Mayo 2011.

La edición del primer volumen de la colección, publicado con ocasión del Salón de Barcelona ’10, permite observar que Planeta se ha esmerado al máximo. El tomo, enormemente atractivo a la vista, posee una resistente encuadernación en cartoné y una cubierta negra, de tres piezas, con una textura porosa que imita al cuero. La imagen de libro antiguo se remata con unas sencillas letras grabadas en oro y otros motivos sin dorar, así como por nervios ornamentales en el lomo y por una guía de páginas en tela dorada. Para completar el aspecto externo de la edición, se ha optado por una original faja vertical en la trasera que oculta una llave en grabado y sin dorar. De diez. ¿Y el interior? Pues sencillamente alucinante… los contenidos apabullarían a cualquiera: índice, introducción a cargo de Paul Levitz, portadas originales que preceden cada número USA, materiales absolutes (el recoloreado se nota, ¡y de qué manera!) y, tras los dieciséis números recopilados, el acabose: no sólo los capítulos del Companion dedicados a los dos arcos que acabamos de leer sino también la propuesta original de la colección, bocetos y las introducciones (y epílogos) que escribió Gaiman para otras ediciones. Todo ello con textos introductorios explicativos.

Antes Después

Pero ahora viene lo mejor: The Sandman no es coedición. Y se nota: todos los textos han sido traducidos, retocados, maquetados con la perspectiva correcta y rotulados para adaptar todas la variaciones del original anglosajón. Si a eso se le suma una traducción correcta y ajustada –leída entera sin problemas, comparada con el inglés de forma aleatoria para esta revisión– tenemos una edición a la que, peros, sólo se le pueden poner dos (y siendo muy estricto): que la introducción de Levitz se lee regular por la combinación del color de la tipografía de la letra y el del fondo, y que la fuente escogida para Morfeo es ligeramente más redonda que la original (que tenía trazos más violentos y rectos). Pero hay que ser justos: con este Sueño Planeta no sólo ha conseguido la mejor edición que se ha hecho de The Sandman en nuestro país (e incluso fuera de él) sino, probablemente, una de las mejores que pueden hacerse y que se harán. La espera ha sido desesperante; muy desesperante… pero a juzgar por lo que he leído, ha valido mucho la pena.

Ya para terminar esta larga sección, cabe destacar que el mundo del cine siempre ha mirado a The Sandman de manera favorable, si bien los proyectos de adaptación se han visto truncados por uno u otro motivo hasta la fecha. Durante un tiempo se barajó la posibilidad de que Roger Avary dirigiese una adaptación de los dos primeros arcos argumentales (Preludios y nocturnos y La casa de muñecas) en un proyecto inspirado visualmente por el trabajo del animador Jan Švankmajer. Diferencias creativas con el productor de la cinta (el mismo Jon Peters al que Kevin Smith hiciera famoso en una de sus conferencias) llevaron a Avary a abandonar la producción, aunque la buena relación que forjó con Neil Gaiman durante su desarrollo preliminar permitió que ambos participaran después en el guión de Beowulf. A partir de ahí, la hipotética película sufrió mil y una reescrituras y a propósito de una de ellas el propio Gaiman diría que no sólo era el peor guión de The Sandman que había leído jamás, sino sencillamente el peor guión que había leído jamás. En 2007, Gaiman –que viene trabajando desde hace tiempo en la adaptación de Muerte a la gran pantalla– dijo que preferiría que no se hiciera una adaptación de The Sandman a que se hiciera una mala película de The Sandman, pero que en cualquier caso sentía que el momento para la adaptación estaba cerca, y que necesitarían a alguien con la misma obsesión por el material original que el que tuvo Peter Jackson con El Señor de los Anillos o Sam Raimi con Spiderman. ¡Suerte!

Argumento y antecedentes breves

The Sandman es, reduciendo las más de dos mil páginas de la serie a un suspiro, la crónica de las relaciones de una familia disfuncional muy particular: Los Eternos (The Endless), representaciones de los principios básicos y fundamentales del Universo que nacieron en el alba de los tiempos y que perecerán cuando el fin de la existencia se precipite. Están por encima de criaturas, de planetas, de galaxias e incluso de dioses y son siete hermanos: Destino (Destiny), Muerte (Death), Sueño (Dream), Destrucción (Destruction), Deseo (Desire), Desesperación (Despair) y Delirio (Delirium). La historia que cuenta Gaiman –una de las epopeyas literarias más sugerentes, poéticas, estimulantes y líricas de finales del siglo XX– es la historia de uno de ellos: Sueño, también conocido como Morfeo, Oneiros, Cai’Ckul o The Sandman (literalmente el arenero, por el mito nórdico acerca del ente que crea las imágenes oníricas derramando puñados de arena en los ojos de las personas dormidas).

Los Eternos

Más allá de este preámbulo, el mejor resumen que podemos hacer de la obra es el que hizo el propio autor cuando le preguntaron al respecto (famoso y repetido, pero no por ello menos oportuno e ingenioso): “El rey de los sueños comprende que uno debe cambiar o morir y entonces toma su decisión”. No seré valiente ni me atreveré aquí a hacer otra sinopsis distinta, ya que ésta es absolutamente perfecta como punto de partida para nuestro análisis.

Los Eternos

“Los Eternos son sólo patrones. Los Eternos son ideas. Los Eternos son funciones de onda. Los Eternos son motivos recursivos. Los Eternos son ecos de la oscuridad, y nada más… E incluso nuestras existencias son breves y están encadenadas. Ninguno de nosotros durará más que esta versión del Universo”. Esta descripción de los Eternos puesta en boca de Destrucción en The Sandman #48 por Neil Gaiman ejemplifica, a la perfección, lo que son los Eternos: seres que corporeizan –y son al mismo tiempo– los distintos aspectos de nuestra realidad; seres que el propio Gaiman ideó, ante su incapacidad consciente para escribir material superheroico, de forma que le resultaran familiares a los lectores habituales de cómics sin ser, en realidad, superhéroes propiamente dichos. Una especie de tour de force creativo en el que el guionista quería, además, retarse a escribir historias sobre entidades que iban más allá de lo superheroico… entidades sin debilidades; entidades todopoderosas.

Como resultado de estos pensamientos, e inspirándose en la novela El Señor de la Luz de Roger Zelazny, el británico partió de la base de tres hermanos –Death, Sleep y Destiny, éste último creado previamente por Marv Wolfman– que pronto se convertirían en Death (Muerte), Dream (Sueño) y Destiny (Destino) para pasar, con el tiempo, a constituir un panteón de siete entidades cuyos nombres comenzaban todos –en inglés– por la letra “D”. ¿Pero, quiénes son estos seres? Eso es lo que vamos a averiguar en esta sección…

Sueño. Protagonista indiscutible de toda la colección, tercero de los siete hermanos y Señor del Sueño, Lord Morfeo –sólo uno de sus muchos nombres– suele tomar la apariencia de un hombre pálido, alto, delgado y moreno, de ojos oscuros sin pupilas en los que a veces refulge la luz, y que viste con ropajes negros como la noche. A nivel emocional es taciturno, insensible, estricto y a veces hasta cruel, aunque tiene un gran sentido del deber, del honor y de la justicia. Se le conocen pocos amigos, tiene poderosos enemigos y su yelmo de batalla (y símbolo) está hecho de la calavera y la espina dorsal de un antiguo dios (semejante a una máscara de gas, lo que supone todo un guiño al Sandman de Gardner Fox). En su gestación influyeron de Oliver Sacks a Peter Murphy, pasando por El Fantasma Errante de DC o la novela The Dream Master. Una curiosidad: siempre que habla en el cómic, lo hace con una tipografía blanca sobre bocadillo de fondo negro.

Muerte. La segunda de los siete Eternos en edad y Señora de la Muerte es una encantadora muchacha pálida, delgada y morena que suele vestir de manera informal, y cuyas particularidades más reseñables son portar un Ankh de plata en todo momento y tener perfilado el ojo derecho como si del Ojo de Horus se tratase. Dulce, sensible, simpatiquísima y muy franca, es el segundo personaje con más importancia dentro de la colección y la favorita de un Gaiman que le dedicó dos espléndidas miniseries. Curiosidades: originalmente iba a ser de género masculino, y su aspecto visual es íntegramente mérito de Mike Dringenberg. En realidad, en el guión original de Gaiman debía parecerse a la estrella de rock Nico tal y como aparecía en la portada del disco Chelsea Girl, pero Dringenberg hizo de ella la viva imagen de una conocida suya de la que sólo conocemos el nombre: Cinnamon. Otra: Cada vez que piensa en usarla, Gaiman se asegura de la necesidad de su aparición pensando en el Marlon Brando de Superman y preguntándose si pagaría cuatro millones de dólares sólo por la presencia del personaje en un puñado de viñetas. No es para menos.

Deseo. Delgada, bellísima, cruel, maquiavélica y andrógina, Deseo fue concebida por Gaiman para que los hombres nos refiriésemos a ella como mujer y las mujeres creyeran que estaban ante un hombre. Así, la quinta de los siete Eternos, gemela de Desespero, funciona por regla general como la antagonista principal –aunque sutil– de la colección en base a la rivalidad que mantiene de forma unilateral con su hermano Sueño, al que no deja de hostigar emocionalmente cuando la ocasión se le presenta. Su símbolo es un corazón rosa de cristal, y precisamente por su condición de villana Gaiman señaló que en una hipótetica revisión de la historia con ella de protagonista sería su hermano el que le caería mal al lector. ¿Influencias reconocidas? Pues nada más y nada menos que dos: el trabajo de corte Art Deco de Patrick Nagel (tremendamente evidente) y la cantante Annie Lennox.

Desesperación. La Señora de la Desesperación es representada en The Sandman como si se tratara de la antigua diosa Tierra; es decir, como una mujer obesa (con formas de embarazada), desnuda y por lo general sentada. En su primera encarnación era algo más alta y lucía intrincados tatuajes, pero en su segunda forma –la que vemos durante la mayor parte de la colección– esos atributos desaparecen. A nivel psicológico es fría, callada e inteligente, y posee la manía malsana de herir su piel gris con un pequeño garfio incorporado al anillo que le sirve de símbolo. De horrible dentadura y con una tipografía a base de letras onduladas e irregulares (casi siempre), la sexta de los siete Eternos se basó gráficamente en un raro libro de fotografías en posesión de Gaiman, y su aspecto fue muy bien recibido por una Jill Thompson cansada de las formas apolíneas de los superhéroes convencionales.

Destrucción. Alto, robusto, pelirrojo y a veces con una pequeña barba, el cuarto de los Eternos era la encarnación de la mismísima Destrucción hasta que decidió rebelarse y abdicar de sus funciones. Desde entonces se dedica a vagar por la creación emprendiendo proyectos creativos y constructivos con mucha pasión y poco talento, para desgracia de unos hermanos que se refieren siempre a él como “El Pródigo” o “El Hermano” en señal de su ausencia. Como detalles significativos tenemos su símbolo –la espada–, los bocadillos con borde grueso a través de los que se expresa y su semejanza buscada con el actor Brian Blessed, conocido por hacer de Ricardo IV en la mítica serie La Víbora Negra, por su rol de Augusto en Yo, Claudio o por su papel de Príncipe Vultan en Flash Gordon.

Destino. El mayor de todos los Eternos es un hombre ciego que viste una túnica con capucha de un color que oscila entre el gris, el marrón y el púrpura. Encadenado por siempre a un Libro que nunca para de leer en sus hermosos jardines, y que contiene todas las cosas que pasaron, pasan y pasarán hasta el fin de los días –y que es, a su vez, su símbolo– suele ser parco en palabras; palabras que, cuando son pronunciadas, suelen ser metafóricas y de difícil interpretación (además de ir siempre en cursiva). Su primera aparición en el mundo del cómic data nada más y nada menos que de 1972, y sucedió en el primer número de la cabecera Weird Mystery Tales. Su propiedad intelectual, por tanto, recae en Marv Wolfman y Bernie Wrightson, y no en un Gaiman que simplemente se limitó a reutilizarlo sin apenas cambios sobre la caracterización original. Una curiosidad: posee su propia miniserie.

Delirio. La más joven de los Eternos se llamaba originalmente Placer (Delight, en inglés) hasta que un suceso traumático la convirtió en Delirio, una chica joven, de múltiple color de pelo, con mirada ausente y de comportamiento excéntrico y bipolar. Va vestida siempre con una ropa descuidada y colorista, sus apariciones suelen ir acompañadas de poperos destellos de color (que operan también a modo de símbolo), sus palabras rara vez tienen sentido (algo expresado a nivel tipográfico con fuentes variables) y su única característica permanente es el color de sus ojos: uno verde esmeralda y el otro azul grisáceo (en alternancia entre derecho e izquierdo). Para crearla, Gaiman se basó tanto en una foto inespecífica que le llamó la atención como en Kathy Acker o Tanaqui C. Weaver (una estudiante de Oxford), si bien el parecido con Tori Amos (a quien Gaiman no conoció hasta años más tarde) es más que evidente. No obstante, Gaiman admite que también hay mucho de Jill Thompson –la profesional que más la ha dibujado– e incluso de sí mismo en el personaje.

Gaiman sobre su obra

Sobre sus ambiciones: “Hice a Sandman tan viejo como el universo porque eso me daba todo el tiempo y el espacio para jugar. E hice de él la encarnación de los sueños y las historias porque eso me daba el marco para contar, virtualmente, cualquier tipo de historia”.

Sobre los libros: “Siempre llevaba libros. Mis padres me registraban antes de ir a una reunión familiar, como una boda o un bar mitzvah, porque asumían que tenía un libro por alguna parte. Y llevaban razón; generalmente pasaba el día debajo de una mesa leyendo”. “Mi gran sueño cuando tenía diez años era viajar a un universo paralelo exactamente como el nuestro, sólo que en ese otro universo nadie había escrito nunca El Señor de los Anillos. Así que yo llevaría mi copia, encontraría a alguien que la copiase manuscrita, enviaría las páginas a una editorial y entonces sería reconocido como el autor de El Señor de los Anillos sin trabajar absolutamente nada”.

Sobre los cómics: “[Volví a ilusionarme por los cómics] a través del maravilloso trabajo de Alan Moore en La Cosa del Pantano. En 1984, mientras esperaba en la estación Victoria, me fijé en un nuevo quiosco con pilas de cómics, y La Cosa del Pantano #25 [El sueño de la razón, cuyo título homenajearía en The Sandman #1, El sueño de los justos] captó mi atención. No pensé en comprarlo, pero lo leí allí parado y flipando. Y mientras lo hacía, empecé a pensar ‘esto es realmente bueno, pero no lo puede ser porque los cómics no son buenos’. Al mes siguiente estaba en la estación Victoria otra vez, y cogí La Cosa del Pantano #26, y otra vez lo leí allí parado en el quiosco, y otra vez empecé a pensar ‘está realmente bien escrito, pero no sé…’ y lo volví a dejar en su sitio. Un par de meses después volví al quiosco, pero un proceso erosivo debía de haber tenido lugar silenciosamente sobre mis barreras mentales, porque cuando vi La Cosa del Pantano #28 simplemente lo compré y lo leí en el vagón, cuidadosamente”.

Sobre las portadas: “La primera portada de The Sandman fue la más emocionante de todas. Dave sugirió las estanterías a ambos lados (algo que recuerdo vagamente que estaba inspirado en el póster cinematográfico de El vientre del arquitecto, de Peter Greenaway), y juntos asaltamos Covent Garden buscando cosas que poner en los estantes; fue allí donde Dave encontró el Reloj de Arena y el Buda y el gato negro. The Gates of Dawn [Las puertas del alba] fue publicado por Mills and Boon, famosos en todo el Imperio Británico por sus libros románticos, y Dave borró cuidadosamente sus nombres del lomo, para que la gente no se tomara The Sandman como un romance. La imagen de Sandman en la portada fue inspirada por Peter Murphy, el excantante de Bauhaus y modelo de las cintas Maxell, porque cuando el dibujante Mike Dringenberg vio los bocetos originales para el personaje dijo ‘es igualito que Peter Murphy’; y todos nos sentimos muy aliviados de que se pareciera a alguien. Las primeros ocho portadas fueron concebidas como una galería de retratos”.


Sobre la censura: “En The Sandman #64 finalmente obtuvimos permiso para usar la palabra fuck [joder]. Había incluido la palabra en algunos guiones previos pero nunca llegó a publicarse; algo desafortunado, porque solamente la ponía cuando sentía que era importante para la historia. Así que empecé una pequeña campaña diciendo ‘esto es ridículo, hay escenas en las que necesito usar este tipo de lenguaje’. Tomó su tiempo, pero al final yo y otros guionistas de Vertigo obtuvimos el derecho de usar la palabra que empieza por efe”.

Sobre la continuidad: “Cuando estaba trabajando en The Sandman, recordaba todos los números, a todas horas; viñeta por viñeta, línea por línea, palabra por palabra. También recordaba de dónde venía todo, quién era cada uno, qué historias había contado sobre cada personaje y cuáles tenía pensado contar. Almacenaba todo ese material en mi cabeza, cargado en la RAM de mi cerebro” [...] “Una de las cosas que me encanta de escribir novelas es que si estoy en la página 130 y de repente me doy cuenta de que necesitaba una pistola en el cajón de un escritorio en la página 20, puedo volver e insertar la pistola, y cuando el libro sea publicado, los lectores asumirán que esa pistola estuvo siempre en el cajón de la página 20. Pero si decido en el número #40 de una serie regular que necesito una pistola en el cajón del número 20, estoy jodido”.

Sobre el debut: “Siempre me tomé The Sandman en serio. En muchos sentidos, trabajé más duro en los primeros ocho números de la serie de lo que lo hice en los otros. Pasé cerca de seis meses escribiendo el The Sandman #1. Fue un trabajo muy, muy duro. Pero al mismo tiempo The Sandman fue inicialmente mi forma de ‘arrojar barro a las murallas’ del cómic [...] The Sandman era simplemente mi cómic mensual. E iba a hacer cualquier cosa que funcionase, e iba a pasármelo bien, e iba a experimentar. Y empecé explorando géneros. Por ejemplo, el primer número estaba diseñado a la medida de las clásicas historias de terror inglesas, como las escritas por Dennis Wheatley.

Sobre encontrar la propia voz: “Con The Sandman #6 fue la primera vez que intenté romper todas las reglas de lo que se había hecho en los cómics hasta la fecha; ir tan lejos como pudiera. En esa historia, un pequeño puñado de personas era esencialmente torturado hasta la muerte durante un período de veinticuatro horas. Un montón de lectores dijeron que dejaron de comprar The Sandman después del número #6 y que no volvieron durante años, hasta que les dijeron que era seguro [...] El número #6 fue además muy importante para mí porque fue la primera vez que me di cuenta a un nivel emocional, no sólo intelectual, de que estaba escribiendo una historia sobre historias [...] Me sentí como si estuviese tomando el papel de Colón, diciendo ‘creo que hay tierra allí, hacia el oeste. Voy a adelantarme y ver si puedo encontrar esa tierra’”.

Sobre la forma de escribir: “A veces construyo una escena tal y como el lector la ve, viñeta a viñeta. A veces escribo una conversación entera que tiene lugar en una escena, y entonces vuelvo atrás y rompo el diálogo en dibujos y viñetas. Y a veces simplemente no sé lo que va a pasar en una escena, así que primero la trabajo intuitivamente dibujando viñetas con pequeñas figuras, y entonces convierto esos bocetos iniciales en descripciones y diálogos completamente desarrollados [...] A menudo pienso en los cómics como canciones. Estás mirando su ritmo. Y una de las cosas que consigues en los cómics y que nunca consigues con la prosa –o casi nunca, ya que es mucho más difícil en la prosa– es el ritmo de una secuencia de viñetas. Las viñetas controlan la cadencia, y nos ayudan a ver cómo los sucesos ocurren en el tiempo. No sé cómo se podría hacer una cosa comparable en prosa y conseguir ese impacto”.

Análisis conceptual

Todo empieza con un fracaso… en el primer número de The Sandman observamos cómo una logia ocultista que intenta atrapar a la Muerte para vencerla, captura por error a su hermano, Sueño. Encerrado durante aproximadamente un siglo y abandonado a una introspección forzosa, logra por fin librarse y vengarse de sus captores en las postrimerías del milenio; pero durante ese tiempo, breve y ridículo para él, han ocurrido dos circunstancias fundamentales: ha tenido tiempo de pensar en los grandes errores de su existencia y, al mismo tiempo, su reino se ha desequilibrado por su ausencia, quedando totalmente devastado. Así pues, las líneas argumentales que Gaiman desarrolla a lo largo de la obra se van a centrar en tres puntos cardinales: la recuperación de su poder y la reconstrucción de su reino; el enfrentamiento del personaje con errores de su pasado y una serie de relatos breves que, bien complementan o introducen motivos para las dos primeras líneas, bien intentan desarrollar historias que permitan al lector aprehender un concepto que a todos se nos escapa, y que no es otro que la propia Eternidad.

Al primero de ellos se dedican básicamente los dos primeros arcos argumentales: si en Preludios y Nocturnos asistimos a cómo Morfeo recupera su antiguo poder, en La Casa de Muñecas nuestro protagonista debe afrontar varias de las consecuencias de su larga ausencia. La mayor parte de estos números está serializada en forma de relatos sobrenaturales (o directamente atribuibles al género del terror) y pareciera como si el concepto general de la serie no estuviera asentado. En efecto, la sombra de Clive Baker y, en menor medida, la de Stephen King planea a los largo de estos volúmenes a través de la introducción de personajes como El Dr. Destino o El Corintio. Y, al mismo tiempo, es aquí también donde vemos una introducción muy acusada de la obra de Gaiman en la continuidad del Universo DC: El Espantapájaros, John Constantine, el Sandman clásico, el citado Doctor, los Caín y Abel de The House of Mystery y The House of Secrets, etc. Diríase que el autor no había encontrado todavía el tono lírico y épico que marcaría después la obra aunque éste sí queda apuntado, especialmente en el viaje al Infierno (esa espectacular salida de Morfeo con los demonios apartándose tras habérsele recordado que todos sueñan con el cielo) y en el motor principal de La Casa de Muñecas, es decir, la búsqueda del vórtice que amenaza al Reino del Sueño. En cualquier caso, a mi juicio lo más destacable de esta “etapa” es la introducción paulatina de personajes secundarios (Nada, Muerte) que cobrarán especial importancia en futuros números.

El segundo punto del que hablábamos, el enfrentamiento del personaje con los errores del pasado y la necesidad de solucionarlos es el argumento principal de la serie: la justifica, le da sentido y sólo se explica al final de la obra. Se desarrolla básicamente en Estación de Nieblas, Vidas Breves, Las Benévolas y El Velatorio; unas tramas en las que se concentra toda la épica de The Sandman así como la relación de Sueño con sus seis hermanos, y con otras entidades cosmogónicas, como Lucifer o diversas deidades mitológicas. Porque The Sandman es una obra que resulta tan profusa en referencias como rica en planos de lectura, pero me atrevería a decir que el origen de su inmortalidad, lo que la ha hecho llegar al corazón y la mente de miles de lectores, es ese subtexto oculto que se desarrolla en estos arcos y que, en el fondo, supone lo que conecta a un ser tan distante como Morfeo con un simple mortal: el cambio; porque la esperanza no es, en realidad, sino la fe en que un cambio, por diminuto o grande que sea, es posible. Ya lo decía el propio Gaiman en la cita que hemos referido en el apartado argumental: “El rey de los sueños comprende que uno debe cambiar o morir y entonces toma su decisión”, y ése y no otro es el núcleo de una obra que abarca más de dos mil páginas. En efecto, la capacidad del trabajo del inglés para conectar con sus lectores reside en que todos –desde una entidad todopoderosa a una hormiga diminuta– cometemos errores en nuestras vidas; y que todos, no importa el errado camino al que esos mismos errores nos hayan abocado, tenemos la posibilidad de corregirlos, de enmendarnos; de superar nuestra naturaleza y nuestro pasado para aceptar y reparar, sin orgullo, los fallos cometidos. Podrá ser costoso, podrá ser doloroso, pero siempre nos es posible cambiar. Y la esa alternativa, esa decisión –cambiar o morir–, es la que se erige en epicentro de las aventuras de Sueño y, por consiguiente, de nuestra historia.

A nivel literario, la epopeya es el punto principal de estas historias y aunque en el desarrollo argumental el autor se muestra especialmente lúcido, tal vez sea en esta serie de relatos en los que evidencia más sus (pocas) carencias. Por ejemplo en Estación de Nieblas, la expectación y el temor que a lo largo de los números planea sobre la segunda visita de Sandman al Infierno se ve castrada por un final poco acorde, ciertamente original aunque tremendamente anticlimático, como es la abdicación de Lucifer como Señor del Infierno. No obstante, Gaiman sigue exhibiéndose por lo general como un excelente guionista: las relaciones se vertebran paulatinamente, dejándose entrever al lector lo justo como para causar curiosidad y desarrollarse después. Pero además, estas historias suponen un puntal esencial a la hora de afianzar en la mente del lector una idea importante: la de la Eternidad. Los Eternos y los entes con los que se relacionan existen desde los albores del Universo, de forma que Gaiman no opta por introducirnos al comienzo de los acontecimientos, sino durante su transcurso. Cuando Morfeo se reúne con Lucifer, con alguno de sus hermanos, con seres mágicos o con otras deidades, siempre hay algún comentario que nos indica que la relación viene de lejos y, además, ese pasado casi nunca es revelado. Esa forma de eludir los orígenes de los personajes y los principios de las triangulaciones potencia ese aspecto longevo de los Eternos, al tiempo que inconscientemente hace pensar al lector que la serie es sólo un fragmento en la existencia de los mismos.

Y es aquí donde el tercer punto sobre el que se estructura la serie cobra sentido: los relatos breves permiten ampliar el universo y la vida de los personajes de The Sandman, dotándolos de credibilidad, de profundidad y de lirismo. Si la historia de The Sandman hubiera estado compuesta sólo por las vertientes narrativas anteriores hubiera sido un cómic fallido ya que, al desarrollar una línea narrativa clara, la historia redundaría en mera anécdota. Pocos personajes de cómics, libros o películas se prestan a ser imaginados como seres con vida propia más allá de las páginas o el celuloide ¿Por qué? Porque casi siempre asistimos a una línea argumental absoluta que no deja espacio para más, y fuera de la cual no tienen cabida otras historias. En The Sandman, sin embargo, los relatos paralelos, las subtramas y los argumentos suponen parte esencial pues crean la ilusión de vida y continuación mediante dos recursos: contando relatos que posteriormente se descubren importantes en la trama principal (¿quién adivinaría tras leer Preludios y Nocturnos que la chica a la que Sandman niega su perdón en poco más de una página sería pieza central en un arco más adelante?) o exponiendo historias que expanden el horizonte narrativo del personaje, ampliando su desarrollo más allá de dicha trama.

Pero es que además, estas historias únicas son a menudo auténticas obras maestras. Lejos de suponer una distracción, los números contenidos en País de Sueños, Un juego de ti, Fábulas y Reflejos o El Fin de los Mundos (así como a modo de interludios en otros tomos) son de lo mejor que nos ofrece The Sandman. Piezas entrañables que ahondan en la naturaleza de los sueños (El sueño de un millar de gatos), los territorios del Reino de Morfeo (toda la saga del Cuco), las actuaciones del Arenero a lo largo de la historia (la historia relacionada con Augusto), la naturaleza de la inspiración (la relación con Shakespeare) o la que a mi gusto es la mejor de todos estos cuentos cortos: la que implica a The Sandman y a uno de sus pocos amigos, el hombre que no quería morir y que se encuentra con él siglo tras siglo. Supongo que es una obviedad decir que la historia que ganó el World Fantasy Award en 1991 –El Sueño de una Noche de Verano– se incluye precisamente en este grupo; ése grupo que, a partir de fragmentos, permite a la pequeña mente humana asomarse al abismo inabarcable de la Eternidad.

Análisis técnico I: Los guiones

La labor de Neil Gaiman como narrador en The Sandman tiene múltiples lecturas. Como constructor de una mitología propia es un creador nato, capaz de aunar la erudición y la refundación de múltiples referentes (clásicos, literarios, artísticos, mitológicos) en un todo homogéneo e integrado que supone una de las obras más notables de finales de siglo. Tan implicado está en ella que prácticamente cualquier trabajo que hubiese hecho antes o después ha se tildado de menor. De hecho, podría describirse al inglés como un guionista de una sola creación, absorbido y consumido por ella; inevitablemente marcado por un cómic que debiera haber sido el broche de oro en su carrera y que concibió demasiado pronto. Lo que más asombra de él es lo que ya fascinaba en Tolkien: la generación casi de la nada de un mundo propio, sugestivo, lírico e inmenso. Un mundo en el que el lector desea perderse y sumergirse cada vez más. Todo lo que se lea antes y todo lo que se lea después queda inevitablemente marcado por la comparación y la referencia con The Sandman. A nivel personal, por ejemplo, pocas veces he disfrutado tanto de una obra de Shakespeare como cuando vi El Sueño de una Noche de Verano en el Teatro Lope de Vega de Sevilla tras haber leído esa misma tarde País de Sueños.


Como escritor de personajes, a su vez, se muestra brillante. Es capaz de otorgarles un porte regio o una humanidad cálida; o ambas a la vez. No sólo desarrolla bien los personajes principales (complementados por esas líneas argumentales paralelas), sino que además produce secundarios entrañables con gran sensibilidad en apenas unas páginas. La mera aparición de Muerte en “El sonido de sus alas” nos hace desear más, alcanzando su popularidad tales cimas como para conocer diversos especiales; y en otro orden de cosas, el simple esbozo cínico y rebelde de Lucifer basta para un spin-off de calidad sobresaliente (a cargo de Mike Carey).

Pero a la hora de evaluar su papel como narrador, analizar su labor se me antoja algo complicado. Leí una vez que los cómics de Gaiman son excelentes para ser leídos; que parecen trabajos realizados por alguien que se definiría a sí mismo como escritor, pero no como guionista de cómics. Y suscribo parcialmente la opinión. Gaiman utiliza la narración gráfica de forma excelente y con un uso magistral de los recursos gráficos que el cómic le proporciona… aunque lo cierto es que lo hace con poca originalidad. O en otras palabras: dispone gran variedad de recursos y los usa todos de forma inteligente cuando y donde conviene, pero pocas veces resulta efectista y en contadas ocasiones se concede el privilegio de hacer algo rompedor. Es como si la innovación gráfica no le interesara especialmente. Diríase que supedita por completo la narración gráfica a su labor como literato. Es utilitarista con el apartado gráfico, como demuestra el hecho de que opte por emplear gran cantidad de dibujantes y exprimir lo mejor de cada uno de ellos para que aporten su visión sobre el personaje y su mundo. Y lo es con la narración gráfica. No le importa el aspecto de su creación (más allá de unas características icónicas generales siempre presentes), sino lo que es capaz de contar con ella; como si fuesen los distintos aspectos que Morfeo puede adoptar o las distintas formas en las que la humanidad ha concebido al Sueño a lo largo de la Historia.

Como muestra de todo ello sólo hace falta analizar el guión del número #42, en el que observamos lo concienzudo que es Gaiman a la hora de afrontar su trabajo: empieza dirigiéndose a todo el equipo creativo en un largo introito que expone los últimos acontecimientos en la serie regular y lo que se propone –argumental y conceptualmente– con el número en cuestión. Acto seguido, comienza la descripción de las páginas y viñetas detallándolas de forma exhaustiva y minuciosa, dirigiéndose directamente al dibujante y usando un llamativo imperativo. O en otras palabras: Gaiman sabe lo que quiere y lo deja totalmente claro con un estilo a la hora de escribirlo claramente deudor –y así lo atestiguan ambos– de Alan Moore, amigo y mentor del escritor.


Así pues, se podría concluir que Gaiman es un escritor (Mr. Punch, American Gods o Los Hijos de Anansi así lo constatan) que usó para la mejor de sus obras la narrativa gráfica como instrumento, sin detenerse a aportar más que su tremenda imaginación en la creación de un mundo, unos personajes y unas historias propias. Pero si me preguntan… no me quejaré. The Sandman no creo que hubiera permitido una narrativa visual que le restara protagonismo a lo que cuenta.

Análisis técnico II: Grafismo

Si tuviera que escoger dos palabras que definieran el apartado gráfico de The Sandman serían “heterogéneo e irregular”. Gaiman controla totalmente los números, es extremadamente delicado en los guiones y pronto aprende a sacar partido de las virtudes de cada dibujante para plantear soluciones narrativas adaptadas a cada uno de ellos, lo que justifica la introducción de algunos artistas para sólo un número. Sería una empresa ardua y complicada exponer y analizar aquí (tampoco creo que esté preparado para semejante tarea) cada uno de los estilos de dibujo que aparecen a lo largo de la serie: cartoon en Las Benévolas, prerrafaleismo delicado, detallado y algo estático en El Velatorio, esquemático, delineado y tendente a la desproporción en Vidas Breves, feísta y profuso en líneas en Preludios y Nocturnos o cercano al romanticismo en Estación de Nieblas. Por supuesto ni que decir tiene que estoy generalizando y simplificando, aunque en los arcos argumentales se suele observar una mayor homogeneidad estética que en los números unitarios y autoconclusivos de los que se nutren País de Sueños, Fábulas y Reflejos o El Fin de los Mundos.

Precisamente es esa variabilidad en relación con el argumento lo que me hace pensar que el gran número de dibujantes es usado para que los personajes de The Sandman, o incluso las historias contenidas en él, no queden en el imaginario colectivo del lector con una estética definida, sino como una idea que cobra distintas formas. Recordemos que todos los familiares que componen a Los Eternos son personificaciones antropomórficas de principios universales, y dotarlas con un único aspecto hubiera sido limitarlas demasiado. Por otra parte, estamos hablando de sueños y de una serie muy ambiciosa, y tanto al onirismo como a la ambición le sientan bien que una gran cantidad de artistas (algunos luego consagrados) hayan pasado por la serie. La heterogeneidad visual se presenta así como el perfecto complemento de unas historias que pretenden trascender y, sobre todo, dar una imagen de cambio a lo largo de los siglos. Tan es así que el propio personaje principal de la serie se nos presenta con muy distintos atributos, facciones, ropajes e incluso expresiones. Sólo queda de él un concepto que se define por los actos que realiza y nada más (así como unos rasgos icónicos sucintos: tez blanca, ropa oscura, ojos ensombrecidos que pueden volverse rojos, etc).

Pero, como decía al principio de este apartado, la heterogeneidad va acompañada de la irregularidad. Excepto notables excepciones (Zulli, Jones, Russell, Vess), los dibujantes de The Sandman son capaces de auténticos desmanes visuales que molestan al lector. No en vano, muchos lectores de cómics afirman que éste es un trabajo para disfrutarlo a nivel literario, dejando la mayor parte de las veces (reitero; siempre con excepciones) el dibujo como un elemento funcional que a veces llega incluso a ser molesto, desagradable o confuso.

Mención aparte merecen las portadas. El trabajo de Dave McKean como diseñador y portadista es sencillamente soberbio, y constituye además el único puntal unificador, a nivel visual, de la serie. Combinando pintura, arte digital, fotografía, tinta y dibujo, o collages, aporta un elemento surreal y onírico, abstracto y distintivo, en cada número. La imagen de portada, estática y llamativa, es sin duda el medio en el que este autor puede plasmar perfectamente sus maneras, sin preocuparse de desarrollar narratividad alguna (labor en la que ya no resulta tan efectivo, como puede observarse en Noches Eternas o Mr. Punch, trabajos más cerca de la ilustración que del cómic). Una curiosidad: en 1990 aún no había comprado un ordenador y se oponía firmemente a ellos… a lo largo de la colección cambió de parecer, pero aún así mantiene que nunca hizo nada conceptualmente con el ordenador que no estuviera haciendo ya antes. Ahí queda eso.

Valoración personal

A estas alturas, cualquiera que haya terminado la reseña sabrá que The Sandman es una obra que me encanta y me fascina. Dudo que haya sido capaz en un espacio tan pequeño (y no es irónico) de transmitir todo lo que este cómic supone para mí, o lo que pueda suponer para cualquiera de sus lectores. Personalmente la considero la obra más redonda de la Historia del Cómic, aunque puede (más bien es seguro) que no haya leído todo lo necesario como para afirmarlo con rotundidad. Sólo puedo decir que hasta el momento no he leído nada mejor.

En definitiva: imprescindible si gusta el cómic como medio. Y si gusta la literatura y el Arte en general (así, con mayúsculas), también. No creo estar capacitado para analizar nada más.

Para saber más

Página de Neil Gaiman, weblog oficial del autor y página oficial de Dave McKean. También es muy interesante la web The Annotated Sandman, con toda la serie comentada número a número. Por último, aquí tenéis un enlace directo al primer número de la serie en inglés, en formato .PDF.

Entrada en la enciclopedia Wikipedia, en inglés. Muy completa y con multitud de ramificaciones. Ideal para hacerse una idea de la obra en general y para encontrar otros links jugosos. También es muy interesante la ficha de la obra en Comic Book Database.

Reseña titulada Sandman: la materia de los sueños a cargo de Rodolfo Martínez. Amplia, extensa y brillante; de lo mejor que puede encontrarse sobre el personaje en internet y en español. Si queréis guardarla, aquí os dejo un archivo en .pdf.

Sobre Sandman, página altamente ilustrativa en la que se analiza número por número la edición mensual de Planeta hasta su cancelación. Encontraréis cada número USA analizado por separado, ofreciéndose una breve sinopsis y apuntes culturales muy desgranados. Una grata sorpresa descubrir cosas así. Desgraciadamente, su trabajo quedó abruptamente interrumpido con la cancelación en España de la serie regular mensual.

La complejidad referencial de The Sandman es tal que harían falta libros enteros para abarcarla. Afortunadamente, esos libros se han escrito, y el mejor de ellos tal vez sea The Sandman Companion, una excepcional guía de lectura a cargo de Hy Bender repleta de entrevistas, sólo disponible en el mercado americano y, por fortuna, integrada en la nueva edición de Planeta DeAgostini. En el mercado español, empero, podemos encontrar tres opciones igualmente dignas: tanto el El mapa de los sueños como Junto al Rey del Sueño o Sandman: El rey de los sueños (descatalogada pero rastreable) son excelentes aproximaciones.

Reseña de las miniseries dedicadas a Muerte para esta misma página, de la colección regular Lucifer y del The Sandman presenta: Los chicos detectives. Además, también tenéis disponibles todos los comentarios originales de esta entrada y una extensa guía de las referencias históricas manejadas en la colección.

Última actualización de este artículo: 13 de agosto de 2010