Vertigo USA: Pride of Baghdad

Tal día como hoy hace dos años, publiqué mi primer post en el por aquél entonces rudimentario blog Palabras al Aire, una sección más de Zona Negativa en la que todavía no había colaborado por haberme centrado en reseñas o artículos para otros apartados de la web.

No quiero ni contar la de posts que he hecho desde entonces, pero me alegro de que sea la reseña de esta gran obra de la que os hablo a continuación la que conmemore el segundo aniversario de mi integración en el blog que con el tiempo se convirtío en la propia ZN.
Y de paso, le dedico el post a Alberto Morán, antiguo compañero de ZN que mantuvo activo el blog en sus primeros tiempos pero que desafortunadamente tuvo que abandonar su trabajo en la web por falta de tiempo. Si nos lees, ¡un saludo Alberto!
Ahora vamos de una vez con la reseña.

Tenía muchas ganas de leer Pride of Baghdad, la novela gráfica de Brian K. Vaughan y Niko Henrichon para el sello Vértigo. Muchas más ganas que el siguiente número de Civil War o el más reciente de 52, porque la calidad del guionista responsable me hace rastrear con expectación cada una de sus nuevas obras. Además la premisa de la historia es tan intrigante como sencilla en su planteamiento: en Abril de 2003, una camada de leones hambrientos escapan del zoo de Baghdad durante el bombardeo americano a Iraq.

Es un hecho que sucedió realmente, pero que a día de hoy es una de tantas noticias olvidadas sobre la segunda Guerra de Iraq a pesar de que en su momento llamó la atención de los servicios informativos. Si estás dispuesto a recabar por tu cuenta más información al respecto, te recomiendo hacerlo después de leer el cómic, porque corres el riesgo de exponerte al final de la trama, que al igual que su inicio está tomado directamente de la realidad.

De lo que se encarga entre medio Vaughan es de trazar una hermosa fábula sobre los miedos y los anhelos del grupo de leones protagonistas. Son cuatro fieras acomodadas al seguro microuniverso de su cubil enrejado, un lugar en donde la falta de libertad queda suplida por la posibilidad de alimentarse regularmente sin preocuparse por los peligros que acechan en la caza.
Zill, el majestuoso macho adulto, espera regresar a un entorno salvaje que no tuvo la oportunidad por explorar completamente. Safa, una vieja y sabia leona, se aferra a la seguridad del zoológico porque conoce la crueldad del mundo exterior. Noor, la brava leona joven, no ve el momento de liberar del cautiverio a su hijo Ali, un cachorro lleno de vida e inexperiencia. Cada uno interpreta a su modo la puerta hacia la libertad que se abre inesperadamente ante ellos.

Sin embargo, a pesar de sus diferentes personalidades, todos ellos tienen un rasgo en común y que también está presente en el título: el orgullo.
Aunque actúen con nobleza y una moral que trasciende a lo que se debiera esperar de su condición animal, su instinto les hace orgullosos, y su orgullo luchadores, supervivientes, al menos hasta que chocan contra los actos irracionales de los humanos a los que han llegado a respetar pero no a comprender. Pero Vaughan no se limita a rasgar el orgullo leónido por la vía fácil, mediante el comportamiento humano, sino que lo quiebra sutilmente con otros acontecimientos repartidos por la historia. Algunos tan evidentes como la violación de Safa, y otros más velados como su sentimiento de desarraigo al haber sido sustituida por una leona más joven en las apetencias sexuales de Zill.

El guionista de Cleveland prescinde en estas páginas de las referencias a la cultura pop que comunmente encontramos en el resto de títulos que firma. Ese detalle y sus comentarios sobre el dilatado periodo de preparación que le ha dedicado a la obra, originalmente bautizada Lions of Baghdad, son un indicativo del empeño que le ha puesto por conseguir un resultado final impecable.

Niko Henrichon (Barnum, con Howard Chaykin) le ha dedicado todo un año a la elaboración del apartado gráfico de esta novela secuenciada, y ese largo periodo de tiempo invertido ha dado sus frutos en la soberbia representación tanto del reino animal que lleva el peso del relato como del decadente entorno que les rodea.
El aspecto de los leones bebe en gran medida de El Rey León disneyano, como atestiguan los diseños del pequeño Ali (clavado a Simba) o del malvado Bukk (igualito que Scar), pero se nota que también se ha documentado a conciencia con documentales del National Geographic y material especializado porque las poses y movimientos de los felinos, al igual que ocurre con el resto de abundante fauna presente, están asentados a la perfección en una base real.

Si El Orgullo de Baghdad es una obra maestra, eso no lo se, pero si es una obra de arte, de eso sí estoy seguro que la respuesta es una absoluta afirmación.