Joe el Bárbaro

 

Edición original: ene. 2010/mar. 2011; Vertigo (DC Comics).
Edición España: oct. 2011; Planeta DeAgostini.
Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Sean Murphy.
Entintado: Sean Murphy.
Portadas: Sean Murphy.
Color: Dave Stewart.
Rotulista: Todd Klein.
Precio: 16,95 € (Rústica, 208 págs.)

 

“Este cuento se va al
al infierno para no volver”

La extraordinaria simbiosis desarrollada entre Grant Morrison y la línea Vertigo de DC Comics ha sido una de las más fructíferas de los últimos veinte años; el afamado guionista escocés ha firmado algunos de sus mejores trabajos bajo la disciplina de este sello editorial, un importante currículum en el que destacan las series regulares escritas por Grant Morrison en sus inicios en el cómic norteamericano, Animal Man y Doom Patrol, con Chaz Truog y Richard Case colaborando respectivamente en el apartado gráfico; una de sus obras cumbre, Los Invisibles, en la que han participado una larga lista de reputados artistas del cómic mainstream estadounidense como Steve Yeowell, Jill Tomphson, Mark Buckingham, Mark Hempel, Michael Lark, Sean Philips, Ashley Wood o Brian Bolland, entre otros muchos; El Asco junto al británico Chris Weston o sus últimas aportaciones a la línea Vertigo, las miniseries We3, con los lápices de su compatriota y compañero Frank Quitely, Seaguy, ilustrada por el canadiense Cameron Stewart y Vimanarama, al lado del también británico Philip Bond.

La miniserie de ocho números Joe el Bárbaro, ilustrada impecablemente por el dibujante Sean Murphy, ha supuesto el regreso de Grant Morrison a la primera línea de fuego de Vertigo, en la que tantos éxitos ha cosechado a lo largo de su carrera; un retorno que se produce después de una temporada en la que su nombre ha estado en intima conexión con las series regulares de Batman y más recientemente siendo uno de los autores que han pasado a conformar la plantilla designada para el nuevo reinicio del Universo DC en el cual Grant Morrison lleva unos meses mostrándonos una nueva cara para el mítico Superman en la longeva cabecera Action Comics. Este nuevo proyecto, Joe el Bárbaro, responde a la obsesión por los relatos de fantasía que Grant Morrison tenía cuando era joven y devoraba con avidez libros de J.R.R. Tolkien, Alan Garner, Susan Cooper, Robert E. Howard o Michael Moorcock. Un cuento de hadas, una extravagante fábula, un relato de autosuperación y una historia de crecimiento personal, una narración en clave de fantasía épica, una superproducción ochentera; Grant Morrison y Sean Murphy consiguen mostrarnos en Joe el Bárbaro un híbrido con identidad propia y ampliamente multirreferencial, un preciosista cómic adscrito al sentido de la maravilla que sorprenderá a propios y extraños.

Sinopsis de Joe el Bárbaro

Joe Manson es un chico diabético, melancólico y poco sociable, apasionado por el dibujo y con una rata por mascota. Recientemente, Joe perdió a su padre en la guerra de Irak y ahora su madre hace todo lo posible por no perder la casa en la que han vivido toda su vida. Pero todo ello pasará a un segundo plano cuando un día, en la soledad de su hogar, Joe padezca un grave ataque hipoglucémico provocándole una serie de alucinaciones relacionadas con un universo mágico y fantástico en el cual realidad y ficción se muestran indisolubles. Mientras intenta buscar ayuda desesperadamente, ante los ojos de Joe se abrirá un mundo lleno de aventuras habitado por extraños y familiares seres que lo confundirán con un guerrero legendario llamado El Moribundo; un héroe destinado a acabar con el gobierno de terror instaurado años atrás por el poderoso Rey Muerte.

Joe el Bárbaro: Un Cuento de Hadas Postmoderno

Los cuentos de hadas de procedencia occidental eran, originariamente, historias destinadas a un público adulto, el término sería acuñado a partir de las obras de Madame d’Aulnoy, una escritora francesa del siglo XVII cuyas recopilaciones Les Contes des Fées y Contes Nouveaux ou Les Fées a la Mode tuvieron un destacado éxito en su época. Con el tiempo el cuento de hadas se convertiría en un género independiente del simple cuento tradicional y a partir del siglo XIX estos serían adaptados como literatura infantil y pedagógica purgando de ellos sus posibles referencias sexuales, limitando su uso de la violencia a lo metafórico y moralizando sus argumentos así como sus personajes y las acciones que estos llevaban a cabo en estos relatos. Podría ser que estas reinvenciones de la tradición oral sean, en parte, una de las claves de la popularidad y pervivencia de los cuentos de hadas hasta nuestros días presentes; historias sujetas a interpretaciones y reinterpretaciones, entroncadas inevitablemente con la mitología de origen grecolatino, con un nivel superficial de entendimiento y otro más simbólico y profundo, más netamente adulto, al que no resulta imposible acceder. Pero, más allá de las popularizadas adaptaciones “disneyanas” de moda en el siglo XX, las raíces del género y su influencia se trasladaron a otras artes adaptándose a las particularidades propias al medio que se hacía eco de ellas.

Cinematográficamente hablando, por ejemplo, tenemos películas tan dispares como La Noche del Cazador de Charles Laughton, una versión de “Hansel y Gretel contra el ogro” como la califica José Antonio López en su artículo Érase una vez: Los Cuentos de Hadas en el Cine en La Quinta Dimensión, Pretty Woman de Garry Marshall, nuestra Cenicienta moderna en clave de comedia romántica, o algunas más obvias, Dentro del Laberinto de Jim Henson y Eduardo Manostijeras de Tim Burton, más deudoras directas del cuento de hadas clásico del que, no obstante, en mayor o menor medida, beben todas las producciones citadas. En la literatura clásica, por otro lado, el cuento de hadas daría paso a la novela de corte fantástico, desde el relato de herencia fabulística en el que podemos catalogar La Metamorfosis de Franz Kafka, pasando por exitosos títulos de la prosa juvenil en la línea de La Historia Interminable de Michael Ende , la heptalogía de Las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis o la más reciente del Harry Potter de J. K. Rowling, y llegando hasta la epopeya épica cuyos referentes modernos hay que encontrarlos en El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien. En el cómic, en las últimas décadas, cabría mencionar el The Sandman de Neil Gaiman o las Fábulas de Bill Willingham como muestras del espíritu “renacentista” que ha intentado en los últimos tiempos recuperar la esencia de los cuentos de hadas originales para resucitarlos a nuestro mundo contemporáneo.

En este panorama debemos insertar el Joe el Bárbaro de Grant Morrison y Sean Murphy, un cuento de hadas postmoderno ligado al género de aventuras del cine de los años ochenta que representan producciones del calado de Los Goonies de Richard Donner, Una Pandilla Alucinante de Fred Dekker, la adaptación a la gran pantalla de La Historia Interminable por parte de Wolfgang Petersen, Tron de Steven Lisberger o las ya mencionadas Dentro del Laberinto Jim Henson y Eduardo Manostijeras de Tim Burton; pero filtrado por el peculiar caleidoscopio surrealista y psicodélico de su guionista que tan decisivamente ha definido su estilo a lo largo de toda su carrera. No obstante, para este su primer coqueteo directo con la fantasía, según su propia interpretación de los hechos, encontramos a un Grant Morrison más contenido y lineal de lo habitual en él, con un punto de partida o planteamiento más “mundano” de lo que se podría esperar dado el género que en Joe el Bárbaro aborda y en el cual le podría haber resultado fácil perderse. Lejos de eso el afamado autor logra enhebrar una historia en la que los tópicos y estereotipos del género sirven a la causa para construir una aventura llena de un significado y una profundidad emocional remedo de obras clásicas como Alicia en País de las Maravillas de Lewis Carroll, El maravilloso Mago de Oz de Lyman Frank Baum o el Peter Pan de James Matthew Barrie.

De esta manera, los ecos y resonancias del Joe el Bárbaro de Grant Morrison y Sean Murphy son de gran magnitud y alcance permitiendo realizar con él todo tipo de asociaciones ya que sus autores consiguen plasmar y captar de forma perfecta el tono y sentido hermenéutico de los referentes que residualmente toman como modelos. De hecho, Grant Morrison definía la presente obra como su versión resultante de la mezcla entre las ya mencionadas El Señor de los Anillos y Alicia en el País de las Maravillas; del primero su influencia argumental se puede palpar en más de una ocasión en la trama de la historia y de la segunda podemos recrearnos en la estética de la que toma parte Sean Murphy de manera esplendorosa, aunque la intención y el mensaje de Joe el Bárbaro toma prestado mucho de una tercera obra, la también mencionada La Historia Interminable, con un principio y un final plenamente deudores de su adaptación fílmica. Por otro lado, no se olvida Grant Morrison en Joe el Bárbaro de buscar un hueco al cómic de superhéroes, son habituales los guiños y homenajes a este, nada disimulados ni ocultos pues actúan muchas veces como silenciosos extras de lujo de la epopeya narrada, aunque limitados, como es normal, a la aparición de personajes franquicia de DC Comics como Superman, Batman, Lobo, Wonder Woman o incluso ese maldito bastardo de John Constantine.

El cómic como medio sirve a Grant Morrison para fusionar de manera indisoluble en Joe el Bárbaro lo en apariencia simplemente cotidiano con lo puramente fantástico, el protagonista realiza un viaje iniciático que sigue el patrón narrativo que Joseph Campbell puso sobre relieve en 1949 en su obra El Héroe de las Mil Caras, un trabajo en el cual analizaba el “viaje del héroe”, las pautas y ciclos recurrentes que se encuentran en los mitos, leyendas e historias de todas las culturas del mundo. En este caso, el relato concebido por Grant Morrison y plasmado por Sean Murphy no escapa al dictado de los llamados “doce estadios del viaje del héroe”; más bien al contrario, parece ser consciente de ellos y manejarlos con soltura mediante el uso de personajes e ideas arquetípicas en una aventura que tiene todo el sabor de un verdadero clásico. No obstante, los saltos entre realidades, la cotidiana marcada por el aislamiento, la soledad y la melancolía del protagonista; y la fantástica, un camino a la redención emocional y a su autoconocimiento; pueden romper el ritmo de la historia y hacer que el lector no llegue a conectar totalmente con la propuesta expresada. Esto es consecuencia directa del hecho que Grant Morrison propone en Joe el Bárbaro un juego de niveles, esconde algunas pistas de sus intenciones en la trama y desarrolla su cuento de hadas en función de ello hasta sus últimas consecuencias pero, aquí radica la cuestión, estos niveles nunca llegan a ser independientes el uno del otro.

Mención aparte merece el trabajo de Sean Murphy en Joe el Bárbaro, es su dibujo de trazo preciosista y abrumador el cual hace funcionar en última instancia el guión de Grant Morrison recreando esa atmósfera intrínseca al cuento de hadas o el relato fantástico que nos reconoce la cualidad del mismo para permitirnos dudar de la realidad manifiesta; de hecho, Sean Murphy logra lo increíble al hacer que el elemento cotidiano de la historia resulte igual o incluso más fantástico que la parte directamente asociada a ello en la que nos vemos rodeados por enormes ratas guerreras, pintorescos magos y piratas, máquinas y reinos imposibles con un leve toque steampunk, villanos de metafórico poder y un largo etcétera ligado a la imaginación de sus creadores. Todo esto no es baladí pues la premisa de este cuento de hadas en manos de un artista menos talentoso o dotado que Sean Murphy posiblemente podría haber hecho que esta acabase naufragando en la mediocridad o perder la fuerza que de manera subyacente, y pese a sus posibles defectos, parece atesorar Joe el Bárbaro. La contribución del veterano rotulista Todd Klein y el colorista Dave Stewart al conjunto de la obra, sabiendo preservar y realzar en todo el momento el dibujo de Sean Murphy, acaban por confirmar un apartado gráfico que sobrepasa la excelencia, una delicia visual que por sí misma es capaz de justificar el acercamiento al presente relato.

Joe el Bárbaro, la que probablemente sea la novedad Vertigo más importante del año publicada en nuestro país, es una obra que se podría catalogar de menor en la producción de Grant Morrison pero que, ocasionalmente, podrá contentar a sus seguidores incondicionales y también a algunos de sus más encontrados detractores en virtud de un relato que apela a nuestro niño interior y a la magia que la misma imaginación nos brinda a esas edades. Por ello, Joe el Bárbaro es un cómic que exige poner algo de nuestra parte como lectores, debemos dejarnos engañar y seducir por el mundo de fantasía que Sean Murphy dibuja ante nuestros ojos y en el que Grant Morrison ejerce de cuentacuentos mayor del reino; si este principio no se cumple difícilmente la historia tendrá el mismo efecto o dejará la misma huella en nosotros. No obstante, en el peor de los casos, siempre quedará un espectacular retablo y una aventura entretenida y divertida para todos los públicos que hará especialmente las delicias de los amantes de este tipo de historias. En la actual situación de la línea Vertigo, Joe el Bárbaro se descubre como una pequeña joya a rescatar, una reivindicación de la fantasía forjada con oficio y estilo por Grant Morrison y Sean Murphy pero, sobre todo, con mucho corazón.

Enlaces recomendados

  Ficha de la obra en Comic Book Database y entrada en la Wikipedia anglosajona. De postre, todas las entradas relativas a Joe el Bárbaro en el blog oficial de la línea Vertigo y análisis en Zona Negativa a propósito de la publicación en Estados Unidos del primer número de la maxiserie.

  Webs oficiales de Grant Morrison y Sean Murphy. Además, entrevistas a Grant Morrison a propósito del cómic en Comic Book Resources e IGN y conversaciones con Sean Murphy sobre el tebeo en Newsarama y CBR.

Reseñas en Zona Negativa de Animal Man, Doom Patrol, Kid Eternity, Sebastian O, El misterio religioso, Los Invisibles, Mata a tu novio, Flex Mentallo, El Asco, Seaguy, We3 y Vimanarama.

Última actualización de este artículo: 14 de diciembre de 2011