“Grindhouse”, de Tarantino/Rodríguez: ¡Cómo mola!

 

Grindhouse (EEUU 2007, ¿Acción?, 191 Minutos)
Dirección:
Robert Rodríguez, Quentin Tarantino.
Guión: Robert Rodríguez, Quentin Tarantino.
Reparto: Rose McGowan, Freddy Rodríguez, Josh Brolin, Marley Shelton, Jeff Fahey, Michael Biehn, Naveen Andrews, Quentin Tarantino, Kurt Russell, Rosario Dawson, Danny Trejo.
Música: Robert Rodríguez, Nathan Barr.

 

Valoración: Planet Terror: Death Proof: Trailers:

Resumen: Programa doble, como en los viejos tiempos. Grindhouse es un experimento/película fruto de la colaboración de dos íntimos amigos, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, simulando las películas de explotación de la violencia de los años 70. En la primera, Planet Terror, los zombies se apoderan de la Tierra. En la segunda, Death Proof, un grupo de chicas descubre los peligros de la carretera.

Crítica: Ayer se estrenó Grindhouse en USA, y claro, no podía menos que ir a verla. Salí del AMC 25 de la calle 42 con un cabreo monumental, y me precipité al ordenador en cuanto llegué a mi apartamento (paso un mes en NYC, para los que no lo sepais). El cabreo no es con lo que acabo de ver, de lo que hablaremos más adelante, sino con la distribuidora de la cinta en España, que ha decidido que en España veamos la película mutilada en dos partes: una en julio y otra en agosto. Un despropósito absoluto que no solo destruye la experiencia de una obra conjunta sino que obliga a pagar dos veces por una sola cosa. Vosotros mismos sabreis lo que tenéis que hacer. Pero bueno, a lo nuestro…

Todo, absolutamente todo en Grindhouse está cuidado hasta el último detalle. Desde los trailers de supuestos “próximos estrenos” (impagables no-películas como “Machete” o “Las mujeres-lobo de las SS”, entre otras) hasta la experiencia del “Missing reel” o rollo perdido en uno de los momentos más calientes de la película. Una auténtica declaración de amor de un fan obsesivo como Tarantino y de un colgado como Rodríguez a las películas que les formaron como creadores. La cinta va más allá del homenaje o del entretenimiento y se convierte en una pieza única en el cine: un viaje atrás en el tiempo y un desafío para estómagos delicados.

Planet Terror, la primera parte, es una locura absoluta. Los personajes no tienen ni la más mínima arista, ni falta que hace. Funcionalidad, velocidad y desprecio por las leyes de la física. Una explosión cada seis minutos. Una muerte cada 90 segundos o menos. Mujeres sexys, planos cortos, polémica y miles de chistes por centímetro de celuloide. Personalmente no me había reido tanto desde “Algo pasa con Mary”, aunque esta es una risa diferente. Mucho. La sangre y las vísceras no son normales ni siquiera para una cinta de este tipo. Los amantes de lo políticamente correcto pondrán el grito en el cielo antes del minuto tres, cuando el científico loco muestra a la cámara un tarro lleno de testículos humanos y no te digo ya como lleguen a la “violación” de Tarantino. No se puede hablar de argumento, porque por supuesto no existe. Es un slapstick sangriento, absolutamente desquiciado.

Deathproof, sin embargo, tiene un estilo absolutamente distinto. Lejos de ahondar en las explosiones imposibles, Tarantino rueda de manera hiperrealista (excepto sus pequeñas bromas de montaje) un fabuloso anuncio de la DGT. No se puede contar nada sin estropear el argumento. El bueno de Quentin vuelve a sus diálogos impecables y sus personajes perfectos, redondos… No está a la altura de la diversión de Planet Terror pero consigue algo bien diferente, también magnífico. No es normal hablar de ésto en una crítica, pero me gustaría que hubiéseis escuchado la reacción del público durante la película. Eran las 9 de la noche (muy tarde en USA), la sala estaba repleta con medio millar de adultos (tenías que ser mayor de edad para comprar la entrada). No solo las risas constantes y los aplausos. Es que mediada la proyección, la mitad de la sala se puso de pie y aplaudió a rabiar. Ya vereis por qué. En resumen, Grindhouse es IMPRESCINDIBLE. Para cualquiera que sepa lo que va a ver, claro.

O.K.: No deja títere con cabeza.

K.O.: La estupidez de que en España la partan por la mitad.