Tiempo de héroes

 


Edición original: julio-octubre-2010 – Marvel Comics
Edición España: febrero 2011 – Panini Comics
Guión: Kurt Busiek, Rick Remender, Paul Cornell, Dan Slott, Brian Reed, Kelly Sue DeConnick, Kevin Grevioux, Fred Van Lente, Jonathan Maberry, Elliot Kalan, Joe Casey
Dibujo: Marko Djurdjevic, Chris Samme, Leonard Kirk, Ty Templeton, Chard Hardin, Brad Walker, M. C. Wyman, Jefte Palo, Shawn Moll, Brendan McCarthy, Nathan Fox
Entintado: Victor Olazaba, Walden Wong
Color: Jelena Djurdjevic, Matthew Wilson, Paul Mounts, Jorge Maese, Chris Sotomayor, Jerome Cox, Jay Davis Ramos, John Rauch, Jean-Francois Beaulier, Edgar Delgado, Jose Villarrubia
Portada: S. D.
Precio: 8,95 € (Tomo recopilatorio en tapa blanda)

 

De un tiempo a esta parte, pongamos los últimos quince años, cada vez que hay un relanzamiento general en forma de “nueva era”, es normal encontrarse con algún tipo de número único, maxiserie o miniserie donde se cumple la doble función de presentación de cara al público y de publicidad de nuevos personajes, nuevos equipos creativos y / o nuevas series. En el caso de La edad heroica, la función la cumple una serie limitada de cuatro números que Panini ha recopilado en un único tomo y que responde a Tiempo de héroes.

La serie es una recopilación de historias cortas de extensión diversa (algunas no tienen más que una página) en las que se combinan todo tipo de tonos y estilos. Así, en el primer número tenemos la visión que tiene J. J. Jameson del “regreso” de los héroes, de la mano de un guionista con sobrada experiencia en este tipo de historias, Kurt Busiek. A continuación, Rick Remender y Chris Samme cuentan los infructuosos intentos del Doctor Vudú de tener una vida normal, ahora que es el nuevo hechicero supremo. Después, Paul Cornell y Leonard Kirk se reencuentran con el Capitán Britania y el MI:13 y por último, Dan Slott y Ty Templeton le hacen la puñeta a Spider-Man. Los tres números restantes repiten la jugada con personajes como Pantera Negra, Guantelete, Gravedad, el Supervisor o la Chica Ardilla entre otros, dándose cita desde autores poco conocidos en los pagos superheroicos (como Kelly Sue DeConnick o Elliot Kalan, por citar dos ejemplos) con otros más populares (como Joe Casey o un retornado M. C. Wyman). El resultado es un variopinto elenco de historias con los inevitables altibajos.

La recopilación funciona bastante bien como carta de presentación de La edad heroica, aunque en general no se profundice demasiado en personajes ni en conceptos. Pese a ello hay espacio para que algunos personajes expresen su visión de lo que supone el nuevo orden comandado por Steve Rogers. Jameson vuelve a expresar su animadversión tradicional por los superhéroes y lo hace de la mano de Kurt Busiek, el guionista de Las historias jamás contadas de Spider-Man, colección en la que también trató con el personaje y en la que también aportó su explicación a la hostilidad que el editor periodístico mantiene para con los empijamados en general y para con el trepamuros en particular. Sin embargo, el viejo J. J. es ahora un político y don Kurt lo retrata con el oportunismo habitual que caracteriza a los profesionales de ese medio. Sean McKeever presenta a través del personaje de Gravedad, una reflexión en torno al valor de una sola persona en un mundo donde los justicieros abundan como setas y tienen ahora a la cabeza al más reverenciado de todos. Por su parte, Dan Slott tiene ocasión de moverse entre el humor absurdo (reencontrándose con la Chica Ardilla), la presentación de su nueva función como escritor único de las andanzas del lanzarredes azulgrana y el recordatorio de que no todo poder lleva necesariamente aparejada la responsabilidad de ir desfaciendo entuertos con licencia, como queda patente en la última de las historias.

En lo que se refiere a presentación en sociedad de autores menos conocidos en esto del pijameo, merecen especial atención los guionistas Kelly Sue DeConnick y Elliot Kalan. La primera despacha una divertida historia en la que Sharon Carter, Victoria Hand y Maria Hill tienen que reunirse para coordinar sus respectivas funciones como enlaces de los tres equipos de Vengadores. El segundo trabaja en torno al Capitán América como ídolo religioso de una comunidad esquimal (una de esas ideas sesenteras que, vistas con la perspectiva actual, resultan no ya políticamente incorrectas, sino un tanto estúpidas).

En el apartado “no tan positivo” habría que hablar de la historia del Doctor Vudú, divertida pero ya desfasada, a la vista de las noticias que han llegado desde Estados Unidos en torno al personaje y su colección y al hecho de que bien podría haber sido protagonizada –y de hecho lo ha sido en el pasado innumerables veces- por el atribulado Peter Parker. Pese a todas las pegas, resulta más entretenida que las previsibles y tópicas andanzas del Hijo de América, Prodigio Azul o Pantera Negra. Si se compara con otras como la de Nube 9 o como la de Guantelete, queda claro que a veces menos es más y que a veces la cantidad va en desmedro de la calidad.

Mención especial merece la reunión entre Paul Cornell, Leonard Kirk y los personajes de la difunta serie Capitán Britania y el MI:13. Dos páginas para crear un nexo entre el equipo del Reino Unido y los Vengadores y para añorar una colección que mereció mejor suerte en el mercado. Historias como ésta y un puñado más hacen que, en conjunto, la valoración del tomo sea positiva, aunque en honor a la verdad también sea una adquisición perfectamente prescindible.